Exilio es renunciar; emigrar es no cerrar la puerta


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Hace apenas unos días una persona muy querida se despidió en Facebook como: “Saludos desde el exilio”. Ella está ahora en los Estados Unidos porque fue a vivir con sus hijos, entra a Cuba cuando lo desea sin el menor problema, en fin que una vez más se demuestra la particularidad del “exilio” Cubano.

Son los cubanos los únicos exiliados que van de vacaciones a su país de origen. Reproduzco aquí este magnífico artículo que se publicó en Progreso Semanal.

Por: Jorge de Armas • 30 octubre, 2013

Hace unos días, porque la curiosidad y el sentir lo propio no están reñidas, la periodista cubana Milena Recio lanzó unas cuantas preguntas necesarias. No es difícil entender que para comprenderse en el ser, también es necesario saberse en el otro, y que el reordenamiento del mapa de relaciones de la Nación cubana está mucho más allá de incomodidades añejas o retóricas vencidas.

Estas fueron sus preguntas:

¿Qué quiere decir vivir en el exilio? ¿Por qué unos viven en la emigración y otros en el exilio? ¿Por qué si salieron de Cuba más o menos en las mismas circunstancias y más o menos por los mismos motivos? ¿Toda emigración económica es en el fondo política? ¿La diferencia entre (ser) emigrado y (estar) exiliado es subjetiva? ¿La define el propio sujeto cuando analiza su circunstancia? ¿Los demás qué hacemos? ¿Nos atenemos a esta autovaloración?

La vocación de los enemigos de Cuba ha sido inventar una Isla deslocalizada.  Miami, más allá del lugar de asentamiento del emigrado cubano, ha intentado ser la paralelización de la sociedad cubana, la otra Cuba, la que pudo ser.  Miami es un experimento donde alcaldes, comisionados, Fundaciones, Comités, Partidos y comparsas de carnaval, emulan a las de allá bajo el adjetivo manipulado de: “en libertad”

En Miami, existe la tendencia a sobrevalorar cualquier acción.  Un sentimiento arraigado en los primeros cubanos que llegaron aquí es pensar que ejercen algún tipo de presión sobre la sociedad cubana actual, y si algo ha definido el proyecto socialista cubano, es precisamente que no ha realizado ejercicios ni micro ni macro políticos, pensando en la masa de emigrados que vive, o en Miami, o en cualquier otra parte del mundo.

No hay otra Cuba fuera de las fronteras del archipiélago, que nadie se llame a engaño, la única Cuba terrenal está allá. La otra, la nuestra y personal, viaja con cada uno de nosotros. Pero ni las construcciones ficticias como la Pequeña Habana o el Parque del Dominó, recuerdan al Malecón.  Ni siquiera su réplica mediocre en la Ermita de la Caridad pueden recrear el aroma de ciudad que intenta remedar.

Exilio es una palabra, nada más.  Literalmente significa estar alejado de tu Patria. Si la interpretamos geográficamente, Cuba tiene más de dos millones de exiliados.  Pero la palabra también es lo que connota, y exilio se ha establecido como la sustantivización politizada de “estar en contra”

El cubano se ha ido de su tierra por más de dos millones de razones, económicas en su mayoría, políticas también, negarlo es mentir y ser históricamente incongruente. El “exilio histórico” existe, y en su existencia evidencia la certeza de un proceso soberano y auténtico como el cubano.

El proceso revolucionario cubano generó oposición, tanto política como armada. Las mismas tendencias que se manifestaron en los primeros años de la Revolución se reprodujeron en el Miami de los sesenta. Aquí hubo tiroteos callejeros entre miembros del 26, contrarios a Fidel, y batistianos.  Hoy, aún, muchos de ellos no se hablan, no coinciden, son fieles a su pensamiento.

Por suerte Cuba también lo es.

Pero el exilio histórico es un hecho, existe, es una evidencia también de que el cambio en Cuba es irreversible, obra de una nación con una vocación de soberanía, de independencia, que se adaptará a los tiempos y cambiará, como toda sociedad madura.

Vivir en el exilio es renunciar a lo que eres, dejarte en una amalgama obtusa de sinrazones, es simplemente, no ser. Emigrar es no cerrar jamás la puerta, es darte una vuelta acompañado de nostalgias, plegarias, seguir caminando sobre adoquines en el asfalto brutal del desarrollo.

Unos quieren ser mito, otros siguen siendo pueblo, he ahí una diferencia.  Quien intenta ayudar desde aquí a los suyos, nunca renunció, aunque unos cuantos se empeñen en gritar que cien dólares al mes es una forma de ayudar a Castro. El sujeto piensa como vive, pero en Miami, la nostalgia principal, la que más escuchas, es cuando una madre llora porque su hijo no disfruta de lo mismo que ella.

Y eso pasaba allá, lloramos por lo mismo, por lo que no tenemos, por lo que no podemos darle a un ser querido.

La única respuesta es que no somos tan diferentes.

Por supuesto que la depauperación de las condiciones económicas, los evidentes errores programáticos devenidos de la burocracia excesiva de los gestores del proyecto, y la necesidad humana de progreso, han propiciado una emigración magnificada para el caso cubano, pero que, en esencia, no es tan diferente del modelo mexicano, del de la Europa del Este, o del chino.

Emigrar sólo, y lo voy a decir muy claramente, emigrar sólo en Miami, y si eres cubano,  significa estar en contra.

Es tarea del gobierno cubano propiciar oportunidades tanto personales como profesionales para la realización plena de sus ciudadanos. La Reforma a la Ley Migratoria, aunque parcial, es un paso positivo. No basta con exigir abolir la Ley de Ajuste Cubano y denunciar la emigración ilegal; evitar concebir la emigración como problema permanente atañe, fundamentalmente al gobierno cubano, no al norteamericano.

Eliminar cualquier traba reduce argumentos. Una forma de propiciar un intercambio justo entre todos los cubanos sería favorecer la participación de su masa emigrada en el debate nacional, eliminar ciudadanos de “segunda”, restaurar derechos, sentirnos como parte.

Sólo así estaremos en presencia de una sociedad madura y plena, “con todos y para el bien de todos”.

Toamdo de Progreso Semanal