El juicio de los cinco: ¿culpables o inocentes?

Por: Roberto G. Peralo

Es impactante cuando uno se tropieza por casualidad con textos como el que quiero compartir con ustedes. En mi caso me dio un volumen de información con el cual no contaba, además de permitirme llegar a la esencia sobre el caso de los cinco agentes de la seguridad del estado que se encuentran cumpliendo sanciones en cárceles de los EE.UU.

El texto parece formar parte de un grupo de cartas de René González que le enviara a su esposa Olga Salanueva para tenerla al tanto de los detalles del juicio, formando parte de un diario, (que yo sepa aun sin publicar) contando todos los pormenores de lo que allí ocurrió durante seis meses.

Por lo extenso del texto decidí para su mejor comprensión dividirlo en dos partes. Invito a los amigos lectores a asumir la posición del jurado y responderse la pregunta son: ¿culpables o inocentes? Y si fueran culpables ¿de qué?

Fragmentos del diario de René González sobre lo sucedido en el transcurso del juicio que se desarrollara en Miami.

A las 11:47 a.m. (del miércoles 30 de mayo del 2001) toca a Joaquín Méndez, representante legal de Fernando González, la titánica tarea de sacar de su sopor al jurado:

Damas y caballeros del jurado. Yo soy Joaquín Méndez, defensor publico, y represento a Fernando González, quien es identificado en la mayoría de los papeles como Rubén Campa.

Yo me he sentado aquí ahora por dos días, tal y como me he sentado aquí a través de casi todo el juicio y casi toda la presentación del caso del gobierno, y he estado oyendo a los fiscales en este último par de días, la señora Heck yendo una, y otra, y otra, y otra, y otra vez en esmerado detalle acerca de un gran número de cosas y mi cabeza se entumece, mis témpanos reverberan y es difícil mantenerse despierto y enfocado porque hay tanta información, tantas palabras brotando que es fácil concluir que deben tener relación con algo, que cada palabra debe de ser importante, pero si usted es capaz de dar un paso hacia atrás un minuto y es capaz de tomar aire y mirar desde atrás y piensa acerca de lo que hay realmente en disputa en este caso, ustedes verán que el noventa porciento de lo que nos ha dicho el gobierno, el noventa por ciento de las personas en el caso, el noventa por ciento de la evidencia y el testimonio que ellos han presentado no tiene nada que ver con lo que ustedes tienen realmente que decidir.

Tanto de lo que se ha dicho trata con cuestiones que no están sencillamente a discusión en este caso. Se nos ha estado dando ahora por dos días y por varias semanas durante el juicio información que nosotros simplemente no negamos, que no discutimos, que ustedes no tienen ni que decidir si creer o no. Nosotros estamos de acuerdo.

No es necesario ir una y otra vez para probar que Fernando González utilizó el nombre de Rubén Campa. Yo se lo dije a ustedes la primera vez que me paré aquí varios meses atrás. De hecho yo introduje documentos, sus documentos personales de identificación para probar que é1 no es Rubén Campa. No ha habido necesidad de ir una y otra vez para probar que él vivió con Many Viramontes, quien es Gerardo Hernández, por un periodo de tiempo y mostrar cincuenta fotografías de é1 botando basura. No ha habido necesidad de mostrar que esos disquetes y reportes escritos por alguien nombrado Oscar pertenecían a Fernando González. Nosotros no lo hemos negado.

Lo que el gobierno ha tratado de hacer es crear esa impresión de que ellos tienen tanta información, una tonelada de información, que alguna de ella requiere que ustedes condenen a estos hombres de lo que ellos han sido acusados; pero ustedes tienen que separar el trigo de la paja. Ustedes tienen que sentarse y pensar acerca de lo que es realmente importante en este caso y si el gobierno ha presentado alguna evidencia acerca de esos importantes asuntos, acerca de esos importantes asuntos que están realmente en disputa en este juicio.

Escuchar al gobierno poner tanta evidencia y hacer tales argumentos acerca de cosas que no están realmente en disputa me recuerda el viejo refrán cubano que habla acerca de quienes quieren tapar el sol con un dedo. Esto se relaciona con toda esta evidencia y esta información, todos estos documentos y fotografías que no tienen nada que ver con este caso, y el sol que yo quiero hacer brillar en este juicio, al que yo quiero que ustedes sean expuestos y disfruten y aprecien… .

