¿AUTO-ROBO DE CEREBROS EN LA SOCIEDAD CUBANA ACTUAL?


robo de cerebros

Por: Abdel Martínez Alonso

En no pocas ocasiones nuestra prensa nacional ha abordado el tema del llamado “Robo de Cerebros”. Programas como el “Cuban Medical Professional Parole Program”, creado por el Gobierno estadounidense en agosto de 2006 durante la presidencia de George W. Bush, promueven activamente la migración de profesionales altamente calificados formados en la Isla.

El “Robo de Cerebros” es un fenómeno reiterado en la historia de la humanidad, cobrando mayor vigencia en la actualidad debido al creciente flujo de información y facilidades de viaje. Las consecuencias son nefastas para los Países en Desarrollo y en especial para aquellos que, como Cuba, no poseen grandes cantidades de recursos naturales y dependen fundamentalmente del ingenio humano para generar riquezas.

Las transformaciones de nuestra economía sucedidas en los últimos 5 años han reformado de manera significativa la sociedad cubana. La idea, un tanto difundida, de que nos encontramos en un punto de inflexión en nuestra historia, comienza a hacerse cada día más evidente. No es secreto que en la actualidad cubana los profesionales y académicos vinculados a la Investigación, Desarrollo y Docencia son uno de los sectores peor remunerados en relación al aporte brindado. La brecha se acrecienta con la aparición de nuevas y atractivas ofertas de trabajo, que en muchos casos, logran retribuir en una jornada laboral el equivalente a un mes de trabajo de un académico o investigador.

Nuevos actores han surgido en la sociedad cubana contemporánea. El sector cuentapropista, el Sistema de Cooperativas no Agropecuarias y más recientemente la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM), se presentan como seductoras propuestas para los especialistas cubanos altamente calificados, que ven en estas novedosas formas económicas un vía para obtener mayores ingresos personales.

Ejemplos comunes son los ya cientos de “Ingenieros-boteros”, “Licenciados-Vendedores de producción agrícola en puntos de ventas y quioscos”, “Abogados-Tenedores de libros”, “Licenciados-Profesores de taquigrafía, mecanografía e idiomas”, “Ingenieros-Reparadores de celulares” y una extensa lista de otros ejemplos que sería extenuante relacionar.

Nos encontramos entonces ante la aparición (o reforzamiento) de un fenómeno interno de “Robo de Cerebros”. Los Institutos de Investigación, Universidades y otras diversas formas de centros de estudio y desarrollo científico-técnico se encuentran en abierta desventaja para contrarrestar esta fluencia negativa de profesionales.

Si bien es un hecho que, luego de la puesta en marcha de la nueva política migratoria cubana, existe un sostenido flujo de cubanos hacia el exterior del país en busca de mejores condiciones económicas; este nuevo fenómeno de migración interna se presenta, al menos, como igual de dañino que el éxodo de profesionales hacia otros países.

La ausencia de esquemas de pago que estimulen la permanencia de los profesionales en sectores académicos y de investigación; la reducción paulatina y sostenida del salario real debido al incremento del precio de servicios y productos de primera necesidad y la existencia de la doble moneda; son factores que afectan la captación y permanencia laboral de graduados de nuestras universidades en instituciones vinculadas a la actividad científica.

Toda transformación económica potencialmente genera un efecto social colateral, lo importante es ser consciente del cambio realizado y prever las consecuencias, al menos, a corto plazo. En el “Proyecto de Lineamientos de la política económica y social” se trazaron diversas estrategias para promover y desarrollar la actividad científica como puntal de nuestra economía, pero:

¿Están contempladas soluciones a este problema en las bases del Programa de Desarrollo Socio Económico en el periodo del 2016 al 2030 recientemente aprobadas por el Consejo de Ministros?

¿Está en capacidad nuestra economía de continuar afrontando los gastos asociados a la preparación de profesionales para luego empujarlos a desempeñarse en trabajos de menor perfil (reitero, no menos útiles para la sociedad)? ¿Puede darse el lujo de desperdiciar el talento generado un país bloqueado como el nuestro?

Estas y otras muchas incógnitas quedan en el tintero. Esperemos que nuestros dirigentes estén conscientes de la real magnitud del problema y aún más importante, dispuestos a aceptar su existencia como primer paso para erradicarlo. De no ser así, estaremos vendiendo al mejor postor (nacional o extranjero) uno de los logros más preciados de la Cuba Revolucionaria: sus profesionales.