Cubainformación entrevista a Pablo Iglesias en 2013


Por: La Joven Cuba

Pablo Iglesias es la persona que en España representa a una nueva formación política. Se trata de Podemos. Ese nuevo partido político, totalmente opuesto a los partidos políticos tradicionales, surge del movimiento de gente indignada que sale a la calle el 15M de 2011.  Se inscribe como formación política el pasado 11 de marzo 2014 y sorprendentemente dos meses después, obtiene el 7,96% de los votos en las elecciones al Parlamento Europeo, siendo la cuarta fuerza a nivel estatal, a poca distancia de la tercera que es la Izquierda Plural. Obtiene cinco escaños en Europa frente a los seis de IP, los 14 de PSOE y los 16 de PP.  Ahora mismo, Podemos en las encuestas demoscópicas de intención de voto, valoración de líderes, etc, aparece en primer lugar.

LJC presenta una entrevista que Cubainformación, realiza a Pablo Iglesias en junio 2013, en la cual, el profesor en ciencias políticas y actualmente eurodiputado, habla de Cuba.

 

Cubainformación TV entrevista en exclusiva al conductor de “Fort Apache” (Hispan TV) y “La Tuerka” (TeleK y Canal 33) y profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid. Producción de video: Juan Carlos Verguizas y Andoni Iturbe. Fotos: Juan Carlos Verguizas.

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– Hace un tiempo, presentabas así un debate sobre el presente de la Revolución cubana: “Hoy tendremos el debate sobre Cuba que ustedes no verán en otras televisiones”. ¿Por qué es tan difícil ver un debate sobre Cuba de estas características en los grandes canales?

– En “Fort Apache” habíamos hablado de Venezuela, de Ecuador, de Bolivia, y sin embargo no habíamos hablado de Cuba. No queríamos repetir formatos que habíamos visto en Televisión española, por ejemplo, a Willy Toledo y Willy Meyer frente a un montón de gente de derecha, teniendo que defender Cuba ante ataques impresentables. Pensábamos que eso empobrecía.

Cuba no forma parte de la última ola de procesos políticos transformadores en América Latina, es un proceso que ha transitado por el contexto de la Guerra fría, y queríamos un debate desde la izquierda, que pudiera ser crítico y al mismo tiempo valioso para entender lo que significa aún la Revolución cubana. Queríamos diseñar un programa con gente que conoce Cuba, gente favorable a la Revolución cubana, y también incluir al centro–izquierda español, el PSOE, que siempre han tenido una relación muy ambigua con Cuba. Y, al mismo tiempo, que desde la izquierda se pudieran analizar las complejidades del contexto cubano, marcado por el bloqueo y una situación de guerra.

Debemos tener en cuenta que la Revolución cubana marcó muchas cosas en el contexto de la Guerra fría. Marcó por ejemplo el inicio o la recuperación de la lucha armada como estrategia política de acceso al poder, que después terminó fracasando en el continente.

La caída del Muro de Berlín fue dramática para Cuba, desembocando en el conocido Período especial. Sin embargo, paralelamente, en el resto de la región las bases materiales del neoliberalismo se venían abajo y, por la vía electoral, a partir de Hugo Chávez llegan al gobierno fuerzas de izquierdas, en un contexto completamente diferente al del triunfo revolucionario en Cuba. Por eso nos parecía que Cuba requería un planteamiento del debate completamente distinto a como lo habíamos hecho sobre otros países latinoamericanos. Y, por supuesto, que se alejara de la forma en la que se suelen plantear en los medios de comunicación convencionales.

– Has dicho que, desde la izquierda, se debe interactuar en el medio televisivo, tú de hecho lo haces a diario. Y que no queda más remedio que aceptar ciertas reglas marcadas por el sistema mediático. ¿Cuáles serían estas reglas que hay que aceptar y de qué manera?

– Ellos han inventado el estilo y los formatos. Es como cuando una organización política socialista se plantea participar en un sistema electoral neoliberal: aceptas que el poder no está repartido de manera justa, que hay unos que controlan los medios de comunicación, que los grandes poderes económicos controlan buena parte de la institucionalidad, que hay un montón de contradicciones y desigualdades que afectan a los procedimientos de intervención política. Pero asumes esas reglas para lograr objetivos políticos, para después cambiar cosas desde dentro.