No voy a caer en la tentación de transcribir todo el argumento de Joaquín, dando así la impresión de que escamoteo la misma ventaja a la fiscalía. Pero me pareció importante hacerlo con su introducción porque es una descripción exacta de lo enmarañado, nebuloso, confuso y oscuro del caso del gobierno. A partir de ahora daré a los argumentos de los abogados el mismo trato que al de la acusación, aún cuando no sería tan injusto si a la postre decidiera transcribirlos dada la brevedad, la manera sintética y la honestidad intelectual con que estos fueron a la esencia de las cosas, hablando al jurado con la claridad de quien se sabe dueño de la justicia.

Brevemente el abogado se refiere al contexto histórico en que se inserta este caso, tocando la historia de hostilidad y resentimiento hacia la Revolución sembrados aquí durante cuarenta años antes de recordar que este episodio, dado el marco temporal de la evidencia, es sólo un periodo breve en toda esa historia; no obstante, recuerda Joaquín, el jurado ha tenido oportunidad de catar algo del reto a través de testimonios como el de Basulto, donde afloraron referencias acerca de eventos como el de Bahía de Cochinos y sus proezas personales como la de cañonear un hotel en el año 62.

En este punto miro hacia al banco de la fiscalía y José Basulto ha hecho mutis escapando al acoso de Méndez. Luego me enteraría por Roberto de que una vez terminado el receso, coincidiendo ambos en la entrada de la sala, los fiscales le prohibieron el acceso para evitar que el abogado les restregara en cara, delante del jurado, su contubernio con este santurrón de la sagüesera sentado entre los representantes del gobierno y agentes del FBI.

Muy a tiempo. Joaquín se refiere a Basulto con pelos y señales: ¿Cuán torcida puede estar una persona para disparar un cañón contra un hotel? ¿Qué espera esa persona obtener de eso? ¿Matar indiscriminadamente? Cuando usted tiene un problema con un gobierno y dispara un cañón contra un hotel, ¿usted va a matar a los trabajadores allí, las mucamas, los jardineros? ¿Qué clase de odio hay en su coraz6n?(…)

Ahora Basulto -nos dice Joaquín- es un hombre distinto y pacífico. Es un lobo bajo una piel de oveja que quiere convertirse en un vehiculo para que estalle una guerra entre los Estados Unidos y Cuba a fin de recoger los pedazos. Pero esa guerra la tienen que pelear otros. Cuando hablaba de Martín Luther King y se comparaba con Martin Luther King, yo estaba en estado de choque. Todavía estoy en estado de choque, porque Martín Luther King fue un hombre de coraje, de visión, de convicción, un hombre que nunca corrió ante una pelea y no hacía que otros la pelearan por él (…) Eso es un hombre de honor y convicción y decir que Basulto, que estaba sentado allí y se fue…, que se compare con ese hombre…, es una afrenta» – dice el abogado mientras señala a la fila del gobierno. Y está realmente indignado.

Joaquín nos informa que se referí a al periodo moderno, es decir, la etapa que se ha ventilado en el juicio y acerca de la que se introdujo evidencia. Tras una introducción general sobre el tipo de actividades en que estaban envueltas entre los años 1993 al 1998, todas de tipo violento, el abogado se refiere a las organizaciones terroristas y sus violaciones del Acta de Neutralidad, antes de ser más especificas:

Alpha 66 y la amplia evidencia relativa a sus actividades, muchas de ellas encautadas a los defendidos por el FBI. No se esconden para anunciar sus actividades ilegales, se anuncian, su oficina está adornada con toda suerte de lemas guerreristas, y el personal con atuendo militar entra y sale libremente de ella. Lo mismo retan al gobierno de Cuba que al de los Estados Unidos; y la evidencia, tanto testimonial como documental, es demostrativa de sus actividades. Los para la policía, aduanas, el FBI, la ATF (Bureau of Alcohol, Tobacco and Firearms Oficina para el Alcohol, el Tabaco y las Armas de Fuego.) y ellos siguen en sus andanzas:

Cuando la señora Caroline Heck Miller, fiscal del caso dice que Alpha 66 no está siendo juzgada, yo estoy de acuerdo. Ese es el problema. Alpha 66 no está en juicio. Ellos nunca están en juicio. Ese ha sido el problema. Ellos salen con impunidad y amenazan con atacar al gobierno de Castro, instalaciones turísticas, plantas industriales, y lo hacen descarada y abiertamente y nadie los para.

