Cuidado con el culebrón

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Por: Osmany Sánchez (jimmy, @JimmydeCuba)

Si alguien me preguntara cuál es el arma ideológica más efectiva, diría sin la menor duda que son los llamados “culebrones”. Es cierto que las películas y las series también tienen lo suyo, pero nada se compara con esas producciones mexicanas –y no solo mexicanas- donde lo malévolo se mezcla con lo idílico y se pierde la frontera entre lo que es “bueno” y lo que es “malo”.

Hace una semana estoy viendo “El señor de los cielos” y les confieso que por momentos me han dado ganas de dejar el trabajo y mudarme para Sinaloa para vivir “a todo tren” como estos señores que viven en mansiones, siempre están rodeados de hermosas mujeres, la mejor bebida y que además su labor filantrópica les permite ser amados por el pueblo.

Desde el punto de vista de vista artístico, el culebrón de marras es un bodrio. Malas actuaciones y peores efectos especiales pero es que a los productores no les preocupa eso, qué importa que Matilde actúe mal si tiene buen cuerpo y viste ropa de lujo. Tampoco interesa que de un tiro mueran cuatro personas si lo importante es el mensaje de que con Casillas –con el poderoso- nadie se puede meter o lo que es lo mismo, si te tocó ser pobre, pues te quedas tranquilito.

Tengo una vecina que es adicta a estos programas, de los que luego hace tertulias para toda la cuadra, sobre lo bien que se visten o los carros que tienen. Recuerdo que una vez disertó sobre una escena donde el protagonista le dice a la amante que el próximo mes le compraría un apartamento para verse sin problemas. Para ella eso era un ejemplo de una sociedad exitosa, donde se podía tener una casa y ser felices sin problemas.

Para mi vecina el hecho de que el hombre fuera un hacendado, dueño de esclavos, eso no importaba. Estaba tan centrada en el éxito de uno que no le daba importancia a las desdichas de cientos de personas.

En los famosos “cargues” que circulan por toda Cuba vienen este tipo de producciones, que sin duda embrutecen y confunden, pero la solución no debe ser jamás prohibirlos o ignorarlos, sino crear obras de calidad, actuales, con temas polémicos que no son solo la homosexualidad o la emigración sino también el racismo, la corrupción o el abuso de poder. Pero bueno ese es otro tema, por ahora, cuidado con el culebrón.