Pilón ¿Desarrollo local o la quinta pata al gato?

PilónCuba

Julio César Pérez Verdecia (julio.verdecia@umcc.cu)
Amurallado tras la Sierra Maestra nació Pilón. Pueblito que desde sus inicios en 1902, respiró por las siete chimeneas del central Cape Cruz. Con la Revolución el pueblo tuvo lo que tenía que tener, pero al pasar de los años perdió lamentablemente mucho de todo lo logrado.

Con el triunfo revolucionario, vio la alfabetización con ojos de luz, como vio feliz la construcción del primer complejo deportivo de montaña, y años más tarde la de un moderno hospital, una flamante sala de rehabilitación y una policlínica integral, sin contar las muchas casas de médicos de la familia desplegadas por los barrios.

Suma en la lista una cooperativa pesquera nacida al unísono de una comunidad para los pescadores que laboraban en ella, junto a seis edificios comunitarios. Así, año tras año el pueblo adquiriría una nueva dimensión.

El Órgano del Poder Popular entre 1970 y 1988 promovió desde lo local la construcción de una fábrica de mosaicos, una de bloques, una lavadora de arena, una moledora de piedra con su cantera, una ladrillera con capacidad productiva de un millón anual de unidades y una planta de asfalto.

Se acondicionó además, la playa de arena blanca de Punta de Hicacos para uso de los naturales, así como la construcción por estrategia nacional de dos hoteles y una villa para fines turísticos.

Después del 1988 inició un proceso de estancamiento que se agudizó en la década de los noventa caracterizado por la pérdida de importantes objetivos económicos y sociales, como por ejemplo: el cierre del restaurant El Coral, único de su tipo. De ocho fábricas conserveras artesanales de la industria local solo queda una. Se dejó perder la bloquera y se deprimió la producción de mosaicos.
La fábrica de ladrillo está prácticamente destruida. Los yacimientos de canto, estudiados y localizados por interés estatal décadas atrás nunca fueron explotados. La fábrica de asfalto dejó de existir desde hace mucho a pesar de la situación deplorable de los viales; igual pasó con la cooperativa pesquera, reorganizada una parte de ella en el municipio Niquero.
Las instalaciones de la playa de Punta de Hicacos fueron demolidas, pues construirían nuevas instalaciones, que nunca se acometieron. La base de campismo Los Coquitos ya casi terminada, fue abandonada y luego depredada. Sus restos contaminan todavía áreas del Parque Nacional Desembarco del Granma. La lavadora de arena fue retirada recientemente del municipio.

No podría olvidar que fue desmontado el central por cuestiones estratégicas -al que le habían instalado una caldera nueva cuyo costo ascendió a más de un millón de pesos, y que nunca se usó. Igualmente no se cumplió de forma cabal el proceso de reconversión azucarera programado, tampoco se hizo un estudio sociológico de las expectativas de los habitantes en torno a dicho proceso y sus complejas consecuencias.

Sin ánimo de crítica estéril, me pregunto: ¿Es Pilón un Macondo con la maldición de la anarquía? No lo creo. ¿Pero a dónde fue a parar el planeamiento científico sobre el que se basa todo desarrollo local? ¿Es todavía el tema desarrollo local una asignatura pendiente de las instancias de gobierno a nivel municipal al sur de Granma? ¿Hasta qué punto no?

¿La responsabilidad de este retroceso es únicamente por la crisis de período especial o el factor subjetivo determinó en su mayoría? ¿Es sólo el caso de Pilón, donde el muelle se perdió prácticamente sin importarle a nadie y, donde la población de cocoteros afectada alguna vez por una epidemia nunca se reforestó cómo debía?

¿Por qué no aprovechar las potencialidades de los actores y sujetos sociales con el desarrollo de proyectos que permitan desde su protagonismo para revertir la situación como ya lo viene haciendo la dirección de Flora y Fauna?

Es necesario remarcar las estrategias y retomar con nuevos aires los viejos caminos. Todavía se puedan recuperar viejos proyectos, como las catorce hectáreas que antes estaban destinadas a producir uva y vino, que bien podrían rescatarse y multiplicarse para funcionar como fuente de empleo alternativa.

En lo futuro debería producirse un mayor acercamiento de la sede central de la Universidad de Granma para una asesoría más concreta y objetiva en este campo porque lo hecho no es suficiente, verdad. Es momento para el cambio de mentalidad, en ello va la realización social y el desarrollo integral del municipio, la provincia y el país.

El desarrollo local puede revitalizar las alas de muchos de los proyectos cegados por las carencias del período especial y la mediocridad humana. Muchos municipios y provincias ya lo vienen haciendo. A Pilón, que nunca le faltaron poetas, tampoco le faltarán sabios, ni mujeres ni hombres dispuestos a contribuir desde lo endógeno a su necesaria e indispensable transformación.
Sé que las autoridades locales no tiene que sentirse culpable por los errores cometidos en el pasado, pero sí debe sentir el derecho, la responsabilidad y el deber de subsanarlos, estimulando la participación de todos. Si lograra rescatar lo que es posible rescatar y crear valores durables y de alta calidad. ¡Ya se habrá triunfado!