Los molinos de Darío


dario
Claudio, Darío, Harold, Alejandro Ulloa, Carlos Alberto y Roberto respectivamente…

Por: Harold Cárdenas Lema (harold.cardenas@umcc.cu)

Siempre he preferido a los transgresores, los pecadores, los que se equivocan pero lo hacen en la primera línea, los que no temen arriesgar por una causa que parezca justa. Tengo un amigo que es de estos eternos inconformes, que en un contexto de apatía política y juventud descomprometida, es de los que se atreven. Tengo un amigo llamado Darío y en estos días, los molinos parecen regresar nuevamente a cobrarle el atrevimiento.

Como el Quijote, está dotado de un mesianismo noble, eso lo llevó a publicar recientemente un artículo sobre la pornografía en las aulas cubanas, una realidad muy escasa pero existente. Si tan solo él lo hubiera plasmado así, acompañado de matices e investigación, se hubiera ahorrado mucho de lo que acontece ahora, pero la pasión es uno de los motores que mueve al bloguero. No toca hablar de su escrito, que es algo puntual porque Darío sabe escribir, lo ha hecho mucho mejor en otras ocasiones. Juzgarlo solo por este último sería una simpleza injusta, y es lo que más temo que ocurra.

Tampoco es su primera batalla, sus amigos y familia saben de las peleas que tanto le han costado en el pasado. Algunos suponen malicia o soberbia en su escrito y su actitud posterior, yo creo conocerlo. Hay que sentir empatía suficiente para ponerse en el lugar de las personas y entender que cuando se está en una situación así el componente emocional supera al racional. El tiempo dirá la última palabra pero yo apuesto por él.

En estos días se ve una tormenta en el horizonte que, en forma de Consejo Disciplinario, amenaza a Darío como estudiante de periodismo en la Universidad de La Habana. Bien podría hacer lo que aconsejan muchos y esperar a un veredicto pero mi país me ha enseñado a ser proactivo. Lo que está en juego no es un blog o un artículo específico de los muchos que escribimos los blogueros, se trata del presente y futuro de un muchacho que en vez de patinar por las calles de La Habana o dedicarse a los videojuegos, en la Jornada por los Cinco era de los primeros con una cinta amarilla en su facultad.

Darío es culpable de una sola cosa: no escribir a la altura de su capacidad y haberlo hecho a la ligera, la mayor parte de la responsabilidad no cae sobre sus hombros sino en los protagonistas de su artículo. Esos son los culpables que habría que analizar y no he visto que nadie haya movido un dedo en ese sentido.

Independientemente de las debilidades del post y sus consecuencias, también está en juego el derecho del ciudadano a expresar una opinión, incluso a equivocarse, creo que hasta Raúl dijo no hace mucho que había que dar margen al error. Pues Darío se equivocó… ¿quién no lo ha hecho? El primer escarmiento que recibe es la desaprobación de sus amigos cuando le dicen que él es mejor que eso, pero lamentablemente vivimos en una realidad en la que se buscan represalias siempre que hay un error.

Recuerdo a un funcionario en Matanzas preguntar hace casi un año, qué medida concreta se nos había aplicado a los muchachos de La Joven Cuba por “lo que habíamos hecho”, como si bloquear el blog no fuera suficiente, a veces algunos piden sangre y esta vez le tocó a Darío. Por otro lado, este caso nos recuerda la responsabilidad que tenemos los blogueros, que cuando escribimos no lo hacemos solo a nombre propio, como debería ser y es en el resto del mundo. Escribimos también a nombre de nuestra cuadra o nuestro amigos que no tienen Internet, eso implica leer bien cada línea.

Sería muy triste ver una sanción administrativa por su post, recientemente Robertico Carcassés hizo declaraciones públicas a una escala mucho mayor y por suerte no hubo represalias, en ese momento me esperanzó que este país madurara políticamente, ahora este caso amenaza con tener un final distinto. ¿Acaso hay que ser una figura pública para que se imponga el sentido común?

Algo ha cambiado en Cuba en comparación con las experiencias anteriores en que se le aplicaban medidas injustas a los blogueros con total impunidad: tenemos a Blogosfera Cuba. Una comunidad mediante la cual ya no nos  sentimos tan vulnerables como antes, mediante la cual podemos responder de forma responsable a fenómenos como este.  En este caso se juzga no solo a Darío, sino que se puede poner en tela de juicio nuestro derecho a existir como ciudadanos virtuales con pensamiento crítico, nuestro derecho al error. Sin que esto se interprete como impunidad para los blogueros, la respuesta a las equivocaciones debe ser mesurada, y parece que no lo va siendo.

Tengo un amigo llamado Darío y en estos días, los molinos parecen regresar nuevamente a cobrarle el atrevimiento. Como el Quijote, se enfrenta a todo aquello que merezca una batalla, han sido muchas. Su propio nombre evoca al rey persa que libró mil guerras y terminó perdiendo. Este no puede ser el caso, la derrota de Darío sería la de todos nosotros y al final, aunque nuestros métodos varíen en ocasiones, los molinos de Darío son iguales a los míos. Veremos qué pasa, mientras tanto, cuenta con mis modestos esfuerzos y, estoy seguro, de muchos otros amigos.