¿Desde cuándo se está cayendo La Habana?

Por: Javier Gómez Sánchez

La Habana se está cayendo. No hay dudas de que a pesar de los alentadores esfuerzos de restauración de las zonas más viejas de la ciudad acometidos por la Oficina del Historiador, una buena parte de La Habana sufre un penoso deterioro. Los barrios como Centro Habana y El Cerro, padecen con frecuencia derrumbes de alguno de sus edificios, en forma parcial o incluso total, con gran peligro para sus habitantes.

En la zona de El Vedado, grandes edificaciones de la década de 1950, envejecen aceleradamente por la proximidad del mar, la falta de mantenimiento, y el colapso de sus sistemas de plomería. Se ha llegado al extremo de cerrar algunos totalmente como el Hotel Capri, abierto en 1957 y cerrado a finales de los 90.

Mejor suerte ha corrido la torre de apartamentos Someillan, también construido en 1957 y reparado recientemente con una costosa inversión en una arriesgada apuesta inmobiliaria.

¿Pero desde cuando se está cayendo la Habana? o mejor preguntarse: ¿Por qué se está cayendo? Si se hace esta pregunta muchas personas mencionaran como culpable a la Revolución Cubana, proceso sociopolítico, con importantes implicaciones económicas, que se ha desarrollado en la Isla durante los últimos 54 años.

La convicción de esta respuesta es tal que lleva a personas extranjeras que nunca han puesto un pie en la ciudad a afirmarla empecinadamente. Más alarmante aun es cómo esta idea ha calado en la mente de muchos cubanos y habaneros tanto dentro como fuera de Cuba. ¿Cómo es posible que a una ciudad, fundada en 1519 y que cumple ya 493 años, se le puede atribuir su deterioro a una mínima porción de su existencia: 54 años?

Solo si se desconoce la historia de la ciudad.

El 16 de noviembre de 1519 se celebra la primera misa bajo una ceiba cercana a la bahía y se formaliza el cabildo de la villa. La ciudad era un caserío que apenas contaba con varias decenas de habitantes que fue creciendo a lo largo del siglo XVI, en la medida que la bahía era utilizada por barcos que iban o regresaban del continente. Las casas, inicialmente de madera, se construyen de piedra. Entre 1580 y 1630 se crea el Sistema de Flotas, que consistía en que los galeones que llevaban las riquezas extraídas del Nuevo Mundo se concentraran en un puerto para continuar viaje juntos hacia España con el objetivo de repeler los ataques de corsarios y piratas. El puerto elegido para la espera fue La Habana.

La ciudad comienza a tener no solo una población fija, si no una itinerante, que por la cantidad de barcos que se refugiaban en el puerto, llegó a ser casi del mismo número que la residente. La ciudad comienza a crecer en el eje de las Plazas de Armas, San Francisco y Nueva, actualmente conocida como Plaza Vieja. En 1674 se inicia la construcción de una muralla que protegería la ciudad de posibles ataques pero que encierra su trazado de calles en unos pocos kilómetros cuadrados, perímetro actualmente conocido La Habana Vieja.

Ya a mediados del siglo XVIII el espacio dentro de la muralla se encontraba saturado, existiendo un área de 140 hectáreas, mas de 1000 edificaciones. Era lo suficientemente pequeña como para recorrerla a pie fácilmente, si hubiese estado asfaltada. Sus principales calles eran Oficios, Mercaderes, Orreilly, Obispo, Muralla y Teniente Rey. Para ese entonces la ciudad tenía unos 70 mil habitantes.

Mientras la población más pobre se comienza asentar en la zona sur de la ciudad, conocida como Jesús María, la pujante sacarocracia, formada por un grupo de familias de nuevos ricos con ansias aristocráticas ,sale de las murallas y construye quintas de descanso en El Cerro y El Vedado. A principios del siglo XIX se expanden nuevos barrios, erigidos por las clases más ricas, que huyen del hacinamiento del interior de las murallas y se urbaniza la zona que hoy rodea el Parque de la Fraternidad y el Parque Central.

En 1863 es demolida la vieja y obsoleta muralla y se inicia la construcción en los solares de lo que sería el Barrio de Las Murallas, que se extendía desde el Paseo del Prado hasta las inmediaciones de El Vedado, creándose lo que hoy se conoce como Centro Habana. Al oeste, cerca de la desembocadura del rio Almendares se comienza a extender en 1859 el Barrio El Carmelo que en 1883 se une al de El Vedado, quedando el conjunto con ese nombre. El florecimiento de El Vedado arranca con mayor fuerza durante la década de 1920, conocida como Las Vacas Gordas, gracias al alza del precio del azúcar ocasionado por la Primera Guerra Mundial. Se construyen palacetes en las Avenidas Paseo y Presidentes, conocida como G. En esta década la ciudad choca con un nuevo límite, esta vez natural, el Rio Almendares, solucionado con un puente construido en 1921.

