Cuba, USAID y el síndrome de Tourette

tourettePor: Harold Cárdenas Lema (haroldcardenaslema@gmail.com)

En un contexto de subversión contra la isla, algunas reacciones involuntarias y tics políticos son de esperar. El sistema cubano podría presentar un síndrome de Tourette gubernamental y la cura estaría tan cerca como el reconocimiento del problema.

La circunstancia de mi país ha cambiado relativamente poco en medio siglo, la construcción de un proyecto nacional al margen de la influencia estadounidense ha marcado la vida de nuestros ciudadanos decisivamente. Como el cliché del abusón del colegio que se aprovecha de los que son menores que él, los cubanos hemos sido demasiado golpeados en las últimas décadas, nos han metido de cabeza en el inodoro varias veces y ahora comenzamos a presentar síntomas de una enfermedad con rasgos políticos.

El síndrome de Tourette se define por presentar movimientos repetitivos, estereotipados, involuntarios y la presencia de tics nerviosos variados. ¿No les resulta familiar este diagnóstico? A mí me parece una descripción de libro de texto sobre un comportamiento entronizado en nuestra institucionalidad. Tan predeciblemente involuntarias son nuestras reacciones que cuando Roberto Carcassés se expresó de forma polémica en la tribuna antimperialista, varias personas escribimos alertando el peligro de que existieran represalias antes que estas ocurrieran en efecto. Tan extendido está el síndrome entre nosotros que en no pocas ocasiones nos limitamos a decir y hacer cosas porque sabemos que la reacción a ellas será más automática que juiciosa.

Parecería que no se puede evitar, que es tan necesario para nuestra existencia como la fraseología que usan nuestros funcionarios en las reuniones o sus vacaciones en Varadero con reservaciones de hasta 13 personas. ¿Será que nuestro sistema ha desarrollado un trastorno neurológico? ¿Será que las agresiones de tantos años le están pasando factura a nuestro organismo político? Debe ser la enfermedad, ningún político en su sano juicio haría eso a no ser que estuviera bajo coacción.

Es que la capacidad de no adquirir una postura defensiva por la acción de los demás es importante. Debes tomar tus precauciones porque existe un abusón que la toma contigo siempre que puede pero ten cuidado que eso no te afecte al punto de temblar constantemente, ver enemigos en todas partes o hablar solo del mismo tema. Debemos tener una vida lo más normal posible más allá del abuso, o por escoger un caso puntual, la subversión extranjera.

En los últimos meses Cuba ha estado en las noticias internacionales por las revelaciones de Associated Press respecto al programa Zunzuneo que utilizaba la USAID con ánimo de subversión. A este se han ido sumando otros descubrimientos similares como “Conmotion”, “Piramideo” y la influencia en universidades cubanas. Esto no es nada nuevo, desde hace medio siglo se intenta por distintas vías desestabilizar el país y es un hecho objetivo que no podemos cambiar. Lo que sí podemos es medir nuestras reacciones.

Si de veras tenemos Tourette, la reacción a esperar puede ser la paranoia tecnológica y el temor a las iniciativas universitarias. En realidad ya se observan algunos indicios, desde hace un tiempo subversión es la palabra de moda que utilizan las autoridades en nuestros centros de altos estudios. Por su parte, la televisión nacional hace lo suyo demonizando la Internet, son varios los programas que se han exhibido alertando sobre los peligros de las redes sociales y ninguno explicando su uso.

Hasta ahora el balance no resulta objetivo y la reacción automática de paranoia e hipercrítica se repite cuando no debería ser así. ¿Esto significa que debamos descuidar nuestra defensa o ignorar al abusón del colegio? Para nada, significa que el contexto no puede definirnos por muy adverso que sea porque podemos terminar perdiendo nuestras esencias.

La enfermedad puede ser controlada y el primer paso para ello es reconocer la existencia del problema. Otra noticia es que el Tourette disminuye cuando se llega a la madurez, pero mientras veo el comportamiento social cubano en los carnavales o el transporte público, parecería que este país aún se encuentra en un período infantil.

Si en efecto tenemos el síndrome eso explicaría la falta de atención a cuestiones básicas que requieren cambios urgentes, la hiperactividad política en algunas ocasiones y la impulsividad en otras. Ahora que lo pienso, sí… padecemos un síndrome crónico.  Pero quizás no seamos los únicos, mantener un bloqueo económico a la isla durante más de medio siglo y persistir en el intento se puede clasificar como un movimiento bastante repetitivo. Sí, los vecinos del piso de arriba tienen Tourette y es posible que sean ellos quienes nos lo hayan contagiado. ¿O acaso será otro plan de la USAID?

Publicado en: El Toque