La isla de los dos bloqueos


ljc-bloqueoPor: Harold Cárdenas Lema (harold.cardenas@umcc.cu)

¿Cómo se escribe sobre algo que ha definido tu vida desde que naciste? Sencillo, vas al Google y buscas la definición de esa palabra: bloqueo. Entonces no te sorprenderá leer que significa “cerco”, “aislamiento” y “embargo” pero mucho menos sorpresivo será el ejemplo que utilizan para que entiendas clarito: “El bloqueo de Cuba pudo provocar una guerra”. Sí, mi país es el ejemplo de bloqueo que utiliza el diccionario, no me extraña.

Desde pequeño fui escuchando ese término, cuando tuve conciencia política aprendí que el bloqueo es algo característico de los censores, los que limitan en vez de posibilitar, los que gustan de hacer las cosas un poquito más difíciles y hacen que se nos vaya la vida con sueños incumplidos. Dicen que las personas antes de morir ven toda su vida pasar delante de sus ojos, pues producto del bloqueo los cubanos morimos a diario, esperando que este cambie.

Esta es la isla donde imperan dos bloqueos. El primero es el interno, el imperdonable, el que se expresa a través de prohibiciones y puntos de vista obsoletos, que en los últimos tiempos parece resquebrajarse pero sigue contando a su favor con una burocracia que intenta resistir o tergiversar los cambios necesarios. El segundo es el externo, el que no podemos cambiar, que por mucho que finja ceder cada día se empeña más en sabotear nuestros deseos de decidir nuestros propios destinos.

Una forma de expresión del bloqueo interno ha sido utilizar a menudo la política de los Estados Unidos hacia Cuba como pretexto para justificar nuestras propias insuficiencias, la mala administración no puede achacarse solo a los condicionamientos externos, mucho tenemos de culpa nosotros mismos pero el chivo expiatorio sigue utilizándose. Lo peor de esto resulta en que al convertir el bloqueo norteamericano en fetiche se provoca que la gente lo ignore, lo descarte y lo olvide, bonito favor a los yanquis.

A menudo se nos recrimina a los cubanos haber fracasado como proyecto sociopolítico, la mejor respuesta a esto la dio un extranjero, Rafael Correa en el 2011 nos recordaba que ignorar el bloqueo económico a Cuba es como “encontrar un ahogado en el fondo de una piscina, con los pies metidos en un balde lleno de cemento, y llegar a la brillante conclusión de que se ahogó por no saber nadar”. El bloqueo externo, por mucho que se nos disfrace y la cotidianidad nos lo haga olvidar, por mucho que las lucecitas de colores provenientes del norte nos resulten atractivas, el bloqueo existe.

Si no me creen entonces lean la anécdota de Fernando Ravsberg, corresponsal de la BBC en Cuba: “Recuerdo que una vez varios periodistas estábamos conversando con el embajador norteamericano y nos dice que el bloqueo es una excusa de Castro para tapar sus propios errores, yo le respondo que le den un golpe estratégico: le quitan el bloqueo y lo dejan sin excusa, conclusión, estuve dos años sin que me invitaran a la embajada a ninguna recepción (…) Yo creo que la política del embargo no es un cuento, afecta financieramente…”

El punto es que entre los dos nos hacen la vida imposible a los cubanos, un pueblo al que poco se le ha reconocido las décadas de sacrificio consciente, en que la cotidianidad de sus habitantes sigue siendo el heroísmo no contado. Mientras seguimos enfrascados en terminar de una vez y por todas con los extremismos internos, las amenazas externas no parecen terminar y el punto de ruptura podría ser la comunidad de cubanos que vive en los Estados Unidos. Su influencia a favor del cese del bloqueo sería clave para sus familiares en la isla.

Desde hace tiempo sentía una deuda con este tema. ¿Cómo se escribe sobre algo que ha definido tu vida desde que naciste? Sencillo, escribes tu primer post sobre el asunto y te propones no rendirte para no darle el gusto a los extremistas. El resto lo dirá la vida.