Los jefes

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Por: Osmany Sánchez (jimmy@umcc.cu) @JimmydeCuba

En cualquier lugar del mundo los políticos son una de las figuras más criticadas por la sociedad y no les falta razón, pues salvo honrosas excepciones estos se encargan de “acaparar” los méritos suficientes como para merecer este criterio. En Cuba, sucede algo parecido pero a diferencia de otros lugares aquí no se critica a los políticos sino a los “Jefes” y esto comprende lo mismo al administrador, gerente, o un cuadro del partido o el gobierno.

La semana pasada mi niña me contó sobre lo afortunado que era un compañerito del aula porque su papá era un “jefe”. Me dice que si a alguien se le pierde un libro se busca tremendo problema pero su amiguito no, porque su papá es un “jefe” y se lo “consigue”. Ayer me contaba que en su aula estaban reuniendo dinero para hacer una fiesta pero que fulanito –otro amiguito- no se podía enterar porque su papá era…y se pone dos dedos sobre el hombro, lo que quiere decir que es un “jefe”.

Para mi hija un “jefe” es alguien que puede hacerlo todo, “conseguir” cualquier cosa solo por el cargo que ocupa, pero no se puede enterar de las cosas que no se pueden hacer porque si no se buscan un problema. Es decir que con solo 11 años mi hija ve como algo normal que alguien sea un hipócrita que exige una cosa pero hace otra. Para ella ser hijo de un “jefe” es bueno, entre otras cosas porque nota el tratamiento diferenciado de los maestros con ellos.

En Cuba, los “jefes” deben responder al pueblo, a los trabajadores, compartir las decisiones con ellos, pero lamentablemente no siempre es así, o para decirlo mejor, raramente es así. Se gobierna en nombre del pueblo, se busca lo mejor para el pueblo pero muchas veces sin poner los pies en el pueblo. ¿Cómo saber cuáles son las prioridades de la gente si no se comparte con el pueblo, se les pregunta o no se rinde cuenta de la labor que se realiza?

Durante mucho tiempo hemos igualado el cargo con la persona que lo ocupa, lo que ha traído consigo que cualquier crítica a un “jefe” puede ser interpretada como un “problema ideológico”. Es un “jefe” quien manda a cerrar un blog, el que sustituye a alguien del cargo por motivos personales, o el que se desentiende de los Estudios Abdala. Vale aclarar que raramente el afectado se entera de quién fue el “jefe” que tomó la decisión pues generalmente se aplican luego de un golpe encima de un buró y sin dar la cara.

Será imposible construir la Cuba que queremos si el pueblo no tiene confianza en sus dirigentes –en los “jefes”- pero es muy difícil que exista esa confianza cuando caminas por las calles y ves un carro chapa estatal parqueado frente a una mansión construida o en construcción, o cuando escuchas a los trabajadores diciendo que ellos tratan de “resolver” porque de todas formas el jefe está “metiendo las manos”.

Sería injusto afirmar que todos los funcionarios son corruptos porque no es así, los hay buenos y malos aunque lamentablemente la población perciba que solo hay de estos últimos. No se trata del cargo, sino de la persona que lo ocupe. A mi niña me toca explicarle que no es afortunada la persona que tenga un familiar que sea un jefe deshonesto sino la sociedad que tenga la capacidad para remover a los malos funcionarios.