La revolución de las portañuelas


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Imagen de la Rectoría en la Universidad de Oriente

Por: Harold Cárdenas Lema (harold.cardenas@umcc.cu)

Para la verdad es un triunfo suficiente que la aceptemos pocos, pero buenos, su esencia no consiste en complacer a todos…” Diderot

Recuerdo el momento exacto en que escuché por primera vez del asunto, tendría yo 22 años y estaba sentado en el piso de una beca estudiantil en La Habana cuando alguno de los que como yo estaba invitado a ese evento de jóvenes, contó la primera versión. Tenía aires de rebelión y para mi espíritu rebelde fue como una inyección de adrenalina, algo me hizo escuchar atentamente y prometer que si alguna vez tenía la oportunidad, llegaría al fondo del asunto, escribiría algo sobre la revolución de las portañuelas. Hoy cumplo esa promesa pero sin mucha pretensión, seguro estoy que habrá otras miradas sobre el asunto más exactas que la mía.

Hace algunos años en la Universidad de Oriente tuvo lugar un suceso que se regó como pólvora dentro y fuera del país, una manifestación de inconformidad de los estudiantes ante la administración del centro fue utilizada con fines políticos por la prensa extranjera. En el año 2007, los blogs eran un fenómeno incipiente y nuestra prensa adolecía de mayores defectos que los actuales, pocos de los nuestros contaron lo ocurrido y las versiones que proliferaron en los grandes medios fueron las foráneas. Quizás sea hora de referirse al tema.

El entramado de relaciones que hace funcionar una universidad es muy complejo pero hay dinámicas internas en los centros educacionales que no se pueden romper y esto fue lo que ocurrió. El detonante en esta situación fue la colisión ocurrida entre las normas institucionales y las que conforman las relaciones sociológicas de los estudiantes, aunque vale la pena aclarar que el reglamento que exigía el centro era el mismo para toda la nación. El sexo y la vida en pareja forman parte de la vida cotidiana en los jóvenes, el día que se aplicaron estas regulaciones en la residencia estudiantil cuando no existía otra alternativa, se estaba creando una situación imposible.

En realidad los ánimos estaban caldeados por una acumulación de contradicciones previas, la iluminación del centro creaba un ambiente inseguro, las muchachas corrían peligro en la noche por los casos de violación ocurridos y existían problemas de comunicación con la dirección de la universidad. Si a esto se le sumaba la nueva medida que limitaba los accesos de los varones a la beca de las mujeres y viceversa, podemos advertir la tormenta perfecta en el horizonte, pero parece ser que quienes tomaban esas decisiones no lo previeron, o subestimaron la pasión de los jóvenes orientales. La historia de este país debió haberles enseñado algo.

El detonante fueron las comisiones disciplinarias que aplicaron diversas medidas por la violación del reglamento, un procedimiento legítimo, no olvidemos que existe un código para la conducta de los jóvenes. Los estatutos se aplicaban buscando proteger de los excesos a quienes por decencia, educación, desacuerdo con la promiscuidad, molestias al estudiar o muchas otras razones, veían con desagrado las prácticas de sexo en los cuartos. ¿Es posible que a las comisiones “se les fuera un poco la mano”?

Durante varios días se vivió la tensión en las aulas, los estudiantes faltaban a las clases en señal de rechazo, llegó el día en que los ánimos se caldearon y una multitud se reunió rechazando la situación. Aunque luego la prensa extranjera lo presentara como huelga y le diera un cariz político para socavar la gestión del gobierno, ese día los jóvenes y varios profesores tan solo hicieron valer el poder de las masas impugnando una medida que los afectaba.

Un punto de interés en el asunto fue la actitud que asumió la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) del centro, en el momento del diálogo entre la masa estudiantil y la rectora, el presidente de la federación llegó a decirle al público: “cállense, la FEU soy yo”. Un amigo me comenta cómo ese presidente “fue derrotado por las circunstancias” al ponerse a la defensiva y tomar partido junto a la administración.

Quizás si la FEU hubiera sido el vehículo de las insatisfacciones las cosas no se hubieran salido de control. Qué oportunidad única para que la organización que fundara Mella cumpliera su rol a cabalidad pero en vez de eso quedó como una herramienta más. Cuando poco después se hicieron las elecciones, ese presidente de los jóvenes universitarios del centro fue castigado con la no-elección, sobre todo en su facultad, en una campaña hecha abiertamente contra él. Esta actitud de la FEU contrasta con la del Partido Comunista de Cuba (PCC), el primer análisis serio sobre el asunto se inició en la organización partidista y se fue muy crítico con los funcionarios del momento.

