Para que surja lo nuevo

  “La palabra es para decir la verdad, no para encubrirla”.

José Martí

 fracaso (1)

Por: Nyls Gustavo Ponce Seoane

El siempre bien ponderado amigo Guillermo Rodríguez Rivera, poeta, escritor, ensayista y polemista, en un pequeño compendio de cavilaciones sobre política que tituló “Crónicas del Relámpago”(Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 2007), entre otras cosas, apuntó:

“Todavía las izquierdas del mundo – incluidas las que gobiernan –no se han sentado a discutir, a intentar explicarse por qué desaparecieron los regímenes del socialismo europeo, incluido el estado surgido de la primera revolución socialista que conoció la humanidad: la URSS.”

Y continuó abordando algunos aspectos de dicha implosión-explosión política, económica y social que estremeció al mundo y que, por la importancia de ser una experiencia histórica ya vivida, es necesario reseñar aquí (cito):

“Pero lo insólito es que la URSS no albergara en su seno fuerzas capaces de defender los valores que encaró la revolución de Lenin; que setenta y tantos años después de octubre, nadie (ni un militante del partido, ni un komsomol, ni un obrero de avanzada, ni un cosmonauta, ni un stajanovista, ni un campeón olímpico) fuera capaz de luchar por el socialismo que esa revolución había representado…. La verdadera pregunta será entonces ¿cuándo empezó a morir la URSS y por qué?”

Explica Guillermo el fenómeno diciendo que “Stalin enseñó al pueblo soviético no a pensar sino a obedecer” convenciéndolo “de que no tenía ningún protagonismo en la adopción de las grandes decisiones del país.”

“Ese fue, por cierto, el pueblo que obedeció cuando sus nuevos dirigentes liquidaron la propia URSS:”, concluye.

Apunta además un aspecto que fue fundamental: el de los periodistas y la prensa soviética planteando que se “dogmatizó el concepto leninista de los años anteriores a la toma del poder, que entendía el trabajo del periodista como el de un militante que expresaba en la prensa el criterio del partido.”

…”esa perspectiva – continua – llegó a hacer de la prensa un vocero oficioso no ya de los principios socialistas, sino de las justificaciones de los funcionarios del gobierno en torno a la multiplicidad de conflictos que existían en el país. La prensa socialista, que debió ser más libre al prescindir de sus propietarios y pasar a manos del pueblo, quedó aherrojada por mezquinos compromisos con la burocracia estatal, casi siempre como una manera de preservar la unidad frente al enemigo. Pero la unidad no es eso: la unidad es defender los principios, es no ceder un paso para defender los aspectos esenciales de la Revolución misma, no convertir a la prensa en una tapadera de corrupción e incapacidades. Una prensa revolucionaria y a la vez crítica preserva una fe en la solución de los problemas, lo que ciertamente fortalece la Revolución y propicia esta solución.” (Fin de las citas)

En honor a la verdad cabe señalar, que si al margen de la debacle socialista las izquierdas políticas del mundo se hayan sentado o no a discutir por que desaparecieron los países socialistas europeos y a buscar consenso (como se intenta por el Foro de Sao Paulo) sobre posibles medidas a adoptar, a modo de contraofensiva, frente a los agresivos modelos neoliberales que emergieron con más fuerza después de la caída del campo socialista; y al margen de que en la prensa oficial cubana no se haya hecho un análisis exhaustivo, abierto y transparente, bajo la óptica marxista y martiana de este hecho, se puede afirmar y recalcar que estos problemas sí han sido analizados y discutidos ampliamente en Cuba por sus académicos e investigadores sociales, condicionados por las implicaciones que han tenido y tienen para nuestro país, ex-miembro de ese campo desplomado.

Pueden ponerse como ejemplo múltiples publicaciones como la Segunda Edición del libro “El Derrumbe del Modelo Eurosoviético”.”Una visión desde Cuba”, que fue publicada por la Editorial “Félix Varela” en fecha tan temprana como 1994; varios artículos publicados en prestigiosas revistas como Espacio Laical, “Temas” y su publicación digital “Catalejo”, sin mencionar ni contar libros y otras publicaciones que se han referido al tema hasta el presente. En ellos se acomete el análisis directo e indirecto de lo sucedido, y se plantean soluciones para superar al socialismo que no fue tal y recrear uno de nuevo tipo.

