Obama y la clave de Alan Gross

Alan-GrossPor: Esteban Morales

El  Sr. Alan Gross, ya lleva cuatro años preso en Cuba y el presidente Obama no termina de entender cuál es la clave de su liberación.

Sin algún asesor, conocedor de cómo han sido, durante más de 50 años, las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, que tal vez Obama no termine de entender porque hace muy poco que nos conoce, estoy seguro que el Presidente, una persona inteligente y pragmática, no podrá entender cuáles son los pasos a dar para lograr la liberación del Sr. Gross.

Ha sido una constante de la política de Estados Unidos hacia Cuba, creerse, entre otras, dos cosas: la primera, que Cuba siempre estaría dispuesta a incumplir sus compromisos políticos con tal de satisfacer intereses de Estados Unidos; y segundo, que Cuba estaría dispuesta a aceptar de manera incondicional las peticiones que el Gobierno Norteamericano le haga.

Sr. Presidente, el caso de Alan Gross, está claro desde el punto de vista legal. El propio Gross y su familia lo entienden. Por eso ahora se preocupan de que Usted le vaya a dejar al Sr. Gross, abandonado a su suerte en Cuba.

Además, Sr, presidente, usted ha cometido un persistente craso error, al decir que el Sr. Gross debe ser liberado de manera incondicional. Puede usted estar seguro de que eso no va a ocurrir y se ha cerrado Ud. mismo el camino al hacer esa declaración. Declaración con la que al parecer quiere Ud. infundir  temor a Cuba, cosa de la cual, los cubanos de acá, nunca hemos padecido. Para la inmensa mayoría de este pueblo, la dignidad vale más que la vida.

Cuba no puede acceder a liberar incondicionalmente al Sr. Gross, como usted tampoco aceptaría, que Cuba lo obligara a hacer algo de manera incondicional. Y Estados Unidos es una potencia mundial, la potencia mundial por excelencia. Mucho menos Cuba estaría dispuesta a hacer nada de manera incondicional, pues en ello le va la vida, siendo una nación además, que debe cuidar con extremo celo su seguridad nacional. Si Estados Unidos siempre se ha creído en el derecho de imponer cosas a Cuba de manera incondicional, imagínese usted que ocurriría si Cuba aceptase semejante posición de su parte. Sería generar un precedente imperdonable para la seguridad de la Isla.

Negocie Sr. Presidente, que Cuba está dispuesta a entregarle a Alan Gross a su familia;  pero no de manera incondicional como usted ha dicho. No le dé más vueltas a la “noria”, que usted es un brillante abogado y sabe que los cuatro cubanos que continúan encarcelados en Estados Unidos, son una injusticia y una mancha en el sistema legal de la sociedad norteamericana. Liberándolos,  ganaría, pues no haría Usted más que limpiar esa mancha.

Termine de convencerse, de que usted no estaría cambiando a “cuatro espías” por un ciudadano norteamericano inocente. Eso usted lo sabe, por lo cual sería Cuba la que le haría una concesión humanitaria a la familia de Gross si se lo entregara y usted nos diera a cambio los cuatro cubanos que allá permanecen presos: esos sí, de manera injusta e ilegal.

Gross es una persona de más de sesenta años, con una situación familiar que  no le ayuda emocionalmente y usted no debe alargar más su agonía, por razones Sr. Presidente  que usted sabe que no son reales ni defendibles  políticamente.

Sr. Presidente, el mundo entero y cientos de miles de personas en los Estados Unidos saben que los cuatro presos cubanos son inocentes; mientras que Ud. carece de razones para defender la inocencia de Alan Gross. Reconociéndose,  el mismo, como engañado por su gobierno, del grado de peligrosidad que tienen las acciones que él vino a realizar en Cuba.

A lo único que Ud. puede estar esperando Sr. Presidente, es a que le baje el nivel de su prepotencia, para ceder ante las exigencias de un país pequeño, que no representa ningún peligro para la seguridad nacional de su país. Pero que si vería muy comprometida su seguridad si cede ante sus demandas de incondicionalidad. Cualquiera que se respete dentro de su equipo de gobierno y que conozca cómo han sido nuestras relaciones por más de 50 años, podría decirle que por el camino que Usted ha seleccionado, Sr. Presidente, para reclamar la libertad de Alan Gross, no va a llegar a ninguna parte. Y quiera Dios, no se percate de ello, cuando ya sea demasiado tarde.

Texto tomado del blog: http://dialogardialogar.wordpress.com

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