Cuba y los Medios Informáticos Sociales. Actualización


redes_cubaPor: Nyls Gustavo Ponce Seoane

“A pensamiento es la guerra que se nos hace, ¡ganémosla a pensamiento!” José Martí.

Guiado por este principio martiano un grupo de cubanos revolucionarios constante e invariablemente ha pensado que debemos aceptar el reto, no solo de las redes internetarias, ahora en boga, sino de cualquier medio de información, como de siempre lo ha hecho La Revolución desde sus inicios. Testimonio de ello han sido Radio Habana Cuba, Prensa Latina y los Documentales del ICAIC, entre otros.

Simplemente ahora los medios de información a nivel mundial son otros y se les ha dado un vuelco condicionado por el avance y el progreso científico técnico (léase “móviles”, Wi-fi, tabletas o redes sociales como FACE Book, Twitter y otras).

Hace rato se puede leer y escuchar el cacareo de la influencia que han tenido estos nuevos medios en las revueltas de los países árabes e incluso mentes trasnochadas y adictas, estimuladas por un neoanexionismo burdo y procaz, bajo una égida pecuniaria y fiduciaria, sueñan con que en Cuba ocurra algo semejante.

Evidentemente no se han leído ese genial libro, yo diría de la historia psico – social de la nación cubana, titulado “Por el camino de la mar” ó “Nosotros los cubanos” de Guillermo Rodríguez Rivera (GRR).

Nuestra psiquis y actitudes, históricamente, tienen poco en común política y socialmente con las del mundo árabe. Pocos fundamentalistas y suicidas se encontrarán en este país. Se encontrarán, y de hecho se encuentran, cubanos por todos los cielos del mundo, de cualquier tendencia, que vuelan no para estrellarse contra ninguna edificación, por muy simbólica de un sistema que esta sea, sino para llegar a un destino o cumplir una misión determinada.

Casi lo mismo se puede decir en cuanto a manifestaciones callejeras masivas para protestar. Si acaso una minoría es la que sale o saldría, y en estos momentos podría hasta servir para el renacimiento de la trompetilla, que tanta falta hace en las actuales circunstancias. Y esto viene sucediendo desde nuestros tiempos coloniales.

El cubano, ya lo dijo GRR en su libro, si no está de acuerdo con algo, “acepta, pero no acata”, recurriendo a los más variados subterfugios para no cumplir con lo que se le trata de imponer o establecer. Es así y de ahí que, desde tiempos inmemoriales, su proceder, de acuerdo a como piensa, con lo que no está de acuerdo.

Y no confundirse: el cubano si actúa, pero de una forma muy sui géneris acorde a su idiosincrasia y a las circunstancias temporales, guiado por el apotegma martiano de que “hay que hacer en cada momento, lo que en cada momento es necesario” Es por eso que el desacuerdo con cualquier medida conlleve a que se emplee el sí búlgaro (los búlgaros, al revés de todo el mundo, cuando acentúan con la cabeza están diciendo no), ó lo que es peor aún, el hacer “metiendo línea”. A esto es lo que más se le debe temer y no a la influencia de los nuevos medios de información.

Es hora de decirlo: la negación o el rechazo hacia esas nuevas tecnologías de la información que existía por parte de la burocracia cubana antes de la llegada de Díaz Canel con su exégesis hacía estos medios, podría haber conllevado, incluso, al colapso de nuestra sociedad pues en algunos lugares se llegó al absurdo de jefes que se autocensuraron para no entrar a sitios web internacionales y obtener informaciones laborales necesarias.

Las declaraciones de Díaz Canel a favor de la blogosfera y en círculos oficiales más estrechos han comenzado a cambiar la situación. Pero desde luego, algo queda y se manifiesta la resistencia al cambio por los intereses creados.

Los que se resisten deben comprender que las nuevas tecnologías han llegado al mundo para quedarse y debemos conocerlas, utilizarlas en provecho propio en toda su variedad. Deben comprender que no deben hacer más daño limitándolas desde posiciones de un falso poder. En definitiva, son tan poderosas que no han podido detenerlas. Han penetrado, penetran y penetrarán en todos los ámbitos de nuestra sociedad, a no ser que se declare un autobloqueo total y absoluto de cierre y silencio tecnológico que dejaría chiquito al bloqueo que nos han impuesto los yanquis.

Entonces, debemos saber convivir con ellas, utilizarlas, manejarlas y aprovecharlas, y no lanzarlas por la ventana como un simple sofá. Como plasmé en mi artículo “Contra el cinismo imperial” (La Joven Cuba, 2013): debemos arrebatarle esas armas al enemigo, como se ha hecho a todo lo largo de nuestra cubana Historia.

Así las cosas, no veo el por qué de mantener el temor hacia las nuevas tecnologías y que se puedan aún tomar medidas inquisitorias torquemadianas a lo largo de nuestro territorio en algunos casos por considerar su empleo una herejía a partir de su uso en instituciones estatales que son las que poseen la mayoría de estos medios en el país.

El cubano simple no es culpable de esa realidad, y hasta teóricamente puede considerar y pensar que es el dueño de todos esos medios por lo que una censura ya completamente extemporánea no debe proceder. Esto sí le serviría más al adversario que le quiere hacer daño al país y le daría pié a utilizar las diatribas contra La Revolución con las que alimenta a sus lacayos… ¡No los alimentemos nosotros!