Un premio Nobel nos dice adiós


MacondoX

Por: Claudia Yilen Paz Joa (estudiante de periodismo)

El mensaje paralizó mi rostro y mis manos. Quedé sin habla ante semejante situación. Una amiga que sabía la admiración que siento por él me dio la noticia: Falleció Gabriel García Márquez, si estás en casa sintoniza Telesur, lo siento mucho.

Se había ido el Gabo y yo ahí, con una cara de espanto terrible. Parlizada ante el Internet no sabía qué hacer, ¿dónde encontrar la noticia, cómo fue? Había seguido de cerca su situación de salud, y no dejaba de preocuparme.

García Márquez supo vivir para universalizarse. Viví en Macondo y sentí como poco a poco construían y destruían el pueblo sus habitantes. Alguna que otra noche me senté a la mesa con la familia Buendía hasta ver envejecer a Justa, retrato de la mujer latinoamericana, porque esa era su magia: dibujar con las palabras, con su verbo inagotable. Hacía de sus vivencias el espejo de América Latina, del Caribe y el mundo.

Cerró los ojos para siempre a los 87 años un paradigma de periodista, de escritor. En 1982 le fue otorgado el premio Nobel de Literatura, cuando diez años atrás había recibido el premio Rómulo Gallegos por Cien Años de Soledad, su novela cumbre, aunque muchos fueron los galardones merecidos.

Cuba le quiere mucho. Su deceso ha tocado con sensibilidad los corazones de quienes le admiran. Los más ancianos rememoran su estancia y visitas a la nación, su labor como fundador de la agencia de noticias Prensa Latina y la amistad con Fidel Castro.

Se nos ha ido un premio Nobel, un hombre de esos pocos que logran penetrar en los corazones del mundo. Nos dijo adiós desde México dejándonos sus historias para contar, su obra pura y gigante, como supo serlo él.