Democracia en la Práctica.

Por: Harold Cárdenas Lema

Hace más de un año en Santiago de Cuba ocurrió algo significativo, el pueblo reclamó la revocación de una medida que incrementaba el costo del pasaje en la ciudad en un 100%, era más que un acto de reclamo popular relativa al transporte. Fue una lección de democracia.

Si en la capital del país radica el cerebro y la toma de decisiones, en Santiago de Cuba está el corazón de un pueblo que se enorgullece al decirse unos a otros en la calle, como señal de solidaridad y aprecio: que “todos somos cubanos”. Fue aquí que algún indolente con transporte seguro intentó elevar el precio del transporte, una medida que evidentemente, subestimaba el carácter revolucionario de los santiagueros.

En un ejercicio de democracia revolucionaria a la más vieja usanza, un grupo de militantes del partido fue a pedirle explicaciones a las autoridades de la ciudad. Un amigo me lo describía genialmente cuando recordaba que: “No fue un acto de súbditos pidiéndole algo al monarca, sino al revés, fueron los monarcas pidiéndole explicaciones sobre lo que estaba pasando a nuestros servidores públicos: el partido y el gobierno”.

Al inicio se trató de justificar la medida con una legislación mediante la cual el Ministerio del Transporte autorizaba la oferta y demanda, la explicación resultaba simplista y hasta risible porque la interpretación que sobre oferta y demanda tenemos los cubanos es hija de la más pura ignorancia. Tantos años de propaganda política han convertido los mecanismos del capitalismo en clichés que cuando tocan a nuestras puertas se nos confunden y hasta llegamos a creer que “no son tan malos”.

Ni siquiera el capitalismo más salvaje deja al libre albedrío la dinámica que existe en todo país entre oferta y demanda, esta siempre es controlada y potenciada con intencionalidad, curiosa ingenuidad o maldad profunda del que pretendió que la nueva legislación relativa al transporte estuviera ajena al control por parte del Estado. Como si viviéramos en un país neoliberal, pero además, ignorando y violando los logros que había logrado la FEU para proteger la economía de sus estudiantes universitarios que se veían ahora obligados a pagar una mayor cuota por su pasaje.

Al final se logró detener lo que evidentemente era una acción impulsada por un sector de la sociedad santiaguera (los transportistas) que no tenía en cuenta que estaban perjudicando a mucha gente. Sucede que en Cuba el transporte es un servicio que es público, social, y debe mantenerse con garantías para la sociedad. Un servicio público que de no hacerse de manera responsable sencillamente puede prescindir de los que lo realizan y sustituirlos por otros, tanto a los transportistas como a los que toman las decisiones relativas al sector. Los santiagueros no han olvidado que el poder es del pueblo, y están dispuestos a recordárselo a quien sea necesario. No se cómo se habrá comportado esta legislación en el resto de las provincias del país.

La democracia siempre ha tenido poca suerte desde su surgimiento, solo pudo existir durante 140 años en Grecia, tuvo que esperar dos mil años para ser retomada durante la Revolución Francesa cuando fue ahogada en un baño de sangre y tuvieron que pasar 150 años luego de la muerte de Robespierre para que se volviera a hablar de ella.

Cuba ha luchado demasiado por tratar de socializar el poder lo más posible, y aunque aún nos quede mucho camino por recorrer en este sentido, no será algo a lo que renunciemos sin presentar pelea. En el futuro cercano nadie se atreverá a tomar decisiones de este tipo al margen del interés popular, y de hacerlo, chocará nuevamente con la voluntad de sus ciudadanos. Esta ciudad de Oriente demostró que sigue siendo cuna de la Revolución hoy en día, Santiago sigue siendo Santiago. Allí aprendí que no se trata de que el pueblo tome el poder, sino que lo practique cotidianamente.

Anuncios