Dudosa moral

Esta es una historia real, los nombres han sido omitidos para no afectar a los implicados.

Por: Harold Cárdenas Lema

Hoy no pienso hacer un artículo extenso, apenas un breve comentario servirá para ilustrar algunas de nuestras ironías. Tengo una amiga que está pasada de los 50 años, una profesional respetada en su rama pero con un carácter muy jocoso y liberal. Ella es la protagonista de esta historia.

A inicios de los ochenta era una mujer muy hermosa, cuentan que cuando pasaba por los pasillos la seguía un silencio tremendo. Militaba en la UJC y nadie pudo dudar nunca de sus convicciones, aún hoy, es una revolucionaria que ha trabajado toda su vida para construir esta Revolución. Al terminar la militancia juvenil y hacerle el ingreso al Partido, ella no tenía conciencia de que con los comentarios que circulaban sobre su persona, difícilmente le permitirían ingresar, pero quedaban aún por explicar las razones que la limitaban a ello.

En una reunión informativa sobre los resultados de las investigaciones para el pase al Partido, se le comunica que no reunía los requisitos para ingresar, por relacionarse con personas de DUDOSA MORAL. ¿Quiénes eran las personas de “dudosa moral”? Algunas de sus amistades resultaban ser homosexuales, a quienes ella trataba sin reservas ni prejuicios. Pareciera que la historia acaba aquí pero lo mejor era un secreto a voces que conocía media ciudad.

Sucede que la chica además de codearse con personas de dudosa moral, era también la amante de un alto funcionario político, que al parecer si era de una moral intachable como para depositar las mayores responsabilidades en sus hombros, muy respetable y de familia, sobre él parecía no existir duda alguna. En los años ochenta se podía ser infiel y tener más de una amante (tal es el caso), pero estaba terminantemente prohibido ser homosexual, pues relaciones de ese tipo no cabían en la moralidad. Tampoco se podía ser amigo de personas así, pues pasabas inmediatamente a la categoría de “no confiable”.

Pero seamos justos en nuestras valoraciones sobre aquellos años, aunque las medidas institucionales de los años ochenta podían hacer eco y refrendar de alguna manera un criterio moral erróneo, no imponían la moral. Las valoraciones respecto al comportamiento correcto de los individuos tenían (y tienen) el apoyo de la sociedad de manera general.

Si analizamos los resultados del Congreso de Educación y Cultura de inicios de los años setenta, la conclusión inevitable será de que tenía un carácter homofóbico y perseguía la música en inglés y la religión, pero no se trataba de un plumazo gubernamental, allí estuvieron mil delegados de todo el país que proponían estas cosas, la sociedad cubana era así y las leyes solo aplicaban lo que la moral del cubano dictaba. En los años ochenta ocurría lo mismo, este caso que a mis ojos puede parecer un error garrafal (ni siquiera había nacido), era la expresión de la opinión pública de la época, que veía justificaba la infidelidad masculina y castigaba la femenina, en tiempos en que las féminas tenían cuotas menores de libertad.

Son las cosas que nos han ocurrido en nuestra historia, en una isla marcada por el concepto de Carpentier sobre lo real-maravilloso, que por muy “reales” que sean los acontecimientos, a veces no terminan de maravillarnos. Recuerdo que en Fresa y Chocolate un personaje le dice a otro que la Revolución “no entra por el culo”, un claro ejemplo homofóbico de la línea excesivamente puritana que ha caracterizado a más de un proceso revolucionario, eso le costó a mi amiga ingresar al PCC de esa época.

Ella se ríe de esa anécdota que ya alguien me había contado tiempo atrás, en sus ojos se ve la resignación de quien no necesita de un carnet para sentirse parte de la Revolución, pero muy en el fondo, debe existir el resentimiento y la desilusión de quien fuera marginada en otras épocas.

Mi amiga le llama a ese período “la enfermedad infantