Relaciones Prensa-Partido: El periodismo en Cuba tiene que despertar


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Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Hoy participé en el panel “La prensa del Partido”, dentro del Festival en Holguín. Mi inclusión me había sorprendido. Hasta me cuestioné si no sería demasiado atrevido que hablara sobre el tema alguien que todavía está en la Universidad y no posee tanto repertorio de anécdotas, ni la experiencia de profesionales para ilustrar deformaciones provocadas, en gran medida, por la regulación excesiva.

Me incomodaba la ausencia de funcionarios del Partido y directores de medios, de personas con tanta implicación en los problemas de la prensa como los propios periodistas y, por tanto, tan importantes como ellos en su solución. Así parecía que el destino de nuestras palabras era rebotar en la sala, rebotar y rebotar hasta que nosotros mismos las recogiéramos y bajáramos por las escaleras un poco deprimidos, porque debatir los problemas siempre entre nosotros, cocinarlos en olla tan estrecha, puede ser decepcionante.

La prensa por la prensa no existe. Gravitan demasiados factores a su alrededor, por eso se necesita la voluntad de todos para revertir la situación. Miguel Díaz Canel, Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, lo dijo en el Congreso de la Upec: “El problema no es sólo de los periodistas, ni es sólo de los medios, es del Partido en primer lugar, y nosotros también tenemos que autocriticarnos en lo que no hemos logrado para potenciar nuestra prensa, para facilitar el trabajo de nuestra prensa (…) Y es una problemática de la sociedad en sentido general”.

Al principio de mi intervención, me hice interrogantes: ¿Acaso los sujetos de la prensa y del Partido debieran convertirse en uno o la relación debiera ser tan vertical? ¿La verdad periodística siempre es igual a la verdad en política?¿Es recomendable que lo sea? ¿En las condiciones actuales, la prensa puede cumplir con su función social más profunda? ¿Puede denunciar problemas y decodificar la realidad con sentido crítico y libertad? ¿Cuántos principios, cuántos criterios existen entre ambos sujetos, y peor, cuántas diferencias? ¿Acaso es posible reflejar verdades sin apegarse de forma completa a la realidad, o al menos acercarse lo más posible? ¿Los intereses comunicativos de la prensa y el Partido son los mismos? ¿Acaso debieran serlo?

Julio García Luis en su libro “Revolución, Socialismo, Periodismo…” brinda luces sobre el asunto. Él señala que “la regulación externa debiera ser mínima y razonada, estratégica, esencial, si no, lejos de favorecer la solución de problemas, la entorpece”. En la página 144, habla de inteligencia, de creatividad y de agresividad, porque “el problema fundamental está en los cuadros, gente sin audacia”. En verdad, si él jefe no es valiente, cuántos reporteros se atreverían a serlo. El profe García Luis, fallecido recientemente, señala que la dirección partidista a veces hasta desarrolla funciones definidas en el Newsmaking. Eso es inconcebible y hasta vergonzoso, falta de respeto a la profesión periodística.

La política informativa debiera definirse dentro de los medios con la participación de todos, porque “la regulación interna se brinda las mayores posibilidades de lograr calidad y eficacia en los mensajes”. ¿Por qué no se hace? ¿Acaso no se confía en el gremio? ¿Por qué no acabamos de comprender que el silencio en nuestros medios no oculta al suceso? La gente se entera en los blogs, en las redes sociales. El amigo les lleva el post o la foto a los vecinos, al compañero de trabajo. Según datos citados por Rosa Miriam Erizalde, editora del sitio digital Cubadebate (http://www.cubadebate.cu/), la memoria flash es el principal medio de intercambio de información del 82% de los cubanos entre 11 y 24 años de edad, sólo el 18% lee periódicos.

Al propio Partido le conviene fortalecer el poder de la prensa, que es el suyo. ¿Cuánto podría favorecerle la crisis de credibilidad existente en parte de la población, o eso mismo de que ya no lean sus publicaciones impresas? El fenómeno es mucho más grande. Esa situación de malestar en la población pudiera repercutir en la dignidad y autoestima de los profesionales. ¿A quién le gusta que digan, como lo hizo Alfredo Guevara en su libro “Dialogar, Dialogar”, nuestra prensa es de palo? A cuántos podrían agradarles aquellas palabras de Guevara en encuentro con estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La habana el 5 de mayo de 2010: “No sé cómo les enseñan a hacer periodismo. No hay muchos ejemplos de gran periodismo en la Cuba de hoy, que les puedan servir de modelo”. Uno podría diferir o no, pero él también tiene sus argumentos.

¿Acaso esos problemas se resuelven con sólo desear su solución, con expresarlos, con reflejarlos en documentos? ¿Los propios periodistas estamos preparados para la libertad que pedimos? Demasiados años de orientaciones verticales han afectado la capacidad de pensar y el valor en la toma de decisiones. La mismísima Belkis Pérez Cruz, Vicepresidenta de la Unión de Periodistas de Cuba mencionó que en cierta provincia no sabían qué trabajos realizar durante una semana, porque el Partido no envió sus orientaciones de forma previa.

Comprendamos que todos formamos un mismo equipo, una tripulación que no desea naufragar. Se necesita mayor horizontalidad y estrechez en las relaciones entre el sujeto de la prensa-sujeto del Partido-el de la ciencia y la realidad. Concluyo con otra interrogante: ¿Cuán lejos puede llegar el pensamiento sin actividad cognoscitiva libre?

Tomado de: www.mirajovencuba.wordpress.com