En estos trabajos se destacan los científicos sociales cubanos Román García Báez, Víctor Figueroa Lávelo, Luís Aguilera García, Nelson Labrada Fernández, Irma Marqueta Nadarse, Julio Díaz Vázquez, Juan Tirana, Camila Pinero, Julio César Guanche, Ricardo Torres, Ovidio D´Angelo, Pedro Campos, Hiram Hernández Castro, Armando Chaguaceda, Aurelio Alonso, Esteban Morales y muchos otros más brindan una idea de la amplia acogida y repercusión que ha tenido el tema en nuestro país.

Se puede decir también que ellos, de una forma u otra, se han referido a la variada gama de problemas económicos, políticos y sociales inherentes al vetusto y obsoleto modelo socialista, cuyos restos aún se reflejan en nuestra sociedad y nos afectan, poniendo en peligro a la nación. Sin embargo, se puede afirmar que este asunto no ha tenido la misma acogida en los medios oficiales, incluyendo a la organización política que, según el artículo quinto de la Constitución cubana, “es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”.

Independientemente de que sea válido y quepa preguntarse por qué ha sucedido esto, (lo cual tendrá varias respuestas según el cristal con que se mire, ya que algunas serían eminentemente justificativas y otras verdaderamente críticas), es innegable el predominio del desinterés, la indiferencia, la apatía, la abulia, la desidia, la negligencia, la pérdida de valores y de principios fundamentales que perturban a una buena parte de la sociedad cubana contemporanea, lo que hace más que actual la advertencia y alerta que hiciera Fidel en sus palabras dirigidas a los estudiantes de la FEU en la Facultad de Derecho de La Universidad de La Habana el 17 de noviembre de 2005 cuando previó la posibilidad de que el sistema establecido en Cuba fuera derribado por nosotros mismos.

Esta situación que nos afecta en estos momentos, puedo testimoniar, porque la viví allí, que fue la misma que inmovilizó a la sociedad soviética para defender sus innegables conquistas y explica porque nadie salió en defensa del socialismo en la URSS 70 años después del triunfo de la primera revolución socialista en el mundo. Quedaría por explicar el por qué de este maridaje promiscuo de valores negativos que surge y se manifiesta en la conciencia social del finado modelo.

En estos momentos, es evidente que, aparte del factor económico, uno de los temas más importantes para revertir la situación existente, por su influencia directa en la sociedad, es el problema de los medios de comunicación masiva, pues el modo de brindar la información, de manera centralizada, oficialista, triunfalista, “secretista”, excluyente de debates le han venido impidiendo cumplir su misión en el régimen económico y social establecido en el archipiélago cubano.

Desde luego que en las condiciones creadas por las nuevas Tecnologías de Información y Comunicaciones (TIC), que lo penetran todo con su carga de información y desinformación, mantener el anterior status existente hasta ahora en nuestros medios de información sería un suicidio político, ya que contribuiría al incremento de la incredulidad, la desconfianza y por ende, a la aceleración de las condiciones para un posible derrumbe también en Cuba.

Y por lo tanto urge ya de hecho la puesta en práctica de las orientaciones dadas por Raúl con las cuales todo el pueblo estuvo de acuerdo y apoyó y que posteriormente fueron tomadas como Acuerdos por la Primera Conferencia Nacional del Partido para terminar con el ocultamiento y las condiciones y el ambiente que han prevalecido por lo general hasta el momento con la información al pueblo. En definitiva, el pueblo es el soberano de hecho y de derecho y que por esa misma condición, no solo debe estar bien informado sino que obligatoriamente se le debe informar con tal fin, ya que esta es una de las formas principales de que sea capaz y este apto para defender sus conquistas.

Entonces, surge la interrogante de qué hacer con las múltiples conclusiones a que han llegado nuestros académicos y científicos sociales referentes al medular tema del desmoronamiento del modelo de socialismo que solo en apariencia existió.

