Debate en Cuba

Por: Harold Cárdenas Lema

Cuba necesita muchas cosas, entre ellas se encuentra el debate, pero este presenta diversas dificultades a las que me referiré lo más brevemente posible. Lo más importante es comprender que no necesitamos espacios de debate en sí mismos, sino espacios de construcción colectiva y socialización de las decisiones. El debate debe ser entendido como un medio y no como un fin en sí mismo.

Por supuesto, existen espacios que son propositivos y otros que solo son de “liberación y juicio” (como dice un amigo), estos últimos son los más comunes últimamente, síntoma de que estamos más empeñados en aprovechar el marco político reciente que promueve el debate que en la propia solución de nuestros problemas. Perfectamente podemos encontrar a un individuo participando en un debate público durante el día y en cambio faltando injustificadamente a una reunión cederista, un espacio propositivo por excelencia para expresar y materializar ideas.

Los espacios existentes también deben ser reales y no formales. Somos tremendamente eficaces en fabricar lugares artificiales y carentes de sustancia donde rara vez se logra algo. También tenemos una capacidad única para deformar los que ya están creados y subordinarlos a intereses o intenciones predeterminadas. Las recetas de cómo debe ser un espacio son dañinas, por lo general lo que logran es destruir el propio debate que allí se realiza y termina por convertirlos en cadáveres irrecuperables.

Cuba necesita una cultura política que aún no tiene, que pugna día a día en la pugna silenciosa que está teniendo lugar entre capitalismo y socialismo ante nuestras propias narices. Una cultura que debe estar unida a una práctica cotidiana de ejercicio del poder popular, de socialización de las ideas y la toma de decisiones. Tenemos que formar una conciencia ciudadana que promueva el socialismo como única solución ante los problemas actuales del hombre, tenemos que enseñar a pensar, una deuda que tenemos con Félix Varela y que aun después de 50 años de Revolución y un elevado nivel de instrucción, sigue siendo una deuda pendiente.

Los espacios de debate resultan por lo general explosivos, incendiarios, momentos de catarsis. Y durante 10 o 15 minutos nos sentimos libres y exorcizados de nuestras propias inquietudes, pero ¿y el resto del tiempo? Las asambleas se han convertido en oportunidades para la catarsis cuando debieran ser de construcción, los cubanos tenemos mucho que aprender en ese sentido y no sabemos que hay pueblos latinoamericanos que nos aventajan en ese sentido. Rara vez nos escuchamos los unos a los otros, mucho menos admitimos las ideas distintas a las nuestras. En aprender a construir juntos nos jugamos también el futuro de este país.

Termino haciendo referencia a la persona que se levantó en un espacio de reflexión pública y manifestó que él creía que si decía la mitad de lo que había oído allí terminaría preso, no podía disimular su asombro al escuchar a los jóvenes criticar políticas del Estado o mencionar los desafíos que aún tiene el país por delante. Esta persona tenía miedo, pero no de la Revolución o de que sus propias ideas pudieran buscarle un problema. Tenía miedo de los que en nombre de la Revolución se apropian de los conceptos, se hacen dueños de la verdad y ejercen el poder según su propia interpretación.

Esa es la parte de la Revolución que no es precisamente revolución sino todo lo contrario, que provoca que un revolucionario a veces se mida bastante en un escenario público para no ser víctima de la burocracia fiscalizadora de la verdad, esa es la parte que también provocó que se destruyeran proyectos socialistas en el pasado.

Los espacios de debate permiten construir de manera democrática un país mejor y más socialista. Y recalco la importancia de la democracia, que no es lo que escuché una vez a un dirigente decir, que era democrático porque escuchaba la opinión del pueblo antes de tomar una decisión. La democracia se trata de que sea el pueblo el que tome esa decisión. Eso es construir colectivamente, para eso existen los espacios de debate como medio inigualable de reflexión y juicio. Eso es lo que Cuba necesita.

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