Amnesia Colectiva


amnesia-colectivaPor: Harold Cárdenas Lema (harold.cardenas@umcc.cu)

 “No quisiera que las cosas tomen rumbo equivocado, y sepulten mis creencias, mis raíces, mi pasado…” X Alfonso

Vivimos en los tiempos de la amnesia colectiva, la Posmodernidad llegó a Cuba junto al Período Especial y juntas se encargaron de hacernos olvidar muchas cosas. El contexto nos obligó a hacer tabula rasa y nos dejamos seducir (in)conscientemente. Un país sin memoria es un país sin futuro pero aún estamos a tiempo de encontrar en el pasado algunas pistas para enrumbar la nación.

He venido escribiendo últimamente sobre esto, un artículo sobre el bloqueo que en su cotidianidad de medio siglo nos hace olvidar que existe pero sigue implacable como nunca en su doble expresión, ambas dolorosas e impunes. Hubo otro sobre Stalin y la expresión del estalinismo en Cuba que pocos mencionan pero muchos sufrimos, sería fácil señalar con el dedo actitudes y técnicas de dirección heredadas de lo más negativo del pasado soviético.

Escribí un post sobre Fidel con mirada crítica, motivado por la preocupación de que ocurra en Cuba como en otras naciones y cuando llegue el momento de analizar su figura en todas sus dimensiones, de manera racional y no emocional, se vaya al extremo de la hipercrítica olvidando su obra y consagración al servicio del pueblo. La reacción de algunos de mis amigos me demostró que quizás nuestro país no está listo para ello todavía, lo respeto, tratemos entonces de tener la cultura política suficiente para que cuando llegue el día, lo hagamos con justeza.

Todos son artículos que tienen en cuenta el pasado para interpretar nuestra realidad actual, el que los escribe y quien los lee estarán marcados por sus experiencias de vida, es entonces que debemos echar a un lado los prejuicios y apelar a la empatía, ponerse en el lugar del otro para entender por qué piensa así, sin olvidar nuestra individualidad. La amnesia colectiva debe ser sustituida por la memoria histórica, el recuerdo de lo ocurrido con todas sus luces y sombras.

Nadie me podrá hacer olvidar mi circunstancia, los apagones que marcaron mi niñez, el clamor del barrio cuando llegaba la electricidad, los envoltorios de colores que coleccionábamos en la enseñanza primaria como si fueran álbumes de filatelia, las latas de cerveza y refresco que coleccionábamos en el barrio como trofeos y quedaban fuera de nuestro alcance económico. No puedo olvidar nada de eso, va conmigo donde quiera que voy y está en cada palabra que escribo.

Cada uno tiene sus demonios, obsesiones y guerras que librar. Los cubanos estamos tan sumidos en la cotidianidad y la lucha diaria por alimentar a la familia que ya no hablamos con la misma vehemencia sobre grandes proyectos sociales, ya no soñamos como antes, las utopías y la confianza en el futuro quedaron relegadas por la irrupción del individualismo.

El orgullo histórico de ser la isla que se enfrentó medio siglo a la mayor potencia del mundo se menciona muy poco, las carencias ocupan nuestras conversaciones y perdemos de vista nuestros logros, que por costumbre ya se dan por sentado. Como si nuestro nivel de sanidad, escolaridad, o seguridad pública fueran comunes en un país latinoamericano. En la búsqueda de lo que nos falta podemos perder el camino avanzado y ahí es cuando el olvido puede resultar fatal.

Vivimos en los tiempos de la amnesia colectiva, en un país que tiene un rumbo incierto, con un destino que está en nuestras manos y capacidad de aprender de los errores. Busquemos entonces que nuestros demonios, obsesiones y guerras que librar, favorezcan al bien común. Que de aquí a unos años la amnesia colectiva sea una dolencia temporal superada por la memoria histórica. Y lo único que hayamos olvidado, sea la enfermedad misma.