Disfrutemos del talento de los nuestros


Por: Alvaro Alvarez Vergara (alvaro11592@gmail.com)
En medio del jolgorio por el comienzo de la 54 Serie Nacional de Béisbol, los campeonatos mundiales de voleibol pasaron sin glorias pero con muchas penas para el deporte cubano. No sé dónde está la vergüenza, si en la pobre actuación de nuestros equipos o en la poca atención otorgada por la prensa.

Ciertamente, es vergonzoso que el país de la mejor voleibolista y el mejor entrenador femenino del siglo XX, haya terminado en el lugar once entre los hombres y, peor aun, sin un solo punto en la rama femenina.
Las causas de esta debacle pudieran ser innumerables, pero nos referiremos a una esencial: el éxodo masivo de las principales figuras del voleibol cubano actual hacia otros países.

La primera interrogante que salta a la vista es, ¿cuáles son las causas de la “escapada” masiva de nuestros(as) voleibolistas? (aunque en otros deportes también se da este fenómeno). Sin dudas, la atracción económica es una de ellas, otra pudiera ser la necesidad de jugar constantemente en el máximo nivel, pero, ¿será que los directivos cubanos están propiciando esta emigración?

Sin dudas, un país como Cuba no puede competir contra el poder otorgado por “don dinero”. A pesar de las reformas adoptadas para la remuneración de atletas y entrenadores, aun son incomparables con los contratos multimillonarios de José Dariel Abreu o Rusney Castillo en la Major League Baseball (MLB) o las cuantiosas ganancias de Osmany Juantorena, Roberlandy Simón, Rosir Calderón entre otras figuras, en las ligas europeas de volley. ¿Acaso es pecado ideológico que una persona desee superarse profesionalmente y aspire a prosperar económicamente? Sinceramente, no considero eso una imperfección sino una cualidad en un ser humano.

La lógica del mundo deportivo, lamentablemente, marcha por los senderos del mercantilismo. Cada día se mueve más dinero y Cuba debe saber insertarse en este escenario tan complejo para nuestra ideología. No podemos renunciar a los valores que han enaltecido al deporte en esta Isla, ni a la formación de talentos, pero tampoco nadar contracorriente es beneficioso para ninguna de las partes.

En el sector artístico, se han “perdonado” los “pecados” de figuras como Isaac Delgado, Reinaldo Miravalles, Bony y Kelly y hasta el mítico Pablo Milanés, entonces por qué impedir que Roberlandy Simón, Osmany Juantorena, Wilfredo León, Raidel Hierrezuelo, Michael Sánchez, Fernando Hernández, Rosir Calderón, Kenia Carcasés, Nancy Carrillo, Yaima Ortiz, Liana Mesa integren las selecciones nacionales y así privarnos de tener dos equipos de primer nivel mundial.

El Estado cubano realiza un enorme esfuerzo para mantener las instalaciones deportivas, conjuntamente con los gastos en la formación, preparación y competencias internacionales. Para el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) sería buen negocio gestionar los contratos de los atletas cubanos que deseen desarrollarse en el exterior. Con solo el 5% de cada emolumento, el organismo rector se aseguraría miles de dólares anuales. Por ejemplo, de un millón obtendrían 50000 dólares y el resto lo disfrutarían el atleta, su equipo de trabajo, la familia y la economía cubana. ¿Por qué el deporte, como la salud y el arte no puede entrar en la política de exportación de servicios? Actualmente, solo citadas figuras del béisbol gozan del beneplácito del INDER para jugar en el extranjero.

Añoramos los triunfos de las espectaculares morenas del Caribe y deseamos acabar con las políticas caducas que impiden disfrutar del talento de los nuestros.