Con cierta disculpa


marcaribe

Por: Julio César Pérez Verdecia(julio.verdecia@umcc.cu)

El Caribe nos mira con sus mil lenguas de fuego.

En saludo a la Fiesta Caribeña del Fuego,
y en defensa de nuestra identidad.

Podría escribirle un poema a la nieve,
mágicos copos de blanquísimas frialdades
diminutas formas de caprichosa estirpe,
pero mi corazón nació en un pueblo de mar
donde el sol derrite la felicidad,
la convierte en mulata risa deliciosa
acoplada en la voz del viento.
Sí, podría escribirle un poema a la nieve
dibujada y extinta del Kilimanjaro
o posada en los vórtices inmortales de Transilvania,
pero el azul del Caribe es un tigre dormido
que asiste mis miedos y los desarma.
Él, devuelve en pago el vaho del arrecife,
la iluminada vigilia del farero,
la fe del sabio que en noche densa
espera con sus ojos de cocoteros y mangles
el trance tremendo de la infinitud;
entonces soy un hombre-milagro,
un poderoso oricha de libertades y horizontes.
Desde mi trono de límpidas montañas
veo el mítico beso del mar y el cielo de los hombres,
escucho el silbido cortante del remo,
el líquido tañido de las aguas,
siento en mi sangre insular
un ciclón de lenguas y de sangres
sin que en esta secuencia de años y siglos
aparezca una pizca de cansancio.
Ve usted señor,
yo no puedo escribirle un poema a la nieve.