Los que son

los que sonPor: Jorge Morales

Siempre que converso con miembros de la izquierda latinoamericana, quedo impresionado por la cantidad de elementos que mencionan respecto a nuestra realidad, que nosotros vivimos y ellos quisieran para sus países. Me impresiona su manera de abordar nuestros problemas pero siempre subrayando nuestra soberanía y libre albedrío. Estos amigos ven en la esencia de la Revolución Cubana un punto medular para el desarrollo de nuestros pueblos.

Me alegra mucho que amigos de otros lares sean capaces de tener semejante claridad respecto a nuestro país y me preocupa mucho que, conversando con algunos dirigentes políticos (laborales y estudiantiles) estos no sean capaces de elaborar un discurso propio sobre la realidad que los rodea. En los distintos trabajos en los que he laborado muchas personas rehúyen de los cargos políticos en una muestra de apatía política total.

Tengo un amigo que hace un tiempo ingresó al partido, le pregunto qué le motivó a ser miembro y me cuenta que le hicieron una especie de encerrona porque su núcleo tenía que crecer con jóvenes y si decía que no podía “meterse en candela”. Parece ser que no todos los que están son y estoy seguro de que no todos los que son están. Existen muchos revolucionarios sin carnet. Mi amigo no podía decir que no porque creían él y algunos compañeros suyos, que decir que no a semejante proceso era renunciar de por vida a una posibilidad de futuros viaje laborales. Percepción que puede ser gravísima para una organización tan fundamental para el futuro de nuestro país.

Tengo otro amigo que labora en una empresa en perfeccionamiento muy preocupado por el movimiento sindical, con el que no tiene identificación alguna, al punto de que le parece más cercano a la administración que a la organización. El sindicato se afana demasiado en su funcionamiento interno de reuniones y cuotas mensuales y descuida en ocasiones su razón de ser. Por supuesto que no se comporta de la misma manera en todos los lugares y depende mucho de las personas que estén al frente de esta organización en su empresa, pero evidentemente algo va mal ahí.

Un amigo muy revolucionario y de izquierda participó hace muchos años en una reunión nacional de una organización juvenil, donde quedó muy disgustado por la desinformación que sobre la realidad cubana y mundial tenían muchos de los participantes. Me comentaba que incluso algunos habían ido (lo manifestaban claramente) a comer, divertirse y ligar. Estas necesidades humanas en si no son malas pero ir en representación del estudiantado cubano a solo pensar en esto, duele, pero duele mucho. El resultado puede ser trágico y simbólicamente peligroso, mi amigo al final se alejó de la dirección de la organización y se convirtió en un escéptico de la misma. Perdimos ahí a un revolucionario que aunque no ha dejado nunca de serlo ya no contribuye como podría hacerlo. ¿Cuánta gente buena habremos perdido por las mismas razones?

Una amiga de mi hermano es la secretaria del partido en su trabajo, es muy buena con los temas organizativos y la documentación pero no tiene ni idea respecto a temas políticos. Ella misma me contaba que veía el noticiero nacional o el periódico cuando tenía que presentar algún informe en su núcleo, o para saber el clima, pero nada más. Este caso es preocupante pero lo que más me intriga es la actitud de sus compañeros, ¿no habrá alguien más capacitado? ¿Acaso la militancia no implica la necesidad de informarse y participar activamente en nuestra realidad?

Debemos buscar que en nuestras organizaciones sus miembros sean proactivos con la realidad, donde no impere el verticalismo sino que se generen debates e ideas desde bien abajo (Raúl lo ha dejado bien claro). Hay que quitar esa máscara que muchos han utilizado para estar en determinados centros o posiciones, se debe lograr que la militancia política no sea vinculante a cargos ni a centros de trabajo. Los que no son verdaderamente revolucionarios medran a costa del trabajo del resto y esto solo provoca desaliento en las personas.

Que tenga nuestro pueblo tantos elementos como los que tiene la izquierda latinoamericana para apoyarnos. Saber qué tenemos de bueno y reconocer con franqueza lo malo. Y con las organizaciones es simple: que solo estén los que son y que todos los que son quieran estar.