Ley de Prensa en Cuba: romper el estado de vulnerabilidad

ley de prensa Por: Harold Cárdenas Lema (harold.cardenas@umcc.cu)

No hace mucho un alto funcionario llegó de visita a una provincia del oriente del país, sin muchos tapujos, sin que resultara escandaloso o ni siquiera mal visto por sus compañeros de trabajo, ordenó inmediatamente que la prensa local no podía cubrir su estancia en la zona, sólo un periódico de su selección tendría ese privilegio. Esto ocurre con frecuencia en el país, los periodistas se encuentran en un estado de vulnerabilidad constante que los ata en el ejercicio de su oficio y se encuentran carentes de regulaciones que los protejan en su labor. Esto puede cambiar pronto, o no.

Coincido plenamente con mi amigo y colega Alejandro Ulloa cuando define los principales problemas relativos a la prensa nacional: viciadas rutinas productivas en los medios, escasa preparación de los dirigentes del sector y la ausencia de instrumentos legales. Esto último tiene una influencia decisiva sobre la cotidianidad de la labor periodística, si bien soy de la opinión de que las culpas relativas al estado de los medios en Cuba son compartidas entre periodistas y funcionarios, habría que ver si podría ser de otra forma con los marcos jurídicos actuales y los numerosos ejemplos de reporteros sancionados por tratar de ser solo eso: periodistas.

En los últimos meses circula en Cuba un secreto a voces referente a la preparación de una ley, no relativa directamente a la prensa sino a las comunicaciones de manera general. Una Ley de Comunicaciones para la que se han tomado como referentes de estudio la legislación de numerosos países que comparten algunas semejanzas con nosotros, una ley que aclararía el ambiguo y caótico panorama legal en el que actualmente operan las comunicaciones cubanas. Ya he escuchado numerosas opiniones al respecto: ¿quiénes la están haciendo y dónde? ¿Es una ley hecha por profesionales de los medios o por burócratas? ¿Por qué el bajo perfil de este proceso?

Estoy seguro de que todas las preguntas llevan una respuesta pero más que concentrarme en el cómo se hace la ley ansío que esta contemple soluciones a los múltiples problemas mencionados anteriormente. Siempre que hago referencia a la necesidad de una ley de prensa me salen al paso con que no me preocupe, se está haciendo la ley de comunicaciones, como si lo uno solucionara lo otro, no creo que sea así pero sí me parece que esta primera (y al parecer inminente) ley puede abrir el camino y crear condiciones para una legislación sobre la prensa que brinde soluciones a mediano o corto plazo.

En vísperas del IX Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba queda claro que los problemas de la prensa no se solucionarán a corto plazo, tienen carácter sistémico e influyen en ellos tanto el aparato partidista que controla los medios de comunicación como los periodistas que la ejercen. El congreso hasta ahora está sirviendo como espacio de catarsis colectiva y para sacar a la luz los muchos problemas del sector pero poco podrá resolver porque para las cuestiones estratégicas (salario, problemas tecnológicos, medios de prensa que en su mayoría no están dirigidos por periodistas, ley de prensa, etc.) no se vislumbra una solución a corto plazo. La mayoría de los periodistas que conozco afirman que no esperan mucho de él. Las ataduras a la prensa forman parte de un aparato tan enrevesado que ni el propio presidente haciendo una crítica pública hace dos años ha podido solucionarlo. Un buen primer paso sería cuestionarse su estructura, las relaciones de subordinación que se han establecido, el facilismo de decisores y periodistas así como la posible perpetuidad de algunos funcionarios en cargos de dirección.

Informar no es solo un deber para el que ejerce la profesión, está directamente relacionado con el derecho ciudadano de estar actualizados con información fiable y de calidad, con la menor cantidad de mediaciones posibles en el proceso noticioso. En cualquier país del mundo la prensa constituye una prioridad nacional, en Cuba y por las características del conflicto en que nos encontramos con los Estados Unidos se trata de un asunto de seguridad nacional, pero a estas alturas la transformación de esta me parece más bien una cuestión de de supervivencia nacional.

El estado de vulnerabilidad sigue permeando el trabajo periodístico de manera decisiva, un periodista de provincia mencionó el cólera por su nombre en vez de utilizar un eufemismo (como se acostumbra), esto le costó una queja por parte del Ministerio de Salud Pública y una sanción administrativa. Son situaciones cotidianas que reflejan la necesidad de aclarar las reglas del juego, eliminar las leyes ambiguas que sirven de pretexto a los burócratas para penar el periodismo responsable, hacer desaparecer los ejemplos de autoritarismo irresponsable sobre los periodistas que tratan de hacer su labor, hacer sentir a los profesionales de los medios que están respaldados por la ley y más importante aún, por los intereses del pueblo. Cualquiera que contribuya a que esto sea así contará con el apoyo del pueblo, la historia le dará la razón y estará en las filas del cambio de mentalidad, cualquiera que trate de socavarlo, el tiempo le pasará factura. Un mundo mejor es posible…y una prensa mejor también, veremos cómo termina el IX Congreso de la UPEC.