Cooperativas en Cuba: ¿Más Socialismo?

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Por: Claudia Díaz Pérez

¿Cooperativas no agropecuarias? Este es un término nuevo dentro de la práctica económica cubana. Hace unos años sería una mala palabra pero hoy es una embarcación que marcha viento en popa y a toda vela. ¿Embarcación con buen rumbo o embarcarnos (hablando a lo cubano) en el propósito de construir el socialismo? Esa es la disyuntiva de este nuevo tipo de organización social autogestionaria.

La biblia política moderna de la sociedad cubana, los lineamientos de la política Económica y Social del Partido y la Revolución, aprobados por el VI Congreso del Partido Comunista, dedica cinco lineamientos al tema de las cooperativas. Estos objetivos se materializaron el 11 de diciembre de 2011 con el Decreto-Ley número 305 del Consejo de Estado de la República de Cuba, concerniente a las cooperativas no agropecuarias. En el artículo 2.1 se define a la cooperativa como una organización con fines económicos y sociales, que se constituye voluntariamente sobre la base del aporte de bienes y derechos y se sustenta en el trabajo de sus socios, cuyo objetivo general es la producción de bienes y la prestación de servicios mediante la gestión colectiva, para la satisfacción del interés social y el de los socios.

Un poco de Historia

Desde la época remota de la pintura en cuevas y la caza de animales como la única vía de subsistir, el hombre comprendió que, con la ayuda de sus semejantes, lograría cosas, que de hacerlas solo, sería imposible. El trabajo en grupo trajo bondades nada despreciables para la sociedad, la necesidad de comunicarse fue una de ellas, además que se cruzó la frontera del interés individual.

A partir de este período y con la evolución de la especie humana, a través de siglos, el sistema de ayuda mutua, se iría perfeccionando, llamado en la época moderna como Cooperativismo. Por las ventajas del trabajo colectivo, este lejos de desaparecer, se consolida.

No es hasta el siglo XVIII que se aprecia, específicamente en Inglaterra, un desarrollo ostensible de las cooperativas. Frente al progreso industrial que se asentaba con notable esencia capitalista se concibieron como una alternativa de defensa y transformación de las clases trabajadoras. Rememora Manuel Prieto Echeverría en su conferencia: “Las Cooperativas en sectores no Agropecuarios en Cuba, un acercamiento a sus Retos”, que fue en la ciudad inglesa de Rochdale, donde se formó la primera asociación conocida como cooperativa. Un grupo de 28 trabajadores de la industria textil que se quedaron sin empleo luego de una huelga, constituyeron una pequeña empresa autónoma.

Se atribuye a Robert Owen uno de los exponentes del socialismo utópico la identificación del término cooperación como sinónimo de socialismo, concibiéndola como una sociedad de personas, que se constituye a semejanza del resto de las formas societarias pero con determinadas características que la distinguen de aquellas, teniendo en cuenta que sus fines económicos no están dirigidos a la obtención de lucro y sustenta la educación de los socios en los principios del cooperativismo, así como el hecho de que los mismos asumen la doble condición de propietario social y receptor del servicio.

Los ideólogos del comunismo en su abarcador estudio de la sociedad también analizaron las ventajas y retos, claro está desde la coyuntura de sus épocas, de las cooperativas. Marx y Engels, mientras criticaban las cooperativas de mediados del siglo XIX por renunciar a la lucha política y limitarse a atender los intereses estrechos de sus socios, sí reconocían su valor —sobre todo las de producción— al mostrar en la práctica que es posible establecer las relaciones de trabajo asociado que según ellos deben caracterizar a la sociedad socialista.

Lenin, quien se dedico a materializar las teorías marxistas también reconoció cuánto podían contribuir las cooperativas a la construcción del socialismo, veía en ellas “una de las soluciones definitivas para avanzar al socialismo” porque apreciaba el valor del trabajo asociado, de la práctica democrática también en el lugar del trabajo, para producir y reproducir seres humanos con valores socialistas. Para Lenin, “el régimen de los cooperativistas cultos es el socialismo”.