Comienza el crecimiento del barrio de Miramar, que a lo largo de la 5ta Avenida que se extiende durante la década de 1930, junto a las urbanizaciones de Kohnly, Almendares, Nicanor del Campo, Alturas de Miramar, y Belén hasta unirse con la zona de Marianao, que había tenido un desarrollo independiente.

En los 40 y 50 se construyen modernas edificaciones en El Vedado que comienzan conformar la silueta horizontal de la ciudad: El Focsa, el edificio N, el Naroca, el Someillan, el Retiro Odontológico, los hoteles Riviera, Capri y Habana Hilton, entre otros. Se edifican nuevos residenciales de clase alta cercanos a clubes playeros y campestres como el Biltmore, El Laguito, Cubanacan, Siboney, Atabey y Novia del Mediodía. Otros de clase media alta como Santos Suarez, La Víbora, El Casino Deportivo, y Fontanar.

Se extiende El Vedado, para crearse el Nuevo Vedado con residencias de arquitectura vanguardista que se adaptaban a las irregularidades del terreno cercano a la ribera del Rio Almendares. Durante toda la década del los 50, se multiplican en los planos los proyectos de segunda residencia, que si el comprador deseaba podía ser la primera. Bajo el eslogan Esta Cerca de Todas Partes se construye el reparto playero de Tarará, el único terminado de otros que se extenderían por la costa este a lo largo de la Autopista bautizada como la Vía Blanca: Riomar, Guanabo, Boca Ciega, Brisas del Mar, Santa María, Bacuranao y El Mégano.

Mientras esto ocurría durante los años 20, 30, 40 y 50, las zonas más antiguas de la ciudad, Centro Habana y Habana Vieja, iban perdiendo todo interés inmobiliario. En la Habana Vieja el tránsito de los grandes automóviles de la época se hacía casi imposible. Los antiguos palacetes y casas solariegas, con sus patios interiores, cocheras y aljibes, se convirtieron en cuarterías y solares, donde vivía una parte de la población más pobre de la ciudad, con servicios sanitarios muy precarios, los habitantes hacinados utilizaban pequeñas habitaciones, a veces sin puertas, que se fueron multiplicando con el tiempo. Casas del siglo XVIII fueron convertidas en albergue de decenas de familias.

En las zonas cercanas al Puerto, a la Terminal de Ferrocarriles, incluso al Paseo del Prado junto a los solares, abundaban los garitos y tarantines, y especialmente los prostíbulos que llegaron a hacer famosos a barrios enteros como los de Colon y Pajarito. Todo esto matizado con calles de una vida pintoresca y bohemia como Obispo. En la calle Orreilly, se mantenían algunas de las oficinas bancarias la hicieron ser bautizada como el Wall Street del Caribe, pero la ciudad moderna crecía muy lejos de allí, y los edificios eran cada vez más incómodos y poco funcionales.

Las iniciativas de modernizar la zona antigua, chocó con varios escollos, como el proyecto de principios de los 40 que uniría a través de una amplia avenida el Capitolio con el Puerto, que implicaría la demolición de varias edificaciones patrimoniales, lo que provocó la resistencia de numerosas personalidades de la época. Otros tuvieron mejor suerte como la demolición del Convento de Santo Domingo, acto considerado un crimen patrimonial, para instalar ahí un moderno edificio con helipuerto, destinado a la Gobernación Provincial. Salvo esta y otras excepciones el desarrollo de la ciudad se realizaba en otros espacios.

En Centro Habana, zona no tan antigua como la Habana Vieja, pero igual de devaluada, algunas calles mantenían una vida comercial como Neptuno, Galiano y San Rafael, donde grandes tiendas hacían acercarse a sus vidrieras a miles de compradores y mirones, pero en la nueva Avenida 23 , en El Vedado se iniciaba una moderna zona comercial, La Rampa.

Centro Habana había dejado de ser el espacio de diversión predilecto de la ciudad, y los Aires Libres del Prado, famosos en los años 30 y 40, perdían clientes frente a los night clubs, casinos y cabarets de El Vedado de los 50.

Continuará

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