La historia de un absurdo

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¿Están locas las vacas o los dueños?

Por: Roberto G. Peralo (roberto.peralo@umcc.cu)

Cómo describir semejante espectáculo: una muchedumbre de aproximadamente veinte personas rodeando dos vacas, mirando atónitos cómo les rociaban petróleo y prendían fuego. Las occisas no tenían una rara enfermedad, todo lo contrario, se encontraban muy saludables. Esta es la historia de dos vacas que no estaban locas, no tenían nada que ver con Hatuey ni estaban acusadas de brujería.

Momentos antes de presenciar tan desafortunada escena me tropecé con el propietario de esos infortunados animales, un guajiro con el cual me unen lazos familiares, que ama su trabajo, muy alegre y dicharachero.

Pero en este encuentro noté disgusto y frustración en su rostro. Me comenta que dos de sus mejores vacas en ordeño habían tropezado con un cable de electricidad que se encontraba en el suelo, debido a una tormenta del día anterior y “las mató al palo”. Iba rumbo a informarles a las autoridades competentes para proceder con lo que está establecido en estos casos.

Fue entonces que conocí la realidad de un procedimiento legislado en el país, según el decreto ley 225 esas vacas, que se encuentran en perfecto estado de salud y por cualquier motivo fallecen, deben ser incineradas en presencia de una autoridad competente para que certifique la cremación del cadáver.

Cuando presenciaba aquellas 200 libras de carne de res consumiéndose por el fuego, le pregunté a la “autoridad competente”, por qué tenían que desperdiciar el tan necesario alimento. Me explica que los propietarios de ganado mayor solo pueden vender sus reses para que sean sacrificadas y convertidas en carne y demás derivados al Estado, el único autorizado para comercializar dicho alimento. El gestor para esta actividad económica es la Empresa Cárnica (CAN) y la misma solo compra ganado vivo. El ganado que no cumpla este requisito tiene que ser incinerado.

El oficio de la ganadería es uno de los más duros y abnegados que conozco. El campesino tiene que estar ordeñando sus vacas a las tres de la madrugada de domingo a domingo. En este oficio no existen los 25 de diciembre, ni los 26 de julio, ni el primero de mayo, ni el 10 de octubre, la palabra vacaciones no existe. Para colmo, hay que estarlas vigilando constantemente porque si se las roban luego hay que pagarlas.

Presenciando aquel espectáculo recordé cuando me vi obligado a acudir al mercado negro para comprar 5 libras de carne de res con el objetivo de subirle la hemoglobina a mi esposa, fue en uno de los momentos más delicados del período de su embarazo, la tenía por debajo de 11 puntos, límite mínimo establecido por los médicos porque puede afectar el buen desarrollo del feto. Donde único la comercializan de forma legal es en las tienda de divisa y a un precio prohibitivo para mi economía.

Pero el colmo del absurdo es cuando ese campesino que me ayudó a comprar de forma ilegal esa carne, es el que contempla a mi lado como más de 200 libras de res de su propiedad son incineradas. Sus últimas palabras aquel día fueron “¿quién me puede explicar a mí y convencerme que esto es correcto?”

¿Cómo es posible que el dueño y propietario de una res tenga que acudir al mercado negro para comprar la carne que está obligado a quemar por ley?

Un país donde se tienen que importar 2 mil millones de dólares en alimentos cada año y encontrándose en una crisis económica. ¿Será lógico que una resolución establezca que un alimento tan necesario sea desperdiciado?

¿Qué motivación podrá sentir un ganadero para producir con eficiencia alimentos cuando no se siente dueño de sus medios de producción?

Es posible que la ley tenga que ver con sucesos conocidos en los que los dueños de las reses las matan bajo el pretexto de un “accidente” para luego comerlas, es posible que la ley tenga algo que ver con higiene, lo que sí no es posible es que se desperdicie algo que este país no tiene.

Debemos ir a la causa del problema, que no es el que compra la carne ilegal, ni el que la vende, ni el que se la roba, es que las regulaciones y leyes han creado una madeja que convierte la ganadería en Cuba en algo muy difícil de llevar exitosamente. Llevamos más de 20 años persiguiendo y encarcelando a las personas que violan la ley y el problema persiste. ¿No es más inteligente crear condiciones para que esto no sea necesario?

Muchas de estas causas las provocan las prohibiciones y resoluciones que fueron emitidas con un objetivo y en realidad están creando el efecto contrario. Creo que es un buen momento para revisar estas y crear mecanismos para que un guajiro cubano no tenga que presenciar nunca más cómo su sacrificio, su trabajo y su esfuerzo, son consumidos por las llamas.

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