Entrevista a Luis Ortega

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Por: La Joven Cuba

lajovencuba@umcc.cu

Queremos compartir con los lectores una entrevista realizada por Luis Báez al periodista Luis Ortega. Forma parte del libro “Miami, donde el tiempo se detuvo: Revelaciones de Luis Ortega” quien da un bosquejo de lo que fue Cuba en el gobierno de Batista. El entrevistado comparte con sus lectores como se realizaba el periodismo en aquella época. También nos brinda una visión muy interesante de un opositor al proceso histórico de la Revolución cubana.

No acostumbramos a publicar artículos tan extensos en La Joven Cuba pero creemos que en este caso vale la pena.

 

Luis Báez: ¿Por dónde comenzamos?

Luis Ortega: Empiezo aclarándote que no soy ni de los que se quedaron ni de los que se fueron. Yo no tengo arte ni parte en la Revolución.

Luis Báez: Cuénteme algo de su vida.

Luis Ortega: Nací en la capital el 21 de junio de 1916. Me gradúe de bachiller en Letras en el Instituto de La Habana. Matriculé en las escuelas de Filosofía y Derecho en la Universidad de La Habana, pero no terminé los estudios. En los años 1956 –1957 estudié en la Universidad Central de Madrid.

Luis Báez: ¿Qué lo llevó al periodismo?

Luis Ortega: La miseria, viejo. Uno se metía a periodista porque no se podía hacer otra cosa. Muchos cubanos se quejan de la Cuba del año 2000, pero es que no conocieron la del año 1936… Cuando uno cruzaba el Parque Central, en aquel año, siempre tenía que estar dispuesto a tirarse al suelo cuando empezaban a sonar los springfields. Empecé a trabajar en la Discusión, que estaba en la calle San Ignacio. Era redactor, reportero y voluntariamente barría la redacción porque me daba asco verla.

Quiero aportarte un dato importante que brota de mi experiencia personal. En los años de mi adolescencia y primera juventud, entre 1930 y principios de la década de los años 40, la crisis que se vivió en Cuba fue mucho peor que lo que ustedes los cubanos han llamado “periodo especial”.

Durante mucho tiempo no teníamos centros de estudio. Estaban cerrados. La clase media cubana vivía de harina de maíz. Sí acaso. Empatarse con un par de zapatos era una odisea. No había trabajo para nadie. Las dictaduras de Gerardo Machado, (1) primero, y de Fulgencio Batista (2), después, eran feroces.

Tengo experiencias familiares desgarradoras provocadas por una miseria sólida y consistente. No hay una sola calamidad que me pueda contar un cubano de ahora que yo no haya vivido intensamente en aquellos años trágicos. Fue una época de absoluta desesperanza.

Luis Báez: ¿Cuánto le pagaban en su primer trabajo periodístico?

Luis Ortega: Tres pesos a la semana. Lo curioso es que estaba feliz con aquellos tres pesos… Por esos años participé en la publicación de revistas literarias y tuve vínculos con algunos de los miembros de la Generación de Orígenes (3).

En 1942 ingresé como reportero en el periódico Prensa Libre. Durante varios años fui jefe de información. En 1952 me fui del diario.

Luis Báez: ¿Cómo surgió su sección “Pasquín”?

Luis Ortega: ¡ Ah, no jodas Luis Báez:! A nadie le interesa lo de esa sección ni nadie se acuerda de eso… Han pasado más de 50 años. Se agresivo.

Luis Báez: ¿Sobre qué quiere le pregunte?

Luis Ortega: Sobre lo que te dé la gana. Por ejemplo, pregúntame si es cierto que yo soy un hijo de puta. Eso es interesante.

Luis Báez: Bueno, está bien. ¿ Es cierto que ha sido siempre un hijo de puta?

Luis Ortega: Siempre. Porque ese es un componente esencial de la mayoría de los periodistas. Con perdón de las pobres madres.

Luis Báez: Tiene una opinión muy peculiar del periodismo.

Luis Ortega: Ciertamente. La misión del periodista es la de ser testigo de su tiempo. Fíjate bien, Luis Báez, lo que quiere decir testigo. Etimológicamente el testigo es el “testículo”… Es el que está presente a la hora de engendrar. Es la hora más íntima del ser humano. ¿Entiendes?

Luis Báez: ¿Cómo era el tiempo en que vivió en Cuba?

