El ejercicio de la crítica.

Para ser revolucionario hay que tener criterios propios. Tener criterios propios no puede ser visto como un defecto, tiene que ser considerado como una de las mayores virtudes.

(Lo dijo alguien en algún lugar o le leí en algún libro,  que ahora no recuerdo)

 

Por: Roberto G. Peralo

 

 

 

 

Algunas personas me han aconsejado que deje a un lado esa manía de criticar los procesos económicos – políticos – sociales que no cumplen mis expectativas. Creo que sus intenciones son las de evitar que me “meta en problemas”. Raúl en una de sus comparecencias le pidió a los revolucionarios que nos buscáramos problemas enfrentando lo mal hecho. Para esto conozco dos vías: una es implicándome en la solución del problema y la otra es denunciarlo en el momento oportuno y a la persona indicada.

Por lo que decir lo que pienso sobre un fenómeno, dar mi criterio ya sea positivo o negativo sobre nuestra realidad social tan compleja, se convierte en una necesidad y en un deber ciudadano pero, hay que saberlo hacer bien.

 

Según los diccionarios, por crítica se entiende el “examen y juicio acerca de algo” o “el juicio sobre el valor de las cosas, fundado en los principios de la ciencia o en las reglas del arte”. La raíz etimológica de la crítica (del griego κριτικός) significa “capaz de discernir”, esto supone que al criticar hacemos una valoración distinguiendo lo que es “bueno” y lo que no, separando los elementos, atendiendo a un criterio personal. También puede entenderse como un modo de ejercer ciudadanía, con la posibilidad de intervención pública, pero su método varía según cada punto de vista.

 

La crítica simplista sobre las acciones del hombre llega a ser muy fácil. Decir que algo está mal, sólo es pasar por encima de cualquier obra humana y emitir, sobre ese punto, algún irresponsable juicio discerniendo desde los inocultables y evidentes errores que siempre estarán presentes, creyéndose tener el poder de la implacable verdad que atribuye el denunciarlos. Me es fácil identificarlo porque lamentablemente lo he practicado.

 

El ejercicio de la crítica, debe de ser una actividad autónoma, un ejercicio del pensar del individuo, estar puesta siempre al servicio del cambio revolucionario, de la persona y la sociedad. Esto llevado a escala social debe de fomentar un debate enriquecedor entre diferentes posiciones y puntos de vistas, generando contradicciones naturales.

 

La base de un verdadero ejercicio de la crítica es plantearse sobre lo que yo haría si fuera el autor de la actividad, mostrando los puntos coincidentes y los antagónicos, dejando bien explícitos la raíz y motivos de estos. Teniendo como máxima la ética y la responsabilidad.

 

No me considero un crítico imparcial y objetivo. Mis opiniones son resultado de mi percepción de la realidad que tiene como base mis conocimientos y experiencia vivida, mis ideales y valores, mis sentimientos y pasiones. No son tiempos para dejar que otros decidan nuestro futuro por lo que el debate real entre los revolucionarios es una necesidad urgente. La crítica no puede considerarse un asunto de una élite política o un asunto académico, se trata de una necesidad vital, sin el cual no se puede construir el socialismo.

 

 

Hoy constituye una barrera para poder ejercer la crítica el pensamiento dogmático. Que ha demostrado ser capaz de sobrevivir a diferentes épocas y volverse importante como medio de control social, permitiéndole a un grupo de personas, poseer todas las preguntas permitidas y todas las respuestas irrefutables. Convirtiéndose en jueces y verdugos de cualquier pensamiento revolucionario. En nuestra sociedad aún existen personas que utilizan como herramienta para combatir una opinión, la humillación pública y las amenazas desde su posición de poder.

 

 

A estos dogmáticos las palabras de Raúl expresadas el 4 de abril del 2010  en la clausura del IX Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas “Fomentar la discusión franca y no ver en la discrepancia un problema, sino la fuente de las mejores soluciones. La unanimidad absoluta generalmente es ficticia y por tanto dañina. La contradicción, cuando no es antagónica como es nuestro caso, es motor del desarrollo. Debemos suprimir, con toda intencionalidad, cuanto alimente la simulación y el oportunismo. Aprender a colegiar las opiniones, estimular la unidad y fortalecer la dirección colectiva, son rasgos que deben caracterizar a los futuros dirigentes de la Revolución.”

 

 

Para salir adelante y proveer salidas socialistas al presente, será vital que cada vez más cubanos conozcan a fondo nuestras realidades y opciones, y participen en el planteo de los problemas principales y en las decisiones para enfrentarlo; convirtiendo el ejercicio de la crítica en un proceso enriquecedor que debe de asumirse como un deber ciudadano para que los pueblos se conviertan en verdaderos protagonistas de su destino. Tengo conciencia de lo difícil que resulta el entorno actual. La realidad cubana es muy compleja y nuestros políticos y dirigentes tienen un gran reto por delante, en el cambio de mentalidad, pero me siento optimista.