En el caso de los medios de comunicación, por desgracia no marcamos las reglas del juego. La gente forma sus opiniones, fundamentalmente, a través de lo que ve y escucha en la televisión, más incluso que a través de lo que lee en la prensa o escucha en la radio. Y en la televisión nos han marcado cómo se dicen las cosas, cuáles deben ser los ritmos. Esto es básico de cara a la gente más joven, que está mucho más influida por la cultura audiovisual que las generaciones precedentes. En conclusión: o asumimos, con nuestro propio estilo y nuestros propios contenidos, jugar a hacer televisión con ciertos códigos, o no tenemos nada que hacer en la batalla política, en la batalla de las ideas.

– En tus charlas, hablas sobre determinadas medidas económicas de algunos gobiernos de izquierda de América Latina que incluso pudieran ser adoptadas en países del Sur de Europa. ¿Cuáles serían?

– Creo que en Europa del Sur se está viviendo una latinoamericanización. Las consecuencias de las políticas neoliberales están implicando niveles de empobrecimiento general y de emergencia social que permite, en el caso del Estado español o Grecia, hablar de una crisis de régimen, en la que los elementos sustentantes de ese régimen político están en crisis. El sistema de partidos turnantes, la institución monárquica, un modelo de desarrollo económico fundamentado en pelotazos urbanísticos y burbujas inmobiliarias, la corrupción como paradigma de gobierno, está socavando las bases materiales del régimen político. Y hay que pensar qué podemos hacer en un marco de correlación de fuerzas muy concreto.

La experiencia más interesante en los últimos 15 años es la de los gobiernos de izquierdas o gobiernos patriotas latinoamericanos que, sin cuestionar ciertas reglas de la economía de mercado, aunque planteando un horizonte socialista, han demostrado que puede haber una gestión postneoliberal de la crisis. ¿Medidas clave? La auditoría de la deuda, como hicieron en Ecuador, que sirvió para reducirla a un tercio y aumentar la capacidad de inversión pública para redistribuir y mejorar los niveles de vida de la población; la recuperación de los sectores estratégicos, el Estado no puede desempoderarse privatizando empresas públicas rentables en el transporte, las telecomunicaciones o la energía; o la reindustrialización del país.

Eso implica una recuperación de la industria y, al mismo tiempo, apostar por los sectores estratégicos de innovación. Además, un proceso constituyente que establezca unas nuevas bases jurídicas de convivencia, en el que elementos como la propiedad privada tengan que estar definitivamente subordinados al interés social. Todo este programa de reformas se verifica como posible y viable si vemos lo que ha pasado en América Latina, con resultados espectaculares. Venezuela se ha convertido en el país que más ha reducido la desigualdad. Ecuador ha logrado reducir claramente la tasa de desempleo, está recuperando a sus cerebros en el exterior y, además, ha acabado con la presencia militar norteamericana en su territorio. Ecuador es un país que ha confirmado que hacer caso a las instituciones de gestión global, el FMI o el BM, lleva al desastre de los pueblos.

Abrir el proceso a una apertura constituyente puede ser una alternativa para los pueblos del Sur de Europa, en un momento en el que Europa ha dejado de identificarse con la prosperidad y un futuro de grandes expectativas, y se ha convertido en un clob de hombres de negro que obligan a los gobiernos a ceder su soberanía para aplicar medidas de ajuste que, a su vez, conllevan enormes niveles de sufrimiento social. En el Estado español, una de cada cinco personas es pobre incluso trabajando. Eso requiere de una izquierda que sea capaz de plantearse como alternativa de gobierno con propuestas concretas y específicas, y ahí el punto de referencia puede ser América Latina.

– Volvemos a las tertulias que diriges. En algunas incluso invitas a políticos de la derecha, es decir, quienes generalmente ocupan esas tertulias en los grandes medios de comunicación. Hay quien te critica porque afirma que esto significa dejarles parte del poco espacio que queda en los medios alternativos.