Con las mismas se puede estar de acuerdo o no, pero deben ser conocidas, consideradas y debatidas, con el fin de encontrar soluciones a los problemas generados por el modelo soviético que nos ha afectado y en el cual encontramos estas y otras verdades como las planteadas por Guillermo y otros, con las cuales chocamos cotidianamente y que deben y tienen que ser superadas para nuestra elemental supervivencia. Los resultados del trabajo de nuestros académicos bien pueden servir de guías para su enmienda y superación, permitiéndonos un adelanto social imprescindible. En la eterna lucha entre lo viejo y lo nuevo se debe ayudar al surgimiento de lo nuevo para el bien común. Lo viejo, es natural, tratará de subsistir mediante frenos, prohibiciones, limitaciones, miedos y otros argumentos apoyándose en muchas ocasiones en el poder jerárquico burocrático administrativo, ya que, indiscutiblemente, hay que hacer cambios que afectarán intereses creados establecidos e inherentes al anterior modelo desvencijado que aún subsisten. Pero, ¿cómo hacerlos? , ¿Cómo llevarlos a la práctica en nuestras difíciles condiciones?

Sin que sea un recetario o formulario, pero si basándome y apoyándome, en primer lugar, en como siempre he penado, expresado y manifestado y también en como lo han hecho compañeros y amigos, y otros investigadores e intelectuales, considero que la política sobre la prensa y la información en Cuba se debe revisar y revertir completamente, dándole el vuelco necesario para que sirva a los intereses de la población sobre la base de lo establecido en el artículo 53 de la Constitución donde “se reconoce a los ciudadanos libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la sociedad socialista”, o sea,

sin caer en ingenuidades de ningún tipo, teniendo siempre presente que “el gigante de las siete leguas”, como también lo llamara Martí, ha estado y está al acecho para devorarnos sirviéndose de sus acólitos neoanexionistas del patio, cuestión esta que nos ha condicionado y condiciona a lo largo de nuestra historia.

Esta nueva política de la información que se construya en el país debe construirse desde abajo y debe estar basada en la ley, obligándose a cumplirla, siendo el programa que se erija en un marco acabado que incluya la autonomía social y personal que es el único modo capaz de cubrir todas las relaciones humanas. Su implementación debe ser la transición hacia la cual se pretende.

Ese vuelco en la información necesario sería y serviría como un importante factor de estímulo y acicate al renacer y despertar de la conciencia social deteriorada. Para ello no solo bastaría con hacer declaraciones, se requiere tomar decisiones que se expresen mediante medidas concretas aplicadas en favor de la información, eliminando las trabas que la frenan.

Para ello el país necesita que:

– La ciencia social no quede reducida a letra muerta y que sus resultados, al igual que el de las ciencias técnicas y naturales, se den a conocer, utilizando el método de su popularización. A su vez, que estos resultados se tomen en consideración por nuestros políticos y decisores para que, como decía Vladimir Ilich (Lenin) ”la ciencia se convierta en carne y sangre nuestra, que llegue ser un elemento pleno y verdaderamente integrante de la vida diaria”

– Dada la cantidad de los diferentes órganos de prensa de todo tipo a nivel nacional, provincial y municipal existente en el país, sea posible y factible el apoderamiento de la mayoría de ellos por sus trabajadores (evitando así la usurpación burocrática), sin detrimento para dos de los tres de la prensa nacional escrita. Esto generaría una mayor diversidad y variedad en la información que pueda ser reflejada, ayudando a eliminar el inmovilismo dañino ya innegable, creando una real y verdadera emulación entre los órganos de prensa. Con esta mediad, ¿qué podría decir la propaganda enemiga y los que son por ella orientados?

-Se apruebe, tras ser sometida a una amplia discusión popular activa, como siempre nos ha caracterizado, una Ley de Información, en que se regule lo anteriormente expuesto, así como otras cuestiones que le atañan a la información.

Considero que esto es más que suficiente para comenzar a aplicar el concepto de Revolución de Fidel en nuestro sistema de prensa, información y propaganda política ideológica con ellas relacionadas.

Nyls

La Habana, 23 de junio 2013

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