Teoría de la dependencia

4176-fotografia-gPor: Osmany Sánchez.  (jimmy@umcc.cu)

No se puede echar a andar un proceso social si los jóvenes no van al frente, sino asumen protagonismo. Es imposible, sin embargo, ser protagonista de un proyecto social si no se es capaz de resolver los problemas personales por sí mismos. El pasado 26 de octubre el periódico Juventud Rebelde en su sección “Acuse de recibo” publicó la carta de un padre desesperado por la situación de su hijo, inconforme por la ubicación laboral que recibió. Hay varios temas interesantes en la carta, como la integralidad por ejemplo, pero no es eso lo que nos ocupa ahora.

Me tildarían de extremista si como profesor, mandara a un estudiante universitario a venir con sus padres para discutir con ellos sus problemas de indisciplinas en el aula o sus malas notas. El propio estudiante me diría que él es mayor de edad y que es capaz de resolver sus problemas, pero la vida está demostrando otra cosa. Todos los años el rector tiene que recibir en su oficina a padres  que vienen a exponer sus inconformidades sobre la ubicación de sus hijos e incluso por otros problemas. No sé la actitud del joven médico en la carta de marras pero lo que se publica es que el padre –impedido físico además- es quien hace las gestiones.

Ese mismo médico sería capaz de viajar a miles de kilómetros de su casa a salvar vidas, en un país diferente, sin embargo, no puede resolver –personalmente- sus propios problemas en casa. Los mismos jóvenes que andan de fiestas hasta las cinco de la mañana luego van con su madre a un turno médico o para matricular en la escuela. ¿Serán capaces esos jóvenes o los que vemos en pequeños grupos, enajenados alrededor del reggaetón de un teléfono celular, capaces de llevar adelante nuestro proyecto social?

Con apenas 22 años murió Frank País, batiéndose a tiros  con los esbirros en Santiago de Cuba. Un mes antes había sido asesinado su hermano Josué de 20 años. Julio Antonio Mella cayó asesinado por la dictadura de Gerardo Machado con 26 años y algunos de los artilleros antiaéreos de Girón tenían solo 14 años. Muchos de los combatientes internacionalistas que escribieron páginas gloriosas en Angola contaban con 18 años. ¿Qué ha pasado entonces con nuestros jóvenes, nos hemos quedado sin héroes? ¿La apatía fue finalmente la vencedora?

Lamentablemente la apatía ha ganado batallas –quiero pensar que aún no la guerra- el paternalismo por un lado y la difícil situación económica por el otro han llevado a muchos de nuestros jóvenes a desentenderse, a dar un paso al lado –algunos atrás- y no querer ser protagonistas de nuestro proyecto social. Reclamamos espacio, queremos que se nos consulte, pero no asumimos un cargo en la brigada de la FEU o en el Comité de la Base de la UJC por no decir en los CDR o en la FMC. Les exigimos, con razón o no, a lo que nos dirigen, a los de “arriba”, pero no nos damos cuenta de la importancia de que la transformación comience desde abajo, cambiando lo que nos rodea.

Decenas de miles de personas estaban bailando en los carnavales de Santiago de Cuba cuando  131 jóvenes arriesgaron su vida en el ataque al Cuartel  Moncada. Si en la acción no participaron más, no fue porque les faltara motivación, pues muchos se incorporaron a los pocos días o semanas a la lucha insurreccionar. No participaron porque no fueron convocados y eso es algo que estamos pasando por alto: la convocatoria.

Citar a los jóvenes para una actividad no es convocarlos, mucho menos cuando las actividades se preparan siguiendo guiones obsoletos o pensadas según los intereses de los organizadores y no de las personas a las que están destinadas. Cuando los resultados no son los esperados entonces se acude al comodín: tienen problemas políticos. No se puede seguir midiendo el éxito de las actividades por la cantidad de jóvenes que asisten sino de los que participan, que no es lo mismo.

Hace treinta años se enamoraba a las mujeres con un poema de José Ángel Buesa sin embargo le dirán cursi al que lo haga ahora y no porque las mujeres tengan problemas ideológicos sino porque los tiempos son distintos. Tenemos que hacer entonces cosas diferentes.