– Si les invitamos es porque creemos que nuestras ideas, proyecto y discurso son ganadores. Algunos debates tienen sentido plantearlos en clave interna, de reflexión, entre gente que opinamos parecido. Pero los debates sociales fundamentales adquieren sentido y se expresan desde la confrontación. No solamente es que, dado que estamos convencidos de que tenemos razón, no tenemos ningún miedo al debate. Nosotros no planteamos un modelo como el de Intereconomía o 13 TV donde, cuando me invitan a mí, es una especie de cacería inglesa y todos los perros van a por el zorro. Nos gusta un esquema en el que se deja hablar a todo el mundo, porque estamos convencidos de tener razón. Tenemos argumentos para demostrar que son más razonables las cosas que nosotros decimos. Y nos parece absolutamente esencial construir discurso confrontando el discurso hegemónico, el valor de nuestros argumentos en buena parte de los casos, se rebela, cuando confrontamos con los principales emisores de los discursos dominantes. Por eso, si les invitamos es porque no sólo queremos demostrar que no tenemos miedo a discutir con nadie, sino porque creemos que este debate refuerza nuestro mensaje.

– ¿Qué sería más importante para para democratizar la información, potenciar desde las políticas públicas los medios públicos, o los medios comunitarios?

– Creo que es clave que la gente entienda que la comunicación es un derecho, y que si la comunicación es un derecho, no es susceptible de ser mercantilizado, de ser privatizado. El mayor ataque contra la libertad de expresión es que haya medios de comunicación que sean propiedad privada y respondan a los intereses privados, corporativos, propiedad de multimillonarios. A partir de ahí, la política de un gobierno democrático o las propuestas de los movimientos sociales para democratizar la información tienen que caminar en varias direcciones. Claro que el Estado, en tanto que representante de la ciudadanía, tiene que tomar el control y regular el marco jurídico del derecho a la información, que es un derecho público. Pero eso tiene que ser compatible con formas de democratización desde la base. que impliquen que los medios comunitarios puedan operar, es decir, deben ser compatibles estructuras públicas institucionales y organizaciones de la sociedad civil que puedan gestionar directamente medios de comunicación, como expresión de la voz de las asociaciones de barrio, sindicatos, organizaciones estudiantiles, etc. Pero eso implica hacer desaparecer a los mercaderes de los medios de la comunicación. La libertad de expresión será libertad de expresión cuando los medios de comunicación realmente respondan a intereses públicos.

– Volviendo al programa sobre el futuro de la Revolución cubana, tu lo presentabas así: “la Revolución cubana hoy necesita reinventarse”. ¿Qué querías decir?

– La Revolución cubana es consecuencia de un contexto geopolítico muy específico, que se enmarca en lo que Eric Hobsbawm llamaba “el breve siglo XX”, que se abre con la Revolución rusa y se cierra con la caída del Muro de Berlín. Esas son las condiciones, las posibilidades históricas de la Revolución cubana a su triunfo. La Revolución cubana no puede elegir, es un movimiento patriota que toma la opción de vincularse al bloque soviético, y eso condiciona la historia de Cuba. Condiciona su situación militar excepcional, la de un país que sufre la presión continua de EEUU mediante el bloqueo económico, y al mismo tiempo depende en buena medida de su vinculación con la Unión Soviética y con el bloque socialista.

Todo esto, de alguna forma, salta por los aires con la caída del Muro de Berlín, aunque el bloqueo y la presión de EEUU siguen existiendo. Pero sitúa a la Revolución en una encrucijada histórica, que posiblemente la hace menos “erótica” para el conjunto de la izquierda mundial en los años 90 y en la primera década del 2000 que lo que fue en los años 60, 70 y 80. Lo que implica que la Revolución tiene que reinventarse, porque las condiciones actuales ya no son las mismas de finales de los años 50. Cuba se enfrenta a muchísimos desafíos, en lo económico, en lo político, en sus relaciones internacionales. Para que siga siendo una referencia de emancipación, una referencia para toda América Latina y para la izquierda mundial, seguramente hay cosas que deberán cambiar. Esto no lo planteo como una crítica eurocéntrica –porque es fácil decirle a los cubanos, desde Europa: “Uds. deben cambiar para gustarnos más a nosotros”–, sino desde el apoyo y la preocupación que la izquierda tiene por que los países como Cuba, que han sido una referencia para todos nosotros, sigan siéndolo en el futuro.

Entrevista: José MANZANEDA
Transcripción/redacción: Tesi HABA