Joaquín se refiere a las fotografías y evidencia que ha sido introducida en el juicio, donde se muestran medios de destrucción, armamentos, explosivos y otros artefactos en manos de estas personas; abundando en sus intenciones de llevar la guerra a Cuba, sin importarles si arrastran el resto de este país tras ellos. Es importante que alguien los mantenga bajo vigilancia, y si el FBI, aduanas o el ATF no tienen la voluntad o la habilidad de hacerlo, esa necesidad no puede ser ignorada.

Campos de entrenamiento. Ametralladoras. Gente que da miedo, armas que dan miedo: pero todos le pueden poner velas a Rodolfo Frómeta (…) ustedes no olvidarán a ese hombre con su boina y su barba. Claro que no vino vestido así, pero es así como viste cuando no está ante un jurado. Joaquín recorre en pocas palabras el testimonio de este individuo para recordar al panel que ahora es un pacifista: Ellos saben qué tiempo es. Están en una corte y lo niegan, pero sus hechos hablan mejor que sus palabras cuando está en un bote con ametralladoras y un mapa de Cuba que ahora nos dice es para no perderse y terminar allá ¿Quién puede creerlo? () Y se nos recuerda las veces que fue detenido sin consecuencias, trayendo a colación el testimonio de la evasiva Julie Torres: A menos que las armas sean automáticas ellos no han cometido ninguna violación y pueden seguir con sus vidas. No es mi problema -parafrasea Méndez a la oficial del ATF.

El abogado describe a Frómeta como un lunático que no se conforma con rifles y lanzagranadas, de manera que necesita comprar un lanzacohetes antiaéreo, explosivos C-4 y armas antitanque, asé que al FBI no le queda más remedio que arrestarlo: Al fin es acusado y él dice que se le ofrece un año de arresto domiciliario.

Y nos dice que mirándolo en retrospectiva debió haber aceptado el trato pero no estaba preparado para renunciar a su misión. Él nos dice que se le ofrece un año de arresto domiciliario por comprar esos misiles antiaéreos, armas antitanque y explosivos C-4. La gente mira eso con horror.

Personas alrededor del mundo en Cuba en particular miran esto y se preguntan qué está pasando en Miami, quién pondrá fin a esta locura que ha ocurrido por años, y años, y años, -dice, antes de recordar al panel el testimonio acerca de las fotografías que Gerardo y Fernando tomaran durante una misi6n de búsqueda del campamento de Comandos F-4.

Toca el turno a la historia del barco La Esperanza, detenido en Puerto Rico por la aduana cuando se dirigía a realizar un atentado en Isla Margarita a Fidel durante la Cumbre Iberoamericana. Muy brevemente se recorre el testimonio del agente Rocco, las armas a bordo del yate y la admisión por parte de uno de sus tripulantes respecto al propósito de su viaje a la isla venezolana. Una objeción es levantada cuando el abogado informa al jurado que los cuatro tripulantes fueron absueltos en Puerto Rico y la Jueza sostiene. Al parecer los fiscales no quieren ventilar en público cuán suave ha sido este sistema de justicia con el terrorismo anticastrista.

¿Qué más dice el señor Alfonso? No sólo dice que la misión de su vida es matar a Fidel. Él no será impedido de hacerlo, pero por supuesto tal y como muchos de estos hombres hacen una vez detenidos, é l también dice y se compara con Martín Luther King. Yo supongo que esto será algo que se les pega en la escuela de terrorismo o algo así, compararse con Martín Luther King al ser arrestado.

El próximo blanco es el PUND (Partido Unidad Nacional Democrática) y se recorre la evidencia acerca del grupo. Arrestos frustrados, el testimonio de la esquiva señorita Torres sobre la detención de un bote con cinco ametralladoras al norte de Cuba y la confesión por parte de uno de los tripulantes acerca de sus intenciones bélicas.

Orlando Bosch. Cuarenta años de terrorismo ya sea contra Cuba o contra cualquiera que le parezca colorado. Vinculado al asesinato de Letelier Joaquín presenta el curriculum vitae del individuo, de veinte páginas de extensión, sin adentrarse a discutirlo con el jurado para recordarles sólo de la participación del sujeto en el crimen de Barbados: ¿No somos nosotros afortunados?, -pregunta-. En 1991 y tras su arresto, porque no era ciudadano norteamericano, después de que sus solicitudes de asilo político son denegadas por treinta y un países, a Orlando Bosch se le admite bajo palabra en los Estados Unidos y vive en Miami, Florida. El hace sus mandados en nuestras tiendas, maneja alrededor de nuestras calles y sigue tramando actos violentos, actos terroristas contra Cuba, contra Castro, contra cualquiera quien considere amigo del régimen de Castro.

