La mala fe

La presentación de Buena Fe en Miami levanta alarmas entre sectores de la comunidad cubana. Mientras la intolerancia política vuelve a imponerse sobre la cultura, el cambio de mentalidad se resiste a llegar a la otra orilla.

Por: Harold Cárdenas Lema (haroldcardenaslema@gmail.com)

Buena Fe es una de las agrupaciones musicales más populares de Cuba, sus conciertos llenan plazas y sus letras son capaces de decir lo que la mayoría solo se atreve a susurrar. En estos días va siendo noticia por la campaña mediática que se opone al concierto que en pocas horas comenzará en el Miami Dade County. Sectores de la derecha miamense dan muestras de nostalgia por lo confrontación y al más puro estilo de otras décadas, protestan públicamente en contra del evento musical.

Esta historia no comienza aquí, sino hace unos meses cuando la presencia del cantante Tony Ávila provocó reacciones políticas. Las dificultades provocadas al artista matancero fueron presentadas como una victoria de estos sectores extremos que al parecer han tomado valor y ahora se oponen al intercambio cultural. Pero… ¿quiénes son estos que hoy se manifiestan contra Buena Fe? Los mismos que le tiraron un coctel molotov al teatro donde se presentaba Rosita Fornés, los que se oponían a las presentaciones de la Charanga Habanera, los que amenazaban de muerte a nuestros músicos.

Durante mucho tiempo el territorio estadounidense fue espacio vedado para nuestros artistas, el que quisiera ir a presentarse allá tenía que quedarse y ser presentado como una victoria contra el comunismo, un exiliado. Esto cambió drásticamente cuando en la segunda mitad de los 90 algunos artistas fueron haciendo modestas presentaciones a pesar de la intolerancia y luego se encontró el marco legal para hacer esto posible. Esto cambió cuando la comunidad cubana fue creciendo y sus intereses fueron cambiando, cuando comenzó a ser más importante el lazo familiar y cultural que la diferencia política.

Mientras en Cuba ocurre una guerra cotidiana contra el dogma y el extremismo ineficiente, en Miami las nuevas oleadas migratorias van dejando atrás el lenguaje agresivo hacia la isla. Que a pesar de toda la presión Buena Fe tenga el respaldo legal y los cubanos de la otra orilla vayan a verlo al concierto, será la mayor muestra de cuánto han cambiado los tiempos. Pero este no es un proceso con poca resistencia por parte de los sectores más conservadores, la convocatoria hecha para que 27 organizaciones protesten “por la dignidad y el honor del exilio cubano”, es un intento supremo por mostrar la fuerza de estos grupos y reactivar el rechazo hacia un intercambio cultural que va en aumento.

El levantamiento del bloqueo que impone Estados Unidos a Cuba nacerá de Miami, cuando la comunidad cubana ejerza la suficiente presión política, esta es una batalla en esa guerra mayor, en contra de grupos extremistas al otro lado del estrecho de la Florida. Lo irónico es que son esos los sectores que piden el respeto a la diferencia de opinión política en la isla, un reclamo válido pero no aplicado por ellos mismos en su propia ciudad. Ya lo dice Buena Fe: “cada país por lo que entristece, nos cuenta quien obedece…”.

La televisión cubana se hace eco del suceso y lo utiliza para mostrar la intolerancia política de la derecha miamense. Esto resulta positivo porque no es usual que los medios nacionales se hagan eco (increíblemente) de noticias relacionadas al intercambio cultural, pero ahora aprovechan. Sería bueno que informaran del acontecer en el país norteño de manera equilibrada, no solo cuando sean temas que permitan sacarle provecho político. Esto solo contribuye a la imagen estereotipada que se da sobre Estados Unidos en nuestro país y que al resultar increíble por mostrar un infierno en la tierra, hace suponer a muchos que resulta un paraíso.

La vida dirá quién puede más, si la intolerancia y el miedo o la cultura y las raíces cubanas. Cuando se abran las puertas del Miami Dade County Auditorium se decidirá más que un concierto; estarán en juego la cercanía de la comunidad cubana con sus raíces en la isla, la capacidad de que nuestros artistas puedan mostrar su música en la segunda ciudad más poblada por cubanos del mundo y con un poco de suerte, será un paso más hacia la normalización de las relaciones entre ambas naciones.

Nunca podré ver a Celia Cruz cantar en Cuba, pero sería imperdonable que aquellos que gustan de Buena Fe en Estados Unidos y quieran disfrutar de su música, no puedan hacerlo por presiones políticas de grupos que de seguro serán mucho menores que los fans de la agrupación. Estamos a tiempo de que no se imponga la mala fe, de unir los lazos que otros buscan romper, en particular los de amigos y familiares que aunque vivan en Miami, como dice la canción: nunca se irán del todo.

Publicado en: El Toque