Recuerdo que cuando me hicieron la historia por primera vez hace unos años me decían que el auto de la rectora había sido volcado, algo inexacto, fue zarandeado luego del encuentro malogrado que tuvo con la masa estudiantil. Estos mitos proliferan cuando no se asume un asunto de frente, y pueden multiplicarse con el tiempo si no se les sale al paso y se eliminan los fantasmas.

Algo que no conoce la mayoría del público fue la actitud de la FEU Nacional, Carlos Lage Codorniú, Presidente en aquellos tiempos de la organización estudiantil, le pidió a Israel Rojas que Buena Fe fuera a tocar a Santiago y así despejar el mal sabor que había quedado en muchas personas. El grupo suspendió las actividades que tenía programadas y justo cuando iba a salir para allá les avisaron que la situación estaba resuelta. Sigo pensando que hubiera sido bueno el concierto.

No faltarán los que vean con desagrado referirse a un asunto espinoso del pasado o los que incluso de manera inconsciente vean en estas líneas aquello de “darle armas al enemigo” pero los silencios hacen más daño que nada. Siempre he preferido que la historia sea contada por nosotros mismos.

En las revoluciones (y la nuestra no es excepción) cualquier manifestación contra un error administrativo es visto con una lectura política por el daño que puede hacerle a la imagen del país y el uso que hace la propaganda foránea de ello. No significa que renunciemos a ello. Si los canales y las organizaciones no cumplen su papel entonces no queda otra salida que la intervención directa, sin victimismos o dar pie a segundas intenciones. Cuando John Locke escribió sobre el derecho a manifestarse no imaginó las contradicciones que esto significaría para la construcción del Socialismo o en una Revolución.

No creo que la solución para situaciones así haya sido lo que hicieron aquellos muchachos, pero en todo caso habría que ponerse en su lugar y estudiar las alternativas. Dicho esto, la manifestación y la denuncia me parece un acto más revolucionario que guardar silencio o ser cómplice en una situación equivocada. No es de extrañar que esto haya ocurrido en la Universidad de Oriente, hoy en día este sigue siendo uno de los centros de altos estudios que más revolucionarios alberga. Me consta que Santiago sigue siendo Santiago, con todo lo que ello implica.

Después de lo ocurrido, a los estudiantes les tocó revivir el suceso en la misma fecha cada año con una marcha de reafirmación revolucionaria. Muchos comentarios han circulado desde entonces, al punto que sería muy difícil saber dónde comienza el mito y dónde se encuentra la verdad. Algunos presumen que con el paso del tiempo, algunos de los líderes en estos sucesos fueron separados de sus carreras muy discretamente, otros enfatizan en que el asunto quedó zanjado ahí y no llegó más allá. En fin, el asunto es terreno fértil para más de una investigación sociopolítica.

La revolución de las portañuelas no fue tal revolución, porque no transformó nada realmente ni tuvo las motivaciones que tienen estas. Tampoco es correcto caer en esnobismos y llamarle “de las portañuelas” porque aunque fue su detonador, fue lo más superficial y lo menos trascendente en el asunto. Este título no le hace justicia y solo lo utilizo apelando a un término conocido.

Quizás lo más interesante y útil a la hora de analizar el asunto, sea la dinámica de las relaciones de poder que se reproducen en el interior de las universidades cubanas. Estudiar la estructura y funciones de la administración, la dirección de la FEU y el estudiantado. ¿Estamos realmente a salvo de que sucesos así no vuelvan a ocurrir?

Esperemos que en el futuro no vuelva a existir una cadena de sucesos como aquellos y no se repita un hecho tan desafortunado. Esperemos que en la memoria de los universitarios que estudian en Santiago esto quede solo como una acumulación de malos procederes por las partes que estuvieron involucradas. Esperemos que la revolución de las portañuelas quede en el pasado, un suceso así no vuelva a repetirse y que los ecos de lo ocurrido, en vez de esforzarnos por olvidarlo como una página oscura, se transformen en lecciones para todas las partes implicadas.