Santa Claus, Conrad Tribble y los regalitos de los yanquis

DSC_0565 Por: Harold Cárdenas Lema (harold.cardenas@umcc.cu)

Cuentan que cuando Jefferson Caffery arribó a Cuba, su primera frase fue: “¿Ustedes creen en Santa Claus? Puede ser que les traiga un regalito…”. Los cubanos no tuvimos que esperar mucho para adivinar cuál era ese regalito que nunca aclaró públicamente, un mes después el gobierno de Grau en el que Antonio Guiteras era parte fundamental, era víctima de un golpe militar organizado por Batista, Mendieta y el propio Caffery. Ese fue el primer regalito.

Caffery había llegado en diciembre de 1933, fue recibido en el muelle por una comitiva muy peculiar aunque los Estados Unidos no habían reconocido al entonces Gobierno de Grau, por tanto, no era ni siquiera embajador al que estaban “recibiendo” los guatacas en la orilla. Con un pasado oscuro como empresario, logró en pocas semanas lo que su antecesor no había podido, derrumbar a un gobierno revolucionario que solo duró 100 días, con Guiteras en primera plana.

Tampoco lo tuvo fácil, el fundador de Joven Cuba le ponía difícil el golpe y el yanqui estaba claro de que era su enemigo #1, en plena conspiración escribe: “Nada es seguro porque se desconoce la reacción de Guiteras…”. Al final casi todos los actores políticos de la época se pusieron contra el gobierno y a favor del golpe por una razón u otra pero la principal era la necesidad del reconocimiento por parte de los Estados Unidos. El historiador mexicano Paco Ignacio Taibo II lo califica como patético, no hay una palabra mejor.

Caffery era el sucesor de Benjamin Sumner Welles, el embajador anterior se marchaba de Cuba con muy mala fama pues en solo 7 meses había conspirado contra los intereses populares una y otra vez. El legado de Welles fue la mediación entre la dictadura de Machado y el resto de las fuerzas políticas, pasando por el sabotaje continuo a las fuerzas progresistas del país. El historiador británico Hugh Thomas lo describe con mucha generosidad creo yo: “era un hombre que sospechaba de las emociones populares y de las manifestaciones multitudinarias. Confundió los intereses de sus amigos con la voluntad del pueblo”.

Como nota curiosa y por su vigencia en el día de hoy podríamos aludir al tono homofóbico de la época. Cuando no existían los avances en materia de género que hemos logrado ahora y ambos embajadores estaban rodeados de una aureola de homosexualidad no confirmada. El periodista Mario Kuchilán agrega despectivamente: “Caffery era como Welles, un colega mariquita”. Taibo cita textualmente en su biografía sobre Guiteras las palabras de Pablo de la Torriente Brau, una figura histórica entrañable para los cubanos que no obstante, cedía a los prejuicios de la época refiriéndose a Caffery: “Una de las formas de su mariconería se trasluce en su gusto por la sangre. Si hay ancestro, éste, por maricón y por sanguinario, viene de Nerón mismo…”. Palabras muy fuertes que no creo sean exclusivas de Pablo sino más bien características de la mentalidad machista de décadas pasadas, mucho hemos avanzado de allá hacia acá, no con pocos escollos en el camino.

Volviendo la mirada a los “amigos” que los Estados Unidos ha tenido siempre la delicadeza de situar en Cuba para “ayudar” al país, le hago una recomendación a un heredero de Welles y Caffery al frente de los intereses yanquis en la Isla: tenga cuidado Conrad Tribble no le pase como a Welles, no confunda el lenguaje que escucha en la SINA con la opinión popular de los cubanos, se acabó el tiempo de los regalitos.

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