Tomar partido

Camila Piñeiro Harnecker, en el prólogo del libro “Cooperativas y Socialismo: Una mirada desde Cuba” afirma que muchos ven a la cooperativa cubana muy utópica y por tanto ineficiente; otros, a partir de las formas que ha tomado en Cuba, sospechan que será insuficientemente autónoma o “demasiado parecida a la empresa estatal”; y otros, habituados a un control de la actividad empresarial por un Estado que interviene de manera directa y excesiva en la gestión, la rechazan como demasiado autónoma. Parece difícil tomar partido ante la diversidad, pero lo que si no se puede seguir postergando es el desarrollo de las fuerzas productivas y por ende una mejor calidad de vida de los cubanos.

No se puede analizar de forma simplista la existencia del modo de producción cooperativo dentro de la sociedad que construye el socialismo y las consecuencias que esto traería. Muchos creen que incentivar esta pequeña propiedad privada es darle vida a los gérmenes del capitalismo y otros, en los que me incluyo creemos que se trata de una vía que con control y planificación ayudará a emancipar, con esfuerzos propios, a la economía cubana. Experiencias de cooperativas en el País Vasco, Uruguay, Brasil, Argentina y Venezuela demuestran que ellas pueden ser más eficientes que empresas capitalistas si se considera las bondades de su sistema de gestión como las habilidades democráticas que adquieren sus miembros cuando eligen a su presidente o cuando participan en la planificación de la producción, práctica que se extendería a otras actividades de consenso ciudadano.

Los cubanos somos testigos que generalmente a nivel de conciencia no ha ocurrido ese fenómeno de sentir pertenencia por los establecimientos y servicios estatales, arrojamos papeles a las calles, no cuidamos el parque, rompemos el teléfono público, porque es de todos lo que equivale a no ser de nadie. Entonces, en el régimen económico propio, que les permite a los socios beneficiarse en dependencia de las utilidades que sean capaces de obtener, como resultado de su desempeño, radica otra de las ventajas del cooperativismo. En el trabajo diario está la garantía de las ganancias, hay, evidentemente, intereses personales de por medio.

Las cooperativas legítimas buscan la satisfacción de necesidades de sus miembros, en primer lugar, que se afilian a ellas por las ventajas del trabajo en equipo y las facilidades que se le otorga a este tipo de asociación y en segundo lugar la complacencia del cliente que recibe un servicio o producto. Todo lo contrario ocurre en las empresas capitalistas, que persiguen a toda costa el beneficio individual de sus miembros.

Es una realidad que a las cooperativas no se les puede incluir en proyectos de desarrollo. El estado no puede intervenir en sus planes, ni utilizarla impositivamente, pero si puede concertar y orientar sus actividades hacia la satisfacción de necesidades de la comunidad en que residen los socios, previamente diagnosticadas en procesos de planificación.

Por esa misma capacidad que tienen los socios para tomar decisiones que especulativamente los llevará a un desentendimiento con el estado es que las experiencias históricas de construcción del socialismo la han rechazado o la han utilizado aisladamente en sectores como la agricultura ¿Será posible “acoplar” una empresa autónoma a una economía planificada? ¿Podrá lograrse que la cooperativa no responda solo a los intereses del grupo de personas que la conforma y responda también a intereses sociales? Todo esto depende de las regulaciones y leyes que sobre las cooperativas disponga el estado. Con control y planificación, principales armas, evitaremos que se potencie una división clasista.

No es objetivo evaluar el proceso cooperativista no agropecuario en Cuba, aún es poco el tiempo para constatar resultados. A mi consideración, luego de conversar con algunos presidentes de cooperativas solo saltan algunas problemáticas: temor a contratar los servicios de la cooperativa, sobre todo las personas jurídicas lo que se deriva de un desconocimiento de la ley. Otra problemática está marcada por el hecho de no contar con una estrategia de comunicación, personas jurídicas y naturales desconocen los servicios que ya brindan estas asociaciones, que también presentan escollos para comprar las materias primas.

Al cabo de un tiempo sería preciso volver sobre este tema y concluir si es un modo de producción que vino para quedarse o es una estrategia a corto plazo que hipoteca el futuro socialista de Cuba

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