La contradicción

joven-emigracion-cubaPor: Harold Cárdenas Lema (harold.cardenas@umcc.cu)

“Y tengo que dejarte ir, poniendo el mar entre los dos

Pagando el precio de otros que viven de la contradicción”

X Alfonso

He pensado mucho en aquellos que se fueron, que un día se despidieron (o no) y se marcharon a otras tierras. He pensado en cuántos amigos me ha tocado despedir, en los pocos que me quedan y si ellos también se irán. He pensado mucho en las consecuencias de esto, en la contradicción, el diferendo o la circunstancia que nos ha tocado vivir. Y duele.

Presa de un silencio roto… hijos del amanecer

De los amigos de mi niñez y adolescencia no quedan muchos aquí, no sé si me tocó la (mala) suerte de estudiar junto a muchos infantes-emigrantes o es que se han marchado tantos, no sabría decirlo porque las cifras de la emigración joven en Cuba no son públicas. Una a una fueron quedando vacías sus sillas, tanto que ahora me cuesta mucho identificar algunos en las fotos, tanto que si regresaron alguna vez, bien pudimos pasarnos de largo sin reconocernos. Ellos no podrían hablar mal nunca de su país, se marcharon de una isla llena de necesidades pero con metas civilizatorias envidiables para otros países de la región, se marcharon de un lugar imperfecto, como ese otro al que fueron a parar.

Sin destino y sin tener un camino cierto que me enseña a no perder la fe…

Queda el recuerdo de aquella reunión que hicimos para sancionar simbólicamente al amigo, militante de la juventud comunista que se fue, que “traicionó”, sin indagar nunca en las razones de su partida o al menos si esta fue voluntaria o no. Hemos madurado mucho desde entonces, pero recordar, es evitar volverlo a vivir. Quedan secretos en común y un lenguaje compartido que no volveré a usar nunca más. Queda la certeza de que no volveré a ver al amigo o la amiga, y esta última duele particularmente.

Sin distancia y sin recuerdo, en las arenas de esta soledad…

Los que nos quedamos aquí tenemos algunos sueños cumplidos, otros por cumplir y varias utopías. Los que nos quedamos sabemos que el otro camino es probablemente más fácil, pero es otro. Vivir en Cuba tiene sus ventajas, lo que quizás, irónicamente, haya que estar fuera para verlas. Es como el ajedrez, una contradicción que daría risa si a uno no le fuera la vida en esto. Por eso es que un día me decidí a dejar de contemplar y participar en los acontecimientos.

En los sentimientos que se quedan, sueños que perduran…

Quiero vivir en un país al que mis amigos quieran regresar, donde las despedidas no sean definitivas, donde los asientos del aula no sean suficientes. Quiero demostrar que las utopías no son inútiles y hay cosas por las que vale la pena luchar. Y si la lógica de la Declaración Universal de Derechos Humanos estipula que cada persona tiene el derecho de escoger su lugar de residencia, no sea mi isla la que salga perdiendo, no sea Cuba la que pierda a esa persona.

He pensado mucho en los emigrados últimamente… y duele.