Breves notas sobre reconciliación nacional


mercenario-cubaPor: Osmany Sánchez (jimmy@umcc.cu)

En una ocasión un amigo se incomodó conmigo porque le dije que no podíamos ser ingenuos, esa palabra le molesta y no carece de razón, muchas veces la escuchamos en reuniones donde a falta de argumentos pues nos dicen que no podemos ser ingenuos y con eso se da por zanjado el asunto. Cuando hace unos días vi el llamado que alguien hacía a la “reconciliación nacional” no me quedó más remedio que emplear –con el perdón de mi amigo- el término ingenuo para referirme a su autor.

En múltiples ocasiones y por disimiles vías nos han propuesto a los miembros de La Joven Cuba que tengamos un encuentro con los llamados “disidentes” para intercambiar ideas y opiniones sobre el presente y el futuro de Cuba. Siempre –apuntan- con respeto mutuo, en nombre de la democracia y la libertad de expresión. No pretendo definir si hacerlo es correcto o no, esa es una decisión que debe tomar cada cual, solo voy a dar mi opinión sobre el tema.

Creo que Cuba puede y debe abrir sus brazos a todos aquellos que un día emigraron buscando mejores oportunidades económicas y que quizás hoy esperen la oportunidad de regresar y reintegrarse a su profesión, aportando con ello al país. Hacerlo, lejos de perjudicarla, la engrandece. Cuántos ingenieros, científicos, profesores, etc, andan hoy por el mundo desempeñándose en otro tipo de trabajos, subutilizando así el talento que la propia Revolución les ayudó a desarrollar. La tozudez no los debe mantener lejos de su patria. No es más patriota un funcionario corrupto solo por quedarse en Cuba como tampoco es menos digno otro cubano solo porque un día decidió emigrar.

Creo que esa sería la verdadera reconciliación, no las declaraciones, ni los discursos rimbombantes sino dar la oportunidad a que los cubanos que están fuera se incorporen a la construcción de un país cada día mejor, sin renunciar a nuestras conquistas. No todos los cubanos sin embargo persiguen los mismos objetivos, no siempre quieren lo mejor para el país y ahí es donde algunos se confunden.

Está demostrado que el gobierno de los Estados Unidos organiza y controla a la contrarrevolución dentro de Cuba. El reconocimiento público de las partidas millonarias destinadas a ese fin y los cheques firmados por los “disidentes” que han aparecido publicados en la web lo demuestra, pero si existiera alguna duda de las verdaderas intenciones de estas personas, entonces bastaría ver quiénes son sus aliados. Dime con quién andas y te diré quién eres.

Cuando los “disidentes” visitan los Estados Unidos no faltan las reuniones con estos personajes, reciben premios de personas como Diego Suárez que ha pedido repetidamente que los marines invadan Cuba o de Ninoska Pérez, una histérica defensora del asesino Posada Carriles. Es imposible que asuman públicamente que Carriles es un asesino y que los Cinco son luchadores antiterroristas cuando entre sus visitas en Miami está un recorrido por Radio Mambí, hogar de la más rabiosa fauna anticubana, protectora de terroristas y promotora de actos violentos contra nuestro país.

Joaquín Méndez fue el único cubano-americano entre todos los abogados nombrados por la jueza en el juicio contra los Cinco. Para él aceptar la causa significaba un problema pues su padre era lo que algunos llamarían un “profundo anticastrista”. Cuando Joaquín le contó a su padre que había aceptado el caso, este le preguntó: ¿los agentes presos actuaban en los Estados Unidos por dinero? “No –respondió Joaquín-  ellos afirman que estaban aquí para proteger a Cuba”. La respuesta del padre fue “Entonces acepta la causa”. Aquel día Joaquín comprendió que su padre detestaba a Fidel Casto pero abominaba a los mercenarios.

Volviendo al principio. No temo ni evito el debate con cualquiera que tenga una opinión diferente a la mía, mientras que sea una persona honesta y defienda sus puntos de vistas con argumentos válidos. No tengo nada que hablar con los que reciben dinero del mismo gobierno que tanto daño le ha causado y causa aun a nuestro país. Cuando se alarga la mano para dar de comer a un perro rabioso, generalmente se recibe una mordida. Para mí, aunque la palabra a veces nos suene a cliché y tenga cierto desgaste, no son más que mercenarios.