Stalin: las huellas en Cuba (II)

stalin-cubaPor: Harold Cárdenas Lema (harold.cardenas@umcc.cu)

Continuación de: Stalin: la perversión de la Utopía (I)

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, se dijo que habían muerto siete millones de soviéticos en la Gran Guerra Patria, no fue hasta que se desclasificaron los documentos de la época que se supo la cifra real de 26 millones de fallecidos. Los errores continuarían, la propaganda nacional además de exagerar los logros de la nación influyó decisivamente en la política y la filosofía. En ese entonces la ciencia, la cultura, la economía y muchas otras aristas de esa sociedad estaban completamente secuestradas por la clase dirigente.

Stalin no fue el culpable del posterior derrumbe del campo socialista pero sin duda fue el punto de ruptura que marcó el comienzo del fin. Trotsky diría que fue un mero apparatchik, un miembro de la burocracia partidaria que trepando hábilmente por la escalera jerárquica terminó encaramándose en el poder para apropiárselo en forma exclusiva. Este es un peligro existente en cada experiencia socialista, los cubanos no somos la excepción.

La influencia del estalinismo en Cuba resulta difícil de cuantificar pero se pueden advertir algunos de sus síntomas en un análisis que debe tener en cuenta constantemente el contexto en que se han desarrollado los procesos. Su influencia fue determinante en el Primer Partido Comunista y el Partido Socialista Popular (PSP), cuando no se escatimaban adjetivos apologéticos para nombrarlo e incluso las acciones más descabelladas debían tener una explicación porque “Stalin no se equivoca”. Después de 1965 el Partido Comunista de Cuba mostraba un menor influjo pero aún así se veían las huellas. Esto ha perdurado hasta el día de hoy de una manera u otra.

No podemos olvidar tampoco que muchos de nuestros funcionarios estudiaron en la URSS y aprendieron a reproducir esa formación recibida. Incluso el que no salió de Cuba se formó en nuestro país utilizando un “ladrillo ruso” (como les llamara el Che a los textos soviéticos) que les enseñó una filosofía, historia o economía completamente tergiversadas. Podría seguir poniendo ejemplos una y otra vez, un amigo me dice que si quiero referirme al estalinismo en Cuba con salir a la calle y sacar una foto cualquiera basta, obviamente exagera, este país es mucho más que eso y la prueba de ello es que todavía seguimos aquí.

El modelo de dirección verticalista que todavía sufrimos es resultado directo de esa influencia, es recurrente ver cómo en cualquier esfera de nuestra realidad a menudo no se dice lo que ocurre realmente sino lo que se supone que el jefe inmediato desee escuchar. Esto resulta fatal porque esa suposición lastra el funcionamiento del país cuando el periodista del periódico edulcora su artículo o el dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) falsea las cifras sobre el funcionamiento de su organización.

Otra herencia de Stalin se manifiesta en la utilización de los cuadros profesionales, que en ocasiones se mueven de un lugar a otro sin tener ningún conocimiento previo sobre el área que van a dirigir, se asemeja mucho al fenómeno soviético de los apparatchik, o “agentes del aparato gubernamental”. Durante mucho tiempo hemos confiado puestos claves a personas que si bien pueden ser “confiables”, no son idóneas por su escasa preparación en el área. Cuando Lenin se refirió a los “revolucionarios profesionales” no se refería a eso precisamente.

La esclerosis es un síntoma de deterioro del organismo, una enfermedad degenerativa que anuncia una espiral descendente biológicamente hablando. Stalin enfermó a su país y dio al traste con los sueños de muchos, hagamos todo lo posible para que eso no ocurra también aquí, que las huellas del estalinismo no se vuelvan a ver en nuestra isla.

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