Luis Ortega: Horroroso. Sin embargo, comparado con lo que se ha formado ahora en Miami ocurre que el pasado se reivindica. Nunca creí que el nivel intelectual del cubano pudiera descender a los niveles que se han establecido en Miami, es como un castigo celestial.

Luis Báez: Hábleme del 10 de marzo…

Luis Ortega: Ramón Valle Inclán (4) con sus esperpentos, intuyó lo que iba a ser el 10 de marzo en la pintoresca Isla de Cuba… Logré meterme en el campamento dos horas después que Batista había dado el golpe… Y por esa sola razón Batista me ofreció un ministerio.

Puro surrealismo. Al primer periodista que entró quisieron hacerlo ministro.

Luis Báez: ¿Y por qué no lo aceptó?

Luis Ortega: Porque no tenía nada que ver con aquello. Había entrado para ver el espectáculo y reportarlo. Además, he sido, tal vez, uno de los pocos cubanos que ha estado consciente de que no sirve para ministro ni para nada que tenga que ver con la vida oficial…

Luis Báez: Pero, apoyó inicialmente el golpe…

Luis Ortega: Es cierto. Pero por razones personales de salud… unos días antes del golpe los disidentes de la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR) (5), encabezados por Orlando García, (6) habían ido a algunos periódicos a publicar mi sentencia de muerte porque los había acusado del asesinato de Alejo Cossío del Pino.(7) ¿Te acuerdas? El golpe me vino a salvar la vida. Al día siguiente del golpe los gángsters echaron a correr como liebres…

Luis Báez: Le salió mal la cosa…

Luis Ortega: Es verdad. El remedio fue peor que la enfermedad. Si buscas la colección de Prensa Libre de aquellos tiempos veras una nota mía en la cual decía que “Batista había acabado con el gangsterismo, pero había creado gangsterismo uniformado”. ¿Sabes lo que ocurrió después que publiqué aquella nota?

Luis Báez: Sí, ¿qué?

Luis Ortega: El Servicio de Inteligencia Militar (SIM) (8) me detuvo y me llevaron en presencia del jefe del ejercito, Francisco Tabernilla. (9) Este me dijo que había tenido que aguantar a los muchachos que querían salir a buscarme. Fue un regaño amable, pero amenazador. Y es curioso. Esto te demuestra lo delirantes que son los cubanos.

Luis Báez: ¿Sólo le dijo eso?

Luis Ortega: No. En la conversación también Tabernilla me dijo: “Mira, tú estás defendiendo a este hombre, Rafael García Bárcenas, (10) y sin embargo los oficiales con los cuales está conspirando me lo informan todo a mí”. Tan pronto salí de Columbia me fui a buscar a García Bárcenas y se lo conté. Fue tan loco que siguió conspirando

con la misma gente.

Luis Báez: Después, aceptó un puesto de Consejero Consultivo. (11)

Luis Ortega: Cierto, imperdonable. Fui un estúpido. Lo que me salva, en cierto modo, es que nunca cobré un centavo allí… Miguel de Marcos (12) y yo nos fuimos para el Consejo para salir de Prensa Libre, que se había convertido en una cosa horrible. Sergio Carbó, (13) a quien le estaba agradecido, se había alejado del periódico… La presencia de Humberto Medrano, (14) su yerno, se había convertido en una tragedia. Era el hombre más latoso del mundo. Nadie lo podía aguantar.

Luis Báez: ¿Qué ha sido del personaje?

Luis Ortega: Ahora creo que es subdirector de Radio Martí y cobra unos 120 000 dólares al año… Por eso Radio Martí es tan aburrida.

Luis Báez: ¿ A qué se dedicó después del 10 de marzo?

Luis Ortega: A los tres días o tal vez cuatro, me fui detrás de Carlos Prío (15) para hacerle la primera entrevista en México. Recuerdo que le hice una pregunta que lo desestabilizó.

Luis Báez: ¿Qué le preguntó?

Luis Ortega: Le pregunté si era cierto que él y Batista habían estado de acuerdo para el golpe de Estado…

Luis Báez: ¿Cuál fue la respuesta?

Luis Ortega: Se puso de pie y me dijo que eso era una infamia. Le expliqué que no tenía que ponerse bravo… Que eso era lo que se decía en la calle. Entonces se calmó. Terminó pidiéndome que le llevara un recado a Batista para que le devolviera un dinerito que había dejado olvidado en Palacio. ¿Te das cuenta, Luis Báez, que cuando uno es un “testículo” de su tiempo uno no puede creer en muchas cosas?

