Cuba  ante el debate: Tránsito o deformación

imagen desconsoladoPor: Julio César Pérez Verdecia. Julio.verdecia@umcc.cu

Se habla entre no pocos creadores que los jóvenes escritores cubanos, y quizás algunos no tan jóvenes, escriben hoy la literatura de la desilusión, algo así como la literatura que marca esta convulsa y compleja etapa.

La idea la volví a escuchar el pasado viernes 30 de mayo en el magnífico evento de crítica literaria que auspició la UNEAC en Matanzas y, donde participó el reconocido escritor Eduardo Heras León. Esta vez la idea fue dicha por uno de los dos discípulos de la primera ornada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso que le acompañaba.

Es justo que diga que el debate fue más allá, a mi modo de ver muy interesante. Al final el propio Heras habló de cómo influye la realidad en la obra y en el creador, sentenció que es el tiempo quien determina su calidad y universalidad. Heras, quién tanto en su obra como en lo humano, no ha dejado de creer en la necesidad de la esperanza y la utilidad de la literatura, dejo claro que hoy hay muchas formas de decir y la desilusión no es la única, y desde mi punto de vista no siempre la mejor, a veces todo lo contrario.

Este tema literario daría para un gran debate, pero de lo que se trata es que de alguna manera, la llamada desilusión como expresión social va más allá del arte y los creadores. Aclaro que no he utilizado decepción como terminó, al final creo que muchísimos cubanos (entre los que me incluyo) mantienen viva la esperanza en la Revolución.

Pero es justo admitir las deformaciones que ha sufrido y sufre el proyecto que desde 1959 se construye en Cuba. La gente quiere la Revolución, reconoce su grandeza, sus logros, sus conquistas, y resiste el bloqueo por un lado y por el otro la dura realidad económica de país en crisis; pero ve que las cosas no van bien, que la corrupción y los antivalores que esta genera se van aceptando con pasmosa y triste naturalidad.

Estamos sin dudas en medio de un complejo proceso de transición revolucionaria y, sé lo que implica construir una revolución profundamente humanista en un país sin grandes recursos, saqueado por el imperialismo norteamericano, gobierno que además nos aborrece por nuestro ideal socialista.

Pero tenemos que reconocer también que, a pesar del gran esfuerzo de nuestro Estado, gobierno y partido, el burocratismo persiste, así como la ineficacia administrativa en casi todos los lugares, el relajamiento del cumplimiento del objeto social de las instituciones creadas por la Revolución para bien popular, el desequilibrio del salario, la lentitud del cambio de mentalidad en los decisores y la flema en el tratamiento a problemáticas locales importantes si es que no son ignoradas.

Únase a lo anterior la mentada y casi estructural corrupción; son estos elementos algunos de los responsables de tal estado de ánimo popular. Es indiscutible que en lo económico no se pueden quemar etapas, pero urge la toma de medidas para equilibrar las cosas, controlar los procesos y medir el trabajo de las administraciones con mayor rigor, al nivel que sea.

Hoy por ejemplo muchos cubanos creen que ya no es práctica generalizada la interrelación de los cuadros con el pueblo,  algo que siempre exigió desde el ejemplo el compañero Fidel, y que en verdad se ve cada vez menos. Otra verdad es que la gente, esté donde esté, necesita sentir que es un verdadero actor social, cuya participación se tome en cuenta en toda su dimensión. Sin olvidar que esa misma gente necesita más líderes que jefes.

Imagino que los que no aman la Revolución Cubana se alegrarán de este artículo, ingenuos, no saben quizás que estamos pasando a otro nivel dentro de la construcción de nuestro proyecto social, que  tenemos que decir las cosas tal cual son, que sólo desde la verdad reconocida se produce el verdadero cambio.

Los cubanos estamos dispuestos a continuar luchando, a pesar de las dificultades. Creemos que la Revolución sigue siendo un espíritu superior que va más allá de nuestras necesidades individuales y confiamos en ella. No creo que haya pasado el tiempo de las utopías, pero sí sé que se tienen que asumir nuevas formas, estilos y métodos, aunque ello nos lleve a hacer otra revolución dentro de la Revolución. La esperanza nadie nos la regaló, este pueblo la compró al costo de la vida de miles de sus hijos y nadie se puede arrojar el derecho de perderla.

Respeto la idea de la posible literatura de la desilusión, mas invito a pensar que hay muchas buenas historias por narrar, muchos buenos poemas por escribir, desde la imprescindible y estremecedora literatura del desafío y, de ello no tengáis duda.