Vamos, ¿pero vamos bien?

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Por Gabriel Torres Rodríguez (gtorresrodriguez@gmail.com)

Este joven periodista viaja a diario desde Bermejas, Unión de Reyes, hasta la ciudad de Matanzas. En uno de esos trayectos, tuvimos el placer de coincidir una colega y yo con tres doctoras recién graduadas, un abogado y un oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Gracias a esa fortuna que tenemos los cubanos de ser extrovertidos, el debate no se hizo esperar. Opiniones diversas, encontradas, peliagudas, dieron el norte a este comentario.

Primero: creo que resulta ineludible para el futuro de la Isla la actualización del modelo económico. En un escenario mundial cada día más diverso y desigual y bajo las constantes limitantes que causa el bloqueo, urge transformar nuestra matriz productiva, crear nuevas fórmulas y mecanismos.

Segundo: como bien se plantea en los Lineamientos, es necesario el desarrollo de las formas de gestión no estatal para “lograr una mayor liberación de las fuerzas productivas, incrementar los niveles de producción y elevar el nivel de vida de la población”.

También se dice que no se permitirá la concentración de la propiedad ni el enriquecimiento ilícito. Entiendo que resulta beneficioso, porque por una parte, libera al Estado de responsabilidades y cargas económicas que dificultan el desarrollo y, por otro, propicia que los cubanos seamos capaces de mejorar la producción y la prestación de servicios.
Pero, ¿hasta qué punto estamos viendo resultados tangibles de estas medidas? ¿Cómo no quedar desprotegidos ante la actitud de los que, amparados en dichas resoluciones, abusan de su poder? ¿De qué forma el Estado controla, y asegura, que el pueblo se vea satisfecho con los nuevos productos y servicios? ¿Cuánta es la capacidad de los cuentapropistas para definir hasta dónde llegan las posibilidades de la llamada oferta-demanda?

Muchos servicios en Matanzas han adoptado a “los particulares” como protagonistas. Transporte; gastronomía; servicios de barbería y peluquería; venta de artículos industriales, ropa, y zapatos son los más destacados. Allí, en una verdadera imagen de poder económico, se suben y bajan precios obviando de manera desvergonzada al consumidor promedio, a aquellos que sobreviven con su salario y no se pueden permitir un pelado a 25 pesos, un camión diario hacia Jovellanos desembolsando 15; o un pan con croqueta y un jugo a cinco.

Entre las muchas preguntas de aquel día, algunas quedaron sin respuestas. ¿De dónde proviene el combustible y las piezas de repuesto que sostienen esa miríada de camionetas y máquinas que prestan servicios intermunicipales? ¿Dónde se compran las toneladas de pan, queso, huevos, galletas, arroz, frijoles, frutas y otros productos que día a día se sirven en bares, cafeterías y paladares por cuenta propia, si la provincia no tiene un mercado mayorista para ello? ¿Cómo evitar que los acaparadores de productos industriales los revendan a los matanceros a precios exorbitantes?

Una de las opiniones empleadas en aquel debate versaba sobre la capacidad que poseen el Estado cubano, sus instituciones y las personas encargadas, para proteger a los ciudadanos ante abusos de esa índole. Estos deben propiciar alternativas y velar porque primen la disciplina, la justicia, el orden y la exigencia.

Ejemplo: nadie puede decir que la demanda de transportación hacia los municipios de Unión de Reyes o Martí es baja, menos ahora, que han desaparecido parte de sus rutas estatales. Entonces, ¿bajo qué extraterrestre ley de “oferta-demanda” se rigen los mencionados para mantener elevados los precios, e incluso, aumentarlos a altas horas del día, cuando, irónicamente, crece la cantidad de personas necesitadas?

La solución a tal disyuntiva no puede ser que desaparezcan estos servicios, ni que en su gestión acarreen sus propietarios pérdidas o gastos, pero las in satisfacciones existentes dictan que hay que perfeccionar las estrategias para beneficiar a unos y fiscalizar a otros.

Todos somos importantes para la construcción de una nación próspera y sostenible. El camino socialista de Cuba nunca ha estado adornado de rosas –bien lo sabemos nosotros– y la sociedad cubana precisa debatir, participar y resolver sus contradicciones para marchar bien, por el buen derrotero. De esta forma, quizás cuando nos volvamos a encontrar en la atestada guagua, mis amigos y yo solo discutamos de la actuación de los Cocodrilos y las polémicas decisiones de Víctor Mesa.

Tomado de http://www.giron.co.cu/