Historia de un luchador por la libertad de Cuba

Por: Roberto Peralo
En los meses que estuve alejado de las redes sociales, en una tregua fecunda, volvió a ser noticia un triste personaje: Darsi Ferrer (el supuesto luchador por la democracia) llegó a los EEUU como refugiado político. Los medios de “información” lo muestran como una victima de la represión del régimen comunista que en el país de la libertad podrá sanar todas sus heridas provocadas por años de lucha contra “los Castros” y así comenzar una nueva vida.

Pero los medios de “información” tan comprometidos con la verdad han dejado pasar por alto algunas historias realmente espeluznantes, protagonizadas por tal individuo. Historias que sirven para evaluar los valores morales y de lo que es capaz la contrarrevolución cubana.
Nos cuenta Raúl Capote en su libro “Enemigo” que inmediatamente al salir la noticia de la enfermedad de Fidel, establecieron contacto con él desde Washington (como agente CIA que era) para pedir información sobre lo que estaba pasando.

Estaban esperanzados, creían en la posibilidad de que la muerte de Fidel significara el fin de la Revolución, vaticinaban sobre una posible lucha por el poder, soñaban con una rebelión militar o al menos una desobediencia manifiesta que les sirviera de pretexto. Estaban listos, afirmaron, para acudir de inmediato “en ayuda del pueblo cubano”. Pero los días pasaban y no sucedía nada, la contrarrevolución apenas asomaba tímidamente la cabeza.

Drew Blakeney le envió a Capote con suma urgencia una citación a su despacho en la SINA. Era 13 de agosto de 2006, se reunieron en un ambiente en el que reinaba la alegría, Drew estaba eufórico. Quería saber la opinión del agente Capote, sobre el estado anímico de las personas, qué criterios se vertían en la calle, cuál era el estado general y si la gente apoyaría a Raúl Castro o no. Estaba convencido de que podían generarse pugnas por el poder, le pidió que redactara una proclama a nombre del pueblo cubano, solicitando al gobierno de los EE.UU una ocupación militar del país, donde Capote la leería frente a las cámaras de las cadenas de noticias.

El agente de la Seguridad del Estado le pregunta a Drew ¿Por qué no le pides a la oposición que redacte la proclama?. Drew le responde. Como ves no han hecho nada, las horas pasan y ellos actúan con una apatía increíble. Esa gente no son líderes, ¿te imaginas este país gobernado por Martha Beatriz?, ella no tiene nivel ni preparación para eso, ¿quién otro, Vladimiro? ¿Oswaldo Payá? Ninguno reúne los requisitos para ese papel, nosotros necesitamos una persona preparada, con nivel y que sea incondicional, alguien no vinculado a la contrarrevolución, no contaminado con el mundo de la disidencia, alguien de fiar que a nombre del pueblo de Cuba solicite la intervención del Ejército Norteamericano para garantizar el tránsito sin caos, porque como sabes, esa es la única garantía de un cambio pacífico, hay que evitar la ingobernabilidad, evitar una crisis..Una gente de fiar, uno de los nuestros con agallas para asumir ese papel.

¿Y la gente de Miami? –pregunté- Ni Miami ni La Habana, los únicos que podemos garantizar la paz, la estabilidad y la gobernabilidad necesaria somos nosotros, pero tiene que nacer de los cubanos, tiene que ser un cubano quien solicite la ayuda del gobierno de los Estados Unidos. La primera medida de nuestro gobierno está dirigida a que los guardacostas eviten la salida hacia la isla de exiliados y la segunda a ubicar y a controlar a los principales líderes del exilio.

También Drew habló sobre los planes inmediatos y futuros, la ocupación militar durante tres años, a los tres años, en dependencia de la situación del país, el gobierno de los EE.UU decidiría si se creaba un gobierno provisional, designado por ellos, integrado por cubano-americanos, sin abandonar las tropas el territorio cubano. Una Comisión del gobierno creada en Washington se encargaría de la reestructuración económica del país, de redactar la nueva Constitución, de crear los nuevos cuerpos armados, de juzgar a los antiguos miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarías y el Ministerio del Interior, a los dirigentes revolucionarios, a los miembros del PCC y en general a los militantes revolucionarios todos.

Drew estaba feliz y optimista esa mañana de agosto. Sentado frente a Capote en la oficina analizaban los posibles escenarios para Cuba para los tres dirigentes que, hasta ahora, eran considerados los posibles herederos de Fidel: Raúl Castro, Carlos Lage y Ricardo Alarcón, explicó. También manejó la posibilidad sobre la eventualidad de que alguno de los generales quisiera actuar por su cuenta y hacerse del poder. Luego comentó sobre una sorpresa que tenían preparada. Le dice Drew a Capote ¿Qué crees de un levantamiento popular? Capote lo mira con mal disimulada burla. ¿Un levantamiento popular? ¿Dónde?

En Centro Habana, dice. Tenemos a una persona valiente dispuesta a inmolarse. No me hagas reír Drew, si en estos momentos alguien se lanza a esa aventura en Centro Habana lo linchan, no sé quién será el héroe dispuesto a inmolarse pero dudo que logre movilizar a alguien, nadie lo va a seguir y no creo que exista un loco tal. Pues mira que sí, dijo con convencimiento, existe y está dispuesto a inmolarse si es necesario.

– ¿Estás seguro de que la gente lo va a seguir?- Mira, no necesitamos que se alce Centro Habana, con un grupo que salga a manifestarse ya es suficiente, van a tener a los principales medios de prensa cubriendo la noticia. Después sale tu llamamiento a nuestro gobierno a nombre de los cubanos.

El levantamiento nunca se produjo, el heroico contrarrevolucionario, Darsi Ferrer, escogió un lugar apartado, poco frecuentado, a una hora en que el sitio estaba prácticamente desierto, gritó con timidez una consigna, lanzó un manojo de papeles y se fue. Dos ancianos que venían de comprar el periódico pensaron que se trataba de un loco. Bueno en realidad no estaban muy lejos de la realidad, una persona con sentido común no realizaría tales papelazos. Ya tiene su tan añorado y luchado premio: vivir en el país de la “libertad”. No dudo que pronto escucharemos noticias de él.