De Bosch pasamos a la ola de atentados terroristas contra los hoteles en Cuba -aquella misma que minimizara un experto en terrorismo que testificó por el gobierno- y se tocan los testimonios de

Percy Alvarado y Juan Gómez, involucrando al mismo Bosch, Luis Zúñiga Rey, Alfredo Otero y otros personajes vinculados a la Fundación Bombas en Tropicana, bombas en el memorial Ernesto Che Guevara, , bombas y misiles para asesinar indiscriminadamente: Tú puedes tener un misil guiado por calor, pero no existe un misil que busque comunistas. Cuando usted dispara esas armas lo mismo mata a un niño, que a un militar, que a un turista, que a un obrero.

Roberto Hernández Caballero y Felipe Carmona, quienes testificaron sobre las bombas en los hoteles: Meliá Cohíba, en abril del 97 por partida doble; los hoteles Nacional y Capri, el 12 de Julio de ese año; de nuevo el Meliá Cohíba el 4 de agosto, septiembre 4 y las bombas en los hoteles Tritón, Chateau Miramar y Copacabana, seguidos de otra detonación en la Bodeguita del Medio. Fabio di Celmo asesinado en la tercera explosión: No fue Fidel quién murió o Raúl Castro. Las personas que fueron heridas no eran oficiales del gobierno sino personas de a pie. Eso es lo que quiero decir, esas bombas no discriminan.

La presencia de este hombre en este país es una respuesta directa a esta situación. Fernando González, Rubén Campa, Camilo, Oscar, Vicky, están aquí porque no puede soportar la visión de lo que ha estado pasando en Cuba, la violencia contra su gente que ha estado ocurriendo por demasiado tiempo. Si nosotros pudiéramos siquiera imaginarnos lo que sería vivir y trabajar en una situación como esa, pudiéramos comenzar a comprender la ansiedad, el miedo y el deseo de hacer algo que personas como Fernando González albergan en sus corazones.

Y a esta altura del partido, 31 de agosto de 2001, te puedo decir que el jurado ni entendió, ni se imaginó, ni comprendió absolutamente nada, excepto cada una de las teorías, argumentos elucubraciones, tramas, sugerencias, propuestas y submisiones de la fiscalía. No estaba entre mis planes el adelantarme al veredicto hasta llegado el momento en este diario, pero la realidad es que todo el que ponga sus ojos sobre esta lectura ya lo hará sabiendo el resultado de las deliberaciones, si es que realmente hubo algunas. Después de todo ha sido ese veredicto y su naturaleza infame lo que ha hecho trascender este diario mucho más allá de lo que pensé aquel día en que comenzara a escribirte lo que creí sería, sencillamente, la carta más larga de mi vida. (El diario de René González fue iniciado con una carta a su esposa Olga Salanueva para tenerla al tanto de los detalles del juicio.)

Pero no he hecho este alto para entretenerme con el jurado y su capacidad de entendimiento sino para hacerte un pequeño comentario: Según escuché en la radio todo parece indicar que el Miami Herald ha anunciado una conferencia de prensa para esta mañana a las 10:30 a.m. El propósito del show es dar a conocer sobre dos nuevos arrestos vinculados a nuestro caso y para eso los señores Héctor Pesquera y Guy Lewis, jefe del FBI y fiscal federal de la saguesera, respectivamente, se adelantaron a la hora de cierre del periódico con su habitual sentido del espectáculo para asegurarse la concurrencia cuando asomen, frente a cámara y micrófonos, sus severos, bellos y carismáticos rostros. Son ahora las 9:45 a.m. y como comprenderás estoy temblando de miedo ante el acontecimiento que se avecina en otros cuarenta y cinco minutos. Y dicho esto continúo.

Hasta aquí una parte reveladora de lo sucedido en el juicio. Realmente uno no deja de indignarse viendo cómo un asesino confeso como Orlando Bosch, un terrorista sin nada que envidarle a los que ejecutaron los atentados del 11 de septiembre, tal parecen sus discípulos, vivió libremente en Miami, jactándose de sus crímenes. El delito que cometieron estos cinco jóvenes fue evitar y prevenir que se mancharan de sangre nuevamente las familias cubanas. Si esto era lo que estaban juzgando, entonces realmente los declaro culpables.