¿El beso de la infamia o quemar el cielo?


infamia

Por: Julio César Pérez: julio.verdecia@umcc.cu

A los Cinco.

Disentir es un deber, porque el que disiente hace bien si señala la llaga con la crítica virtuosa del espíritu, mostrando a tiempo lo pequeño para que no se torne en mar purulento.

¡Pero cuidado! Hay un leve límite entre el asombro y la ignominia, entre el sano afán del hijo bueno y del que simula serlo, hablando con preocupación de la madre que desea muerta para iniciar la rapiña de su dote.

Sí, qué gran batalla ésta la de sacudir de la piel de la patria todo cuanto estorba a la buena salud de sus sueños, todo cuanto le lacera y enferma; ella que es pródiga madre, barro que se torna en milagro y luz que despierta.

No somos nosotros sietemesinos bárbaros de lentejas robadas que olvidan su deber, porque el que vive en la infamia, o la codea en paz, es un infame. Abstenerse de ella no basta: -verdad maestro- se ha de pelear contra ella.

Y sépase que no ponemos en bandeja de oro nuestros defectos para felicidad del hijo malo, como creen los que no nos conocen el pálpito del pecho. Decimos donde duele, porque a fuerza de tanto hablar dentro de Cuba a veces se mira como cotidiano el mal, que un buen día por pura costumbre se comienza a aceptar cual simple achaque, y eso no es sano.

Cuba es de los cubanos, de dentro y de fuera, pero de los que le quieren bien y ponen su rosario de hombre ante el altar de sus héroes, que nadie venga a decir que no se dijo, ya el general presidente, hombre sin pompa y alma pura habló: La Revolución no tiene compromiso con nadie, su compromiso es con el pueblo.

Acá, el beso de la infamia no alimentará el odio de los hombres, ni matará el sueño, ni lastimará a la madre. La Patria y la Revolución son parte del infinito y para que sea entero se ha de tener presente todo lo que junta y todo lo que empuja, a pesar de sus imperfecciones.

Al hermano malo le digo: no notáis que los odiosos del mundo, enfermos como están del malsano dinero y del egoísmo sin fe te quieren matar la madre, o es que se puede olvidar el seno donde se reclinó la primera felicidad de hombre entero. ¡Despertad!

Y si el éxtasis de esas drogas te han hecho olvidar la palmera impoluta y al padre de barba santa, pues entonces aquí está LJC, que critica el error porque debe, pero apuesta el pecho contra la mordida venenosa del hijo malo, y su pecho es de acero martiano.

Esto es todo cuanto queremos para el nuevo año, una Revolución Socialista con más swing, renovada y vigilante para que nadie le empañe el brillo limpio de la mirada, que a fuerza de decoro tiene bien ganado.

Muchos hay por ahí mirando con ojo maldito el acto superior de la Revolución, que germina y crece a pesar de la mala hierba que le rodea, de la mentira que le azuzan y de la crítica vacía que le exageran o inventan, por tan solo unos pocos billetes verdes.

Esos olvidan que esta generación de jóvenes, antes de verla tocada con una brizna, lejos de toda infamia desdeñable y mercenaria, preferiría, como quiso el trovador de unicornio y guitarra espartana, encender el cielo si es preciso por vivir.

No olvidéis que la revolución socialista es un parto de humanismo con todos y por el bien de todos, a quienes la desdeñan, pregunto: ¿Qué aman?