Luis Báez: ¿Le dio el recado a Batista?

Luis Ortega: Se lo di. Y Batista le mandó un dinero y unas joyas que se le quedaron en una caja de caudales en el Palacio Presidencial.

Luis Báez: ¿Cuándo se produjo su primer exilio?

Luis Ortega: El 26 de julio de 1953 Fidel Castro (16) asaltó el Cuartel Moncada, (17) en Santiago de Cuba, y yo era director del periódico Pueblo que mantenía una buena circulación a nivel nacional. Al día siguiente, 27, íbamos a publicar la mejor información sobre los asesinatos cometidos por el ejército de Batista en el Moncada. No fue posible. La policía asaltó el diario y destruyó las planas. Pude escapar con magulladuras en la espalda. Poco días después me estrené como exiliado en Miami.

Luis Báez: ¿Qué hizo entre 1953 y 1959?

Luis Ortega: Reportajes en la revista Bohemia como corresponsal extranjero.

Luis Báez: ¿Cuándo regresó a Cuba?

Luis Ortega: En enero de 1959.

Luis Báez: ¿Cómo veía usted a la Revolución?

Luis Ortega: En realidad en 1959 no era, exactamente, un enemigo de la Revolución. Muchas de las leyes revolucionarias me parecieron, en aquel tiempo muy apropiadas, precisamente, porque había vivido muchos años en la podredumbre del país y había hecho siempre un periodismo de protesta. Tenía la sana intención de quedarme en mi país, pero no fue posible.

Luis Báez: ¿Por qué?

Luis Ortega: No era posible… Nunca he sido hombre de puestos ni de partido. En 1959 era un periodista que regresaba del exilio de seis años y que aspiraba a fundar una empresa independiente. Eso era irrealizable.

A los pocos días de mi regreso me cayó arriba Carlos Franqui (18) que manejaba el periódico Revolución. No había conocido nunca a Franqui y tampoco a Guillermo Cabrera Infante.(19) Ellos organizaron la cacería de todos aquellos periodistas que en el pasado habían tenido algún nombre, incluso, los que, como yo, habían estado en el exilio.

Así son las revoluciones y eso explica por qué no soy revolucionario. En los primeros tiempos siempre surgen todos los detritus de la sociedad.

Franqui es un bandido que ha vivido de las obras de arte que sacó de Cuba cuando se fue al extranjero… Estuvo viviendo muchos años de la Revolución antes de tomar partido en contra, en 1968…

Luis Báez: ¿Y Cabrera Infante?

Luis Ortega: Si no hubiera ocurrido la Revolución en 1959 este señor seguiría escribiendo unas croniquitas de cine en la revista Carteles, – la más sonsa que existía en Cuba -, y recorriendo la calle Obispo, arriba y abajo, con un libro en el sobaco, presumiendo de su importancia y viviendo de un sueldo de alguna oficina del Estado. Fue necesario que el país entrara en Revolución para que este pobre gacetillero de Carteles lograra colarse en un periódico como subdirector, a la cola del pillo Carlos Franqui, para organizar aquella cosa horrenda y ridícula de Lunes de Revolución. ¡Cuántas cosas tuvieron que pasar en Cuba para que el pobre Cabrerita pudiera convertirse en personaje y vivir en Londres y lanzar ex comuniones y amenazas desde su precaria vivienda.

Se lo debe todo a la Revolución. La Revolución lo hizo persona. Sin la Revolución estaría todavía deambulando por la Habana Vieja y viviendo en la casa de vecindad de la calle Zulueta. Los años que pasó con la Revolución los ha explotado muy bien. Haber estado y haber desertado, le ha dado material para construirse una personalidad refleja.

En algunas de sus obras se puede apreciar a Cabrera Infante inventando a otro Cabrera Infante. Es un ejemplo típico de la obsesión de un hombre por el homosexualismo de los otros. Es lo mismo que

Franqui.

Luis Báez: La Revolución no persiguió a nadie. Fueron hombres dentro del proceso.

Luis Ortega: Tienes razón.

Luis Báez: ¿De qué lo acusaban?

Luis Ortega: De lo que les daba la gana. Me convirtieron, a la brava, en un enemigo de Castro. Habría tenido que ser muy “pendejo” para no reaccionar en contra. El 1 de mayo de 1959 regresé a los Estados Unidos. Ahí comenzó mi temprano enfrentamiento con la Revolución.

