Ayer me drogué

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Este es un excelente artículo escrito por joven miembro de la tribu bloguera cubana. El recientemente se creó un blog Tremendo Explote. En este crónica que queremos compartir con los lectores de La Joven Cuba, Claudio nos cuenta su experiencia de su adicción a las drogas.

Por Claudio Pelaez Sordo

Lo confieso. Anduve por varios puntos de La Habana y no encontré. A casi todos se les había acabado la mercancía. Estaba muy desesperado por consumir. No lo suelo hacer con frecuencia, pero cuando me entra esa ansiedad por probarla, sentir su aroma, saber si es tan fuerte como antes, salgo en busca de los puntos más baratos. Los revendedores siempre están acaparándola y queriéndole sacar lo que no vale. Pero claro, es oferta contra demanda. Y como no soy el único que la persigue, suele agotarse bastante rápido.

Siempre hay quien la lleva, pero ayer no pudo proveerme. Le ofrecí más de su multado precio y aún así mantuvo su sequía. Cuando eso sucede es que realmente no tiene. Contrario a lo que muchos piensan la mejor hora para venderla es por la mañana, todos confían en la claridad del día y cuando todos confían ese es el mejor momento para traficarla y consumirla.

El éxtasis que provoca me lleva lejos, hace mis sueños más terrenales, me muestra lo que en mi realidad no puedo ver. Su olor es el comienzo de un nuevo momento, siento las manos de quienes ya la han trabajado para quienes como yo, puedan consumirla.

Son muchas las manos las que han  hecho posible un producto que dicen es dañino. Hay quienes prefieren consumir la foránea porque insisten que es mejor. Esa la he consumido, sin embargo a mí me resulta tan sedante, depresiva, analgésica y anestésica como la que hacen los de aquí. Lo único que cambia es la envoltura y el precio. La foránea viene envuelta en un papel de muchos colores y es un poco más cara por ser muy pocos los lugares donde se encuentra. Además, no todos los consumidores comparten esos puntos pues sería muy peligroso para los expendedores. Por ello prefiero consumir la que se fabrica aquí que aunque fea en su envoltura, produce el mismo efecto que la otra. Incluso, en ocasiones ha llegado a ser más fuerte que la de afuera.

Hemos, sin dudas, alcanzado un nivel elevado en su calidad. No tanto así en su cantidad. Aunque en Cuba decimos que aquí todo es por cantidad y no por calidad, esta droga siempre ha sido la misma cantidad y su calidad va en aumento. Es innegable. Solo basta consumir un octavo para sentir sus efectos.

Y ayer casi me voy en blanco. Después de recorrer todos los rincones, encontré a un amigo que estaba a punto de disiparla y tuvo el detalle de compartirla conmigo. Casi llego al nirvana inmerso en una alegría desmedida. No paraba de reír, me sentía superior a cualquier país subdesarrollado, incluso, desarrollado.

No hay mejor droga que la prensa cubana. Todos mis problemas se ven resueltos cada vez que la consumo. El mismísimo éxtasis, la misma sonrisa burlona no por lo que dicen, sino como lo dicen y por supuesto lo que no dicen. La droga que te hace ver lo que no consumes. Menos nociva que El Nuevo Herald, que El País, que la BBC, pero tan enajenante como para mantenernos risueños y pensando solo en la producción agrícola y en la paja del seno ajeno.

Bendita droga que ayer consumí. Maldito centro de rehabilitación llamado Telesur que ayer me hizo despertar y sacarme de la recaída.

 

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