El principio de la incertidumbre


incertidumbre Por: Harold Cárdenas Lema (harold.cardenas@umcc.cu)

En 1926 el científico alemán Werner Heisenberg formuló su famoso principio de incertidumbre que se refiere a la imposibilidad de medir simultáneamente la posición y velocidad de las partículas. Siguiendo esa lógica, los cubanos estamos en un estado semejante, nos resulta difícil determinar con precisión dónde estamos y hacia dónde vamos.

Conocemos ese sentimiento, entre los escombros del muro de Berlín yacen las certezas que durante décadas pudimos tener y luego se transformaron en inseguridades. Los paradigmas del pasado dejaron en su lugar muchas preguntas, los modelos a seguir fueron olvidados y la llegada del hombre nuevo se pospuso, cuando creíamos que ya había llegado.

Debo aclarar que cierto grado de incertidumbre está implícito en todo proceso revolucionario, como tantas veces a lo largo de la historia, los sujetos de tales movimientos sociales sufrirán avances y retrocesos en muchas ocasiones antes de tener el resultado anhelado. Hace un tiempo me contaron en tono de chiste que la etapa más difícil en la construcción del Socialismo son los primeros 500 años…tuve que responder con una sonrisa dolorosa.

Durante un tiempo me pregunté cómo fue que los cubanos logramos sobrevivir al Período Especial de los 90, o al menos cómo fue que se mantuvo la unidad en momentos tan difíciles, fueron varias las causas pero destaco una en este momento: creíamos que se podía regresar atrás. En los 90 queríamos regresar al nivel de vida que existía en los 80 y esa meta lo hacía todo posible, aún los beneficios de la década anterior estaban frescos en nuestra memoria.

La incertidumbre comenzó cuando comprendimos que las desigualdades sociales habían llegado para quedarse y más que hacerle resistencia, había que adaptarse al cambio. En ese proceso de adaptación hemos sacrificado valores, empeñado nuestras vidas y vimos partir a numerosos coterráneos. El costo ha sido alto, quizás mayor de lo que pensábamos pero ese ha sido el objetivo de los que sabotean nuestros esfuerzos. Ellos, a quienes evito llamar “el enemigo” por ser una frase gastada aunque lo sean realmente, buscan que en la construcción de una nueva sociedad el precio a pagar sea mayor de lo que los ciudadanos estén dispuestos a ofrecer.

En los últimos años hemos visto al país transformarse vertiginosamente, los Lineamientos han servido para configurar un poco el rumbo del país, han resuelto numerosos problemas y han servido para planificar una economía que aún en el 2009 era caótica. También tienen sus limitaciones; presentan una visión extremadamente economicista, en ocasiones tecnócrata y carente de una dimensión ideopolítica que resuelva los numerosos conflictos provocados por la creciente desigualdad social.

Si alguien me preguntara nuestra posición y velocidad le diría que tengo la certeza de vivir en un país que se encuentra en movimiento, algo reconfortante para todos, pero a la vez con la incertidumbre del rumbo que tomarán sus partículas en el futuro. Espero que en los próximos años y sin que haya que esperar demasiado, podamos proyectar nosotros mismos un país mejor. Espero que este sea, más que el principio de la incertidumbre, el final.