Luis Báez: Han pasado 40 años, ¿aún considera que decidió correctamente?

Luis Ortega: ¿Teníamos razón los que nos enfrentamos a la Revolución Cubana en 1959? Esa es una pregunta que me he hecho mil veces. Y la respuesta tiene que ser debidamente calibrada. Razones personales las tuvimos muchos. Razones históricas, no. Las primeras son las que se refieren a la situación personal de cada uno.

Es decir, cuando la persona se siente agredida por un proceso político es natural que se enfrente a él. Los hechos mismos lo llevan a la confrontación. ¿Más cuáles razones históricas podíamos tener para enfrentarnos a una Revolución que se iniciaba con el propósito de rescatar la soberanía y romper la dependencia de la Isla de los Estados Unidos? ¿No fue ese el propósito de los fundadores, de los mejores, y de varias generaciones de cubanos inteligentes?

El movimiento contrarrevolucionario desde sus inicios estuvo huérfano de ideas. No teníamos razones históricas validas. Nuestras razones venían dadas por Washington. No eran razones. Era propaganda anticomunista. Era la retórica barata de la libertad y la democracia que se suele fabricar en los medios burocráticos de Washington.

Luis Báez: Ya en Miami, ¿cuál fue su estrategia de lucha?

Luis Ortega: Al llegar a los Estados Unidos creía que la lucha contra Castro y la Revolución iba a tener las mismas características de los años anteriores. Es decir, que los cubanos íbamos a tener que luchar contra Castro en la misma forma que habíamos luchado contra Batista. Con el transcurso de los días tomé conciencia que los tiempos habían cambiado y que estábamos frente a una situación totalmente nueva y sorprendente. Sin embargo, hay algo muy interesante. Mis críticas a Castro y a la

Revolución, durante años, no me hicieron caer al lado de las gentes de Miami.

Desde 1959, a pesar de vivir en Miami y estar navegando contra la corriente, fui un crítico muy severo de la entrega de los cubanos a los americanos. Por ahí andan los periódicos de la época. Estuve contra el Frente Revolucionario Democrático,20 contra el Consejo, (21) contra lo de Playa Girón…(22) Fui el primero en Miami que le fue arriba a Jorge Mas Canosa (23) y al aparato que estaba surgiendo… La posición mía ha sido contradictoria, sin duda.

Luis Báez: ¿Cuál era esa situación?

Luis Ortega: Quienes estábamos combatiendo a Castro, con la pluma o la acción, teníamos que meternos en una nómina del Gobierno americano. Era algo nuevo. Los jefes de la oposición a Castro estaban en Washington y eran americanos.

Luis Báez: ¿Qué recuerda de aquellos días?

Luis Ortega: A partir de los primeros meses de 1960, comenzó uno de los procesos más escandalosos en la historia de las luchas políticas. Miles de cubanos entraron en las nóminas de Miami y detrás de los llamados “líderes del Frente” estaban los agentes americanos, con nombres supuestos, dirigiendo toda la operación. En las oficinas del Frente ya se repartían los cargos públicos en Cuba y se tachaba a quienes no podrían regresar nunca. Se daba por seguro que la expedición que estaban preparando en Guatemala iba a tomar el poder.

En ningún momento se pensó que los cubanos iban a desembarcar en Cuba para pelear. Esto estaba descontado. Iban a integrar una fuerza de ocupación para mantener el orden. Eran los americanos los que iban a pelear para derribar al Gobierno. Por supuesto, todo era ilusorio. El presidente John F. Kennedy, (24) antes de lanzar la expedición, aclaró muy bien que se trataba de una operación cubana y que los americanos no iban a intervenir. No lo creyeron. Eso explica por qué todavía, tantos años más tarde, siguen acusando a Kennedy de traición. Su traición consiste, para esta gente, en no haber bombardeado a Cuba.

Luis Báez: ¿Cómo ha sido su vida en los Estados Unidos?

Luis Ortega: ¿Qué como ha sido mi vida? Muy mala. Me quedé sin raíces en Cuba y no tengo raíces en los Estados Unidos. No hay nada peor que el destierro. Sobre todo cuando se sabe que este tiene un carácter permanente.

Luis Báez: ¿Por qué permanente?

Luis Ortega: Porque nunca regresaré a vivir en Cuba.

Luis Báez: En los primeros años, ¿a qué se dedicó?

