Dolor por la muerte del Líder… y algo más.

Por: Raúl Felipe Sosa

Con la consternación rondando el alma por la muerte del Líder uno busca consuelo en las muestras de amor y consideración del pueblo que salen por los medios de comunicación.

Cubadebate es uno de los medios online que más me gusta sobre todo por sus características de rapidez en la noticia y de apego a la verdad. Allí encontré un artículo titulado “El corazón de Chávez late en los universitarios cubanos”, enseguida piqué para leerlo. Y cuál fue mi sorpresa al ver que los universitarios cubanos eran 4, dos de ellos altos dirigentes de la FEU y de la UJC en la Universidad de la Habana. Ya sé a donde pensaran algunos que quiero llegar, pero no. No creo que la entrevista o reportaje fuera impuesto, preparado o que no hubiera más jóvenes universitarios  que quisieran expresar su dolor por la pérdida del Líder. Precisamente mi sorpresa y hasta mi indignación, en estos momentos cuando el dolor aflora y los sentimientos quizás son más fuertes que en circunstancias normales, es porque creo que estos jóvenes no son la mejor representación para expresar los sentimientos de la juventud.

La Federación Estudiantil Universitaria nos debe mucho a los estudiantes actuales. Nos debe horas, días, años de trabajo en la base. Y no hablo de trabajo político-ideológico, ya que la mejor manera de inculcar ideas más que decir, es haciendo. Los dirigentes estudiantiles deben entender que para ser un dirigente legítimo no basta con ser elegido en elecciones donde los que votan por ti, probablemente no te conozcan, y una cruz al lado de tu nombre seguramente sea el resultado del azar que se desenvuelve en ese “juego” que en Cuba llamamos “pitear”. Para ser un dirigente primero hay que ser un líder, y el líder se construye en el trabajo cotidiano, en la visita a las facultades para conocer sus problemas. En la entrevista con los jóvenes para conocer sus inquietudes.

El líder se construye ganando batallas para los jóvenes, batallas que pueden tener objetivos pequeños, grandes, heroicos o no. Pero sobre todo batallas que demuestren su valentía, su sentido de la justicia, sus valores, sus ideas. Batallas que por lo menos intenten resolver o llamar al debate sobre los principales problemas en la Universidad o en el país, como son los escasos recursos online para los alumnos, la falta de equipos de cómputos en una facultad como de la Matemática y Computación (por poner un ejemplo donde estos recursos son imprescindibles), las lacerantes condiciones de la becas. Saber y hacer entender a los estudiantes que estos son problemas difíciles de resolver en las condiciones  actuales de nuestro país, pero que es importante tratarlos, debatirlos, porque crea una matriz de opinión, porque la discusión y la lucha por un objetivo justo, forma valores, hermana hombres y sobre todo hace frente indiscutible contra la creciente apatía que se hace presente en nuestra universidades.

Los verdaderos líderes no pueden ser ajenos a estos problemas y no pueden pretender que la organización de los Juegos Caribes es más importante que cada uno de estos. No se forma un líder en la retórica, esta puede confundirnos y engañarnos un momento pero no para siempre. No se forma un líder en los actos engalanados en el aula Magna cada fin de curso o cuando viene un personaje importante a la universidad. No se construye un líder, y sobre todo no se cree en un líder, cuando este se pasa el tiempo figurando. Entendemos que todos tenemos problemas, que la vida en Cuba es muy difícil y a veces no queda tiempo para hacer, ni pensar en otras cosas que no sean nuestros propios problemas personales, pero si aceptamos una responsabilidad y sobre todo hablamos por ella, nuestras acciones y nuestro intercambio con la base deben estar en consecuencia. De lo contrario, es preferible decir no, no puedo, no quiero. Preferir no hacer el papel que hacerlo mal y sentar un precedente que puede afectar a los que vienen después con intenciones de ser verdaderos líderes. Decir no, en ese caso, será un derecho moral, será un acto de valentía y de verdadera responsabilidad.

¿Cuántas veces hemos visto que un dirigente estudiantil llega a ser en el futuro un miembro del gobierno y cuantas veces no hemos visto la traición a nuestras ideas y la imagen que tenía el pueblo de ellos? No podemos pretender que ser dirigente de la FEU es un paso más en una carrera política. A la más fiel usanza de la politiquería capitalista. Sobre todo porque los destinos del pueblo, no deben estar sujetos a los intereses personales de nadie y mucho menos a sus añoranzas de grandeza y poder.

En estos difíciles instantes de nuestra historia, ante la pérdida del Líder, uno se siente un poco menos acompañado en la tarea de construir una sociedad mejor.  Se impone la reflexión sobre el futuro y sobre todo la certeza de que los jóvenes debemos labrarnos nuestro propio destino.

Hoy en día los problemas económicos parecen ocupar todas nuestras preocupaciones. Los lineamientos de la política económica son el objetivo de los esfuerzos del gobierno, de las organizaciones políticas  y de masas, incluso de los sindicatos. Sin embargo olvidamos una cosa: los valores que se han perdido, por la escases económica que ha vivido nuestro pueblo, no se recuperan con un eventual crecimiento de la economía.

La educación y los educadores son los que tiene la tarea de revertir esta situación. Se necesita pensar en nuestro sistema educativo, cuáles son sus principales problemas y deficiencias, se necesita ver a la educación de manera integral no solo como una forma de enseñar conocimientos sino además de inculcar valores. ¿Quién habla hoy en día de las condiciones de las escuelas, del salario de los maestros,  de la incapacidad de aquellos para erigirse en ejemplo ante sus alumnos? Se necesita una reforma educativa.

El acto de educar está presente no solo en las escuelas o universidades, sino en la familia, en el estado. Incluso los líderes cuando son legítimos, se convierten en educadores de sus seguidores. Se siguen actitudes, conductas, ideales. La mayoría de los jóvenes cubanos cuando necesitamos una guía ante una decisión que implica una actitud honesta o no, no tenemos donde buscar el ejemplo adecuado, no siquiera en la familia. La mayoría de nuestros paradigmas morales, están muy lejos en el tiempo y en el espacio.

Esta reflexión sobre la dirigencia estudiantil pretende formar parte de un debate sobre la política de cuadros, sobre cómo deben surgir los líderes y que debe ser lo que predomine la palabra o la acción. Cuál debe ser el equilibrio entre economía y valores.

 

Cuando los dirigentes de la FEU, de la juventud o de cualquier organización de política y de masas, se constituyan en ejemplo, entonces podrán pretender que su dolor, que sus palabras nos representan. Mientras yo tengo los míos propios.

Perdimos al Líder, pero nos quedan sus ideas.