La duda de la discordia

duda-discordiaPor: Osmany Sánchez

En Cuba se necesita mucho debate, participación en los procesos que se están desarrollando y que todos contribuyan desde donde estén. Esta no es tarea solo de intelectuales o economistas, aunque a veces algunos piensen que sí. A mi juicio lo que a veces nos falta es enfocar ese debate, creo que no está mal debatir sobre nuestro futuro pero eso sólo es válido si también abordamos el presente.

El post de Alejandro sobre Espacio Laical saca a la luz un problema con el que tenemos que lidiar los que desde páginas personales estamos involucrados en este gran debate, pero de esto no voy a hablar porque ya lo hizo antes y muy bien Carlitos en su Post de la discordia. No sé quién reclamó a Alejandro hacer una aclaración de su post pero también yo lo considero innecesario.

La inquietud de Alejandro no estaba dirigida al texto del documento de Espacio Laical sino al por qué su cuenta de Twitter solo seguía a Yoani Sánchez y a Diario de Cuba. Se imponía una aclaración de Espacio Laical sobre el asunto, no eran Alejandro y su post el meollo de la cuestión pero de alguna manera (¿accidentalmente?) se desvió la atención.

Hablar del futuro y plantear un proyecto revolucionario es muy bueno -ya lo dije al inicio- e incluso más fácil pues para hacerlo solo tienes que sentarte y pensar en cómo te gustaría que fueran las cosas. Hablar del futuro tiene el valor agregado de que siempre elogiarán tu trabajo, pues a todos les gusta ver un escenario en que la mayoría de sus problemas estén resueltos o al menos en vía de solución.

Lo difícil es hablar del presente pues para hacerlo hay que abordar las cosas en su contexto, corriendo el riesgo de que digan que utilizas un lenguaje manido, que estás desfasado o que simplemente estás “dando muela”. ¿Cómo hablar de democracia, libertad de expresión, o cualquier otro tema sin tener en cuenta que contra Cuba se destinan millones de dólares para desestabilizar al país? Cualquier solución tiene que estar basada en esa realidad.

Cada paso que se dé en Cuba debe tener en cuenta que tendrá una respuesta inmediata de sus enemigos. No habían pasado 72 horas desde que se anunció la apertura del trabajo por cuenta propia y ya desde Washington se anunciaba una partida millonaria para aprovechar este espacio con personas afines a sus intereses. En el plano político las acciones no son menos agresivas. Ignorar esto y escribir documentos como si fuéramos un país “normal” no me parece serio, es más, resulta sospechoso el marco de ingenuidad que plantea el Laboratorio Casa Cuba cuando estoy convencido que sus creadores son cualquier cosa menos ingenuos.

A Alejandro lo criticaron de ambos lados. Unos porque lo acusan de no respetar el derecho a la libertad de expresión. Otros porque consideran que así no se puede evolucionar y revolucionar. Los primeros no me preocupan porque sus críticas siempre estarán dirigidas a sabotear el proyecto político cubano. Los que me preocupan son los segundos, que creen que a estas alturas del juego podemos darnos el lujo de jugar a la “democracia” occidental y olvidan que a Cuba se le aplican reglas distintas al resto de los países.

En política la ingenuidad se paga cara y esa es una realidad que muchos pasan por alto. No me voy a detener –aunque estoy tentado a hacerlo- a dar mi opinión sobre el documento de Espacio Laical. Aunque no esté de acuerdo con muchas cosas, respeto su derecho a expresar y pensar en el futuro de Cuba así como el esfuerzo empleado en ello. Espero que tanto ellos como sus seguidores respeten también el derecho de personas como Alejandro a expresar las suyas.

En cualquier caso sí me queda una duda que me gustaría respondieran, la misma duda que motivó esta polémica: ¿Por qué solo seguían en Twitter a Yoani Sánchez y a Diario de Cuba? Cualquier aclaración debe empezar por ahí.