El loco que aceptó el carné

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Por Claudia Yilén Paz Joa (estudiante de periodismo)

El día de mi cumpleaños 19 se aparecieron mis amigos en casa. No estaban todos, pero sí una gran representación de ellos y eso me reconfortaba, aunque no me los esperaba. Yo tenía una botella de vino blanco, y de la nada apareció una de vodka y un poco de jugo de naranja. Nos sentamos en el sofá, en unas sillas y hasta en el piso, algo de música y enseguida comenzamos la tertulia.

En la sala de mi casa se habló de todo. La periodista, Los abogados, La doctora y el Informático ¡sobre cuántas cosas podíamos hablar! Las muchachas ya tenemos la experiencia del primer año en la universidad, y los varones, el trago amargo del servicio militar, cuyo dulce sabor es la experiencia que les forma preparándolos como “hombrecitos”.

La sorpresa mayor para todos fue cuando uno de ellos nos confesó que le entregaron el carné de la Juventud. “¡¿Estás loco?!” Vociferamos a coro con cara de asombro. Él con una tranquilidad tremenda en el rostro nos explicaba cuán importante era el paso que estaba dando. “No lo hago por ustedes, ni por nadie, no me siento comprometido con ninguno de los que están sentados aquí en este preciso momento, el compromiso es conmigo mismo. Si ustedes no lo hacen yo lo haré, y el año que viene, cuando entre en la universidad, nadie me tendrá que preguntar si voy a escoger algún cargo. Yo solo me planto.” Yo era la primera que no me lo creía, este muchacho loco, que toca guitarra, oye cualquier tipo de música, le gusta el deporte, baila, lee hasta de psicología y lleva en el cuerpo como tres tatuajes, en realidad está loco.

“Un día seré yo quien diga lo que nadie se atreve a decir, y si no es así, si ustedes siguen con esos miedos y autocensuras, nadie los escuchará y los problemas nunca estarán resueltos. Les repito, no lo hago por ustedes, lo hago por mí, es un compromiso que tengo conmigo mismo”. Entonces pensaba que como él, hubo un día un grupo de muchachos que se comprometieron consigo mismos y triunfaron. La sorpresa mayor era el contexto. En estos tiempos nadie quiere la militancia, y mucho menos los cargos, ¿para qué?. Pero si pensamos así, si creemos que lo mejor es cerrar los ojos y no mirar hacia atrás, abrocharnos con un nudo los labios, o peor que ello, emigrar, les daremos un lado a los problemas, nos ahogaremos entre ellos y nunca saldremos adelante.

¿Y dónde está el “coraje” de los de ahora? ¿Qué le pasa a estas generaciones? ¿Acaso no están comprometidos consigo mismos? ¿Qué los ata a ser tan ortodoxos, resignados? ¿A qué le temen?
El día de mi cumpleaños 19 hicimos una tremenda tertulia. Hubo tiempo para la risa, los comentarios de deporte, música, cine, las historias de primaria, del pre, de los males de amores, de medicina, gastronomía, de cotidianidad… No faltaron los happy birthday y abrazos para mí, el pedazo de cake y “el amigo loco que aceptó el carné”. Una vez más me llenaron de orgullo y felicidad el haberlos conocido, la posibilidad de tenerlos, de vernos crecer y madurar y el que se hayan aparecido en mi casa en mi cumpleaños número 19.

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