Volver a Cuba, con las manos llenas


CIENFUEGOS. Mientras todavía muchos cubanos depositan en la aventura de emigrar su esperanza de proyecto de vida, un número cada vez más notable de compatriotas retornan al país. Algunos, no pocos, lo han hecho para invertir sus pequeños capitales en emprendimientos privados, en el contexto de la “actualización” del modelo económico que el gobierno de Cuba viene desarrollando.

2000 es la más reciente cifra conocida de emigrantes del archipiélago que se acogieron a la repatriación, una posibilidad que la reforma migratoria del año 2013 reconoció.

Idalberto Ramírez, propietario del restaurante El Campesino, en la central ciudad de Cienfuegos, comenzó su vida de emigrante en 2005, en Estados Unidos, donde manejó camiones de paquetería a domicilio. Insatisfecho con su realidad, probó suerte en un restaurante en México, pero tampoco encontró lo que buscaba.

“Siempre había querido tener mi propio restaurante y me fue muy difícil conseguirlo siendo emigrante, latino, y sin nadie que me ofreciera el capital para impulsar algo como eso allá. Salí con la intención de probar y como los resultados no me parecieron buenos, regresé a mi país y mi familia”, cuenta Ramírez.

Los ahorros acumulados en ambos países no eran suficientes para crear el negocio allá. Pero, al parecer, sí bastaron para Cuba. Desde 2010 Ramírez obtuvo su licencia de “cuentapropista” y tres años después anda “recogiendo capital”.

“A mí me tildaron de loco, pero hoy algunos que me criticaron me dan la razón. Ya conozco más de uno que está agotado de tanto trabajo y distancia y está pensando en regresar, o ya regresó”, asegura el gastronómico independiente, mientras recibe a otro propietario de un restaurante cienfueguero, también repatriado.

Regresar y aportar

Las transformaciones en la sociedad cubana abren espacio para que los ahorros conseguidos por sus emigrantes retornen al país para ubicarse en proyectos muy diversos, también los de beneficio comunitario y social.

Es la historia, por ejemplo, de Ana María Salas, inquieta creadora a quien se le debe el personaje infantil de Toqui, un muñeco nacido en Ecuador y que forma parte de los recuerdos de infancia de varias generaciones de cubanos y latinoamericanos crecidos entre las décadas de 1980 y 1990.

Salas aclara que nunca se fue de Cuba porque cada vez que tuvo dinero para comprar un boleto de avión, regresó. Lo cierto es que desde hace tres décadas la artista ha desarrollado en la nación sudamericana gran parte de su vida profesional y empresarial.

 

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La Casona, antes.

“Como el arte nunca me ha dado para comer, me monté en la ciudad de Quito un restaurante, un bar y un hotel. Gracias a los ingresos de “La Bodeguita de Cuba”, el bar “Varadero” y el hotel “Vieja Cuba” (donde toca su banda musical, El Ciclón del Caribe) he podido impulsar La Casona de Toqui”, comenta mientras recorre entusiasta su propiedad de cientos de metros cuadrados y muestra los avances en la reconstrucción del inmueble principal, una hermosa edificación de madera.

 

Cuando diez años atrás Salas comenzó el proyecto de crear un espacio de autosuficiencia alimentaria al tiempo que escenario para la creación artística, muchos la miraron escépticos. Pero poco influyeron aquellos en quien dice que no vale vivir sin un proyecto retador.

“Yo tengo que devolver a mi tierra lo que mi tierra me dio a mí”, asegura alguien que agradece al sistema político cubano las oportunidades de formación recibidas en su juventud.

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La Casona, hoy.

 

Mas, no es la Casona de Toqui un proyecto de beneficencia. “Mi idea es producir aquí programas de televisión a partir de cuatro series de animados y títeres que ya tengo escritas, pensando en un mercado internacional que conozco y que puede dar réditos. Además se ofrecerán conciertos y obras teatrales de pequeño formato. Y si encima de todo los que vengan a crear saben doblar el lomo y sembrar lechugas y boniatos, pues se los comerán también”, revela Salas.

Allanar el camino de vuelta

La normalización de las relaciones entre el gobierno cubano y la diáspora es una de las prioridades en la agenda del cambio asumido desde 2008.

La reforma migratoria de 2013 introdujo nuevas dinámicas, pero sigue pendiente de mayor profundización: fórmulas que permitan convivir lo más desprejuiciadamente posible con la emigración como acto de búsqueda de oportunidades, y al mismo tiempo regularice aquí lo que es una práctica en el mundo: la llamada “emigración circular”.

Es deseo de muchos, dentro y fuera, conseguir mayor participación de los cubanos emigrados en la economía nacional, un escenario que la recién aprobada Ley de Inversión Extranjera no impide, aunque el discurso oficial solo le entreabra la puerta.

En gran parte de estas repatriaciones el retorno llega acompañado de satisfacción espiritual para la persona y prosperidad para la familia y el entorno social donde se inserta. La combinación, por sí sola, favorece e impulsa.

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