Luis Ortega: Desde aquella época, es decir, 1960, he estado escribiendo en toda clase de periódicos y revistas. Por un lado, criticando severamente a la Revolución y a Castro. Por el otro, manteniendo en todo momento, un tono crítico sobre las actividades de los cubanos.

Me cabe el honor de no haber pertenecido nunca a organización. Alguna. No he participado nunca en colecta alguna. Ha sido una posición muy difícil y que ha atraído sobre mí muchas enemistades. De hecho, he estado condenado al ostracismo durante años. Para sobrevivir económicamente he tenido que trabajar fuera de Miami.

Luis Báez: ¿Vivía del periodismo?

Luis Ortega: Error. Nunca he vivido del periodismo en los Estados Unidos. Nunca he podido escribir bien en inglés. Y el periodismo en español en los Estados Unidos es estrictamente marginal. Quienes escribimos en español en los Estados Unidos somos, un poco, como aquellos chinos que escribían o escriben en el barrio chino de La Habana.

Luis Báez: ¿En qué trabajó?

Luis Ortega: He sido de todo. He manejado camiones, he sido taxista en Miami, he hecho algún dinero en el negocio de bienes raíces…

En 1964, cuando me convencí de que no había regreso a Cuba, me fui de profesor a West Virginia. Ya no podía soportar a Miami ni a sus gentes. Estuve diez años en el norte. Aproveché para hacer un

Master y un doctorado en la Universidad de Pittsburgh, en Pennsylvania. Eso me sirvió para refrescar la mente… He escrito miles y miles de artículos en diversas publicaciones, pero siempre o

casi siempre en forma gratuita.

Luis Báez: ¿Cómo ha podido subsistir?

Luis Ortega: En realidad, salvo el tiempo en que fui profesor en el norte, no he podido subsistir. Como siempre he sido, desde 1959, un crítico permanente de Miami y sus pandillas cubanas, jamás he podido ganarme la vida en Miami. Nunca… He tenido que ir siempre al extranjero para poder ganarme la vida. Hace años que vivo de la pensión de profesor. En suma, he sobrevivido sin comprometer nunca mi independencia. Es lo único que he salvado del naufragio.

Luis Báez: ¿Cómo se refleja en el cubano la nostalgia?

Luis Ortega: No sé… Tal vez echan de menos la comida. Las cosas en los Estados Unidos no tienen el mismo sabor ni el mismo olor. Pero, en realidad, no puedo opinar sobre eso.

Luis Báez: ¿Y cómo se refleja la nostalgia en usted?

Luis Ortega: Después de más de 40 años de destierro, con las raíces al aire, no sé lo que es nostalgia.

Luis Báez: ¿Qué es lo que más ha extrañado de Cuba?

Luis Ortega: El país, las gentes, los tamales, los bollitos de carita que vendían en los puestos de chinos.

Luis Báez: ¿Qué criterio tiene de quienes desertan ahora del proceso revolucionario?

Luis Ortega: Son unos sinvergüenzas. Respeto a los que han sido leales a sí mismos. A ti, por ejemplo. Quienes se fueron en los primeros años tenían razones válidas. Te repito los que se van ahora son unos sinvergüenzas.

Luis Báez: ¿Qué recomienda a los jóvenes que se inician en el periodismo?

Luis Ortega: No te pongas bravo. Les recomiendo que se dediquen a estudiar la historia de Cuba sin sectarismos. Que confíen en el futuro. Que vean el proceso revolucionario con objetividad, sin pasiones. Las raíces de esta Revolución están en la historia de Cuba.

Nosotros nos pasamos años hablando y escribiendo sobre la Revolución que era necesario hacer para que Cuba fuera soberana e independiente. Pero no creíamos que fuera posible. Entonces surgió Fidel Castro que es un hombre que cree en lo que dice e hizo lo que todos queríamos. Es el ejecutor de un sueño que estaba anidado en la conciencia cubana. Ha sido el instrumento del destino…

Luis Báez: ¿Cuántos años ha vivido fuera de su patria?

Luis Ortega: Entre los dos exilios me ha tocado la mala fortuna de vivir 47 años, toda una vida, entre exiliados políticos cubanos. Soy un especialista en la materia. Los he visto vivir y luchar. Los he conocido buenos, malos y peores. Los he visto morir, algunos heroicamente por causas que no valían la pena, he conocido tragedias indescriptibles, me congratulo de haber tenido contacto con los pillos mayores de estos tiempos infortunados. Puedo asegurar que he pasado por todas las etapas del exilio político y he logrado siempre poner a salvo mi escepticismo.

Luis Báez: ¿Le guarda algún rencor a la Revolución?

Luis Ortega: Ninguno. Han pasado muchos años. La Revolución ha entrado en una fase reflexiva y las gentes como yo pueden poner en orden sus ideas y sentarse a conversar con Castro sin reservas de ninguna clase… Eso es muy bueno.

Ni me van a exigir nada ni aspiro a nada. Creo que hay muchos cubanos que piensan así, como yo, y que no se atreven a ir a Cuba por miedo a las represalias del medio en que viven. Es decir, por miedo a los elementos que controlan el exilio o lo que llaman así, que no lo es…

Luis Báez: ¿Cuáles han sido los mejores y peores momentos de su vida?

Luis Ortega: Eso está bien, Luis Báez, para las revistas del corazón…Yo no tengo mejores ni peores momentos.

Luis Báez: ¿Es vanidoso?

Luis Ortega: Me imagino que sí. En realidad, no lo sé. No me gusta que me hagan entrevistas ni me gusta exhibirme. Tampoco me gusta que me publiquen fotografías. Es hasta posible que sea un poco

modesto. Pero, todo eso es confuso. No sé.

Luis Báez: ¿Cómo ve la vida a los 84 años?

Luis Ortega: Como me dijo una vez Pio Baroja (25) en una entrevista que le hice, si no me equivoco: como cuando uno acaba de comer y uno está lleno.

Luis Báez: ¿De qué se puede sentir orgulloso?

Luis Ortega: De nada. Al contrario, estoy arrepentido de todo, incluida esta entrevista.

Referencias

1 (1871-1939), En 1925 es elegido presidente. Reformó la Constitución e instauró una dictadura. Derrocado en 1933 huyó a los Estados Unidos.

2 (1901-1973). Presidente de Cuba de 1940 –19 44. El 1º de marzo de 1952 mediante un golpe

de estado regresó al poder. Derrocado el 1 de enero de 1959, huyó a República Dominicana.

Murió en España.

3 Fue creado en 1940 por un grupo de intelectuales que se caracterizaron por la defensa de la cubanía. También editaron una revista del mismo nombre.

4 (1866-1936). Novelista, poeta y dramaturgo español,

5 Surgió al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Después de 1948 degeneró en un grupo

gangsteril.

6 Posteriormente al triunfo revolucionario se marchó de Cuba y se convirtió en jefe de la seguridad del presidente venezolano Carlos Andrés Pérez. Vive en la Florida.

7 Político perteneciente al Partido Auténtico.

8 Aparato represivo creado en el Gobierno de Batista.

9 Militar estrechamente ligado a Batista. El 1 de enero de 1959 huyó a la Florida.

10 Profesor universitario que conspiró contra la dictadura de Batista. Después del triunfo revolucionario fue embajador en Brasil. Murió en La Habana.

11 Organismo creado por Batista para sustituir al Congreso.

12 Destacado periodista cubano.

13 Periodista. Articulista. Dueño del diario Prensa Libre. Falleció en la Florida.

14 Periodista. Subdirector del diario Prensa Libre.

15 (1903- 1977). Presidente de Cuba de 1948 al 10 de marzo de 1952. Apareció muerto en su residencia en Miami.

16 (1926). Fundador del primer Estado socialista en el Hemisferio Occidental.

17 Principal campamento militar del ejército en Santiago de Cuba, Oriente,

18 (1921). Director del periódico Revolución hasta 1963. Al ser sustituido, hombre profundamente resentido, traicionó el proceso revolucionario.

19 (1929).Escritor cubano nacionalizado británico. Durante varios años ejerció como consejero cultural en la embajada cubana en Bélgica. Al producirse su sustitución se convirtió en enemigo de la Revolución.

20 Creado 15 de junio de 1960. Estaba integrado por exiliados cubanos de diferentes organizaciones.

21 Nuevo nombre que le dieron las autoridades norteamericanas al Frente Revolucionario

Democrático días antes de la invasión de Girón.

22 Una de las zonas por donde se produjo el desembarco de tropas mercenarias el 17 de abril de 1961.

23 (1939 – 1997). Principal directivo de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) creada en 1981 con la finalidad de derrocar a la Revolución Cubana.

24 (1917-1963). Presidente de los Estados Unidos asesinado en Dallas,

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