El traidor

revolucion-33Por: Harold Cárdenas Lema * (harold.cardenas@umcc.cu)

Esta es la historia de un luchador en la Revolución del 30, un individuo de reconocida valentía en la lucha clandestina, del Ala Izquierda Estudiantil, de un militante del Partido Comunista (PC), de un miembro luego del ABC. José Aurelio Soler Lezama fue todo eso, pero sobre todo, era un traidor.

Desde estudiante se destacó por su audacia en el enfrentamiento a la autoridad del dictador Gerardo Machado, sus compañeros lo conocían como el joven que estaba en primera fila a la hora de enfrentarse a la policía. Esas actividades lo obligaron a exiliarse un tiempo en Nueva York, su peregrinación en el exterior sería el comienzo del fin.

Posiblemente fue en Estados Unidos donde comenzó su adicción a las drogas, el alcohol y las prostitutas, o puede ser que comenzara esa vida nocturna desenfrenada en La Habana a su regreso en 1930, lo cierto es que Soler caía por el agujero de Alicia sin encontrar fondo. Quizás fue esto lo que aprovechó la policía del régimen para convertirlo en delator, en chivato de sus propios compañeros de lucha, quizás una de sus primeras delaciones fuera la de Pablo de la Torriente y Raúl Roa. En todo caso, su destino ya estaba marcado y sus días comenzaban a contarse aceleradamente.

Cuando las sospechas de las continuas delaciones de las casas de seguridad del PC comienzan a caer sobre él, sus amigos no lo quieren creer por su comportamiento arriesgado frente a las fuerzas del orden. Finalmente el PC lo expulsa y cambia la dirección de las casas que servían de protección a sus militantes.

Es apresado, irónicamente, en el Castillo del Príncipe junto a Pablo de la Torriente Brau. Al salir de prisión integra el ABC y su valor en las calles de la capital es meritorio, lo describen como “loco, imprevisible, tenía la mirada extraviada”, aún entonces continúa delatando a otros compañeros y engrosando la lista numerosa de aquellos que perdieron la vida por sus confidencias.

Su vida resulta cuanto menos contradictoria porque la valentía no caracteriza precisamente a los traidores. Cuando cae la dictadura de Machado se encuentran sus denuncias en la Policía Judicial, tiene los días contados, el DEU ofrece mil pesos por José Soler vivo o muerto. Al final lo encuentran en casa de su tío, un compañero lo ve detrás de una cortina y aunque Soler iba armado y pudo disparar, prefiere entregarse a sabiendas de que en esa decisión le iba la vida.

Pablo de la Torriente narra los acontecimientos: “tenía un revólver en la mano pero lo entregó sonriente (…) en ningún instante intentó ocultar sus delitos”. Soler le dice a la multitud de cientos de jóvenes del DEU y miembros del ABC que se encuentran presentes que reconoce sus crímenes y “mi muerte debe servir como ejemplo”. Algunos se echan a llorar, la situación se antoja patética pero la justicia luego de la caída de Machado no va por cauces judiciales, aún no se han creado tribunales ni comparecen testigos, ha corrido mucha sangre universitaria y obrera por las calles de la Habana a manos de esbirros y delatores. Son días en que la multitud, de diversa composición social e ideológica, actúa con mano propia.

Pidió a los presentes que no arrastraran su cuerpo por las calles por respeto a su madre, con una serenidad pasmosa (que contrastaba con la tensión de los presentes) predijo que su tumba sería visitada en el futuro, “como una lección eterna a los traidores”. El jurado ahí constituido votó por fusilarlo, le propusieron el suicidio y él se negó, “los traidores debían ser ejecutados” según sus propias palabras.

Solicitó un fusilamiento de frente y él mismo dar la orden de fuego, Pablo de la Torriente describe a los fusiladores como “emocionalmente quebrados”. Luego de los disparos, llega la noticia de que algo importante estaba ocurriendo en el campamento de Columbia, un desconocido sargento Fulgencio Batista estaba liderando una conspiración de sargentos contra el Ejército. Los miembros del DEU se marchan apresuradamente y el cuerpo queda allí, solo. Soler tuvo razón después de todo, fue una lección eterna a los traidores.

*Con datos tomados del libro “Tony Guiteras. Un hombre guapo” del autor Paco Ignacio Taibo II.

Nota: La historia cubana suele estudiarse de manera viciada, los personajes históricos son juzgados respecto a la posición que tomaron a partir del triunfo de la Revolución en 1959 y los acontecimientos se utilizan a menudo para fundamentar una u otra posición ideológica post 1959.

La Joven Cuba inaugura este espacio para abordar tópicos de interés en el pasado, cuando estemos Tras las Huellas de la Historia, tratemos de ajustarnos al contexto del que se trate. En la Revolución del 30 aún no existían muchas de las polémicas actuales, nuestra perspectiva debe valorar los hechos tales como son en la época, y en todo caso, servirnos como coordenadas para comprender las actuaciones posteriores de los individuos y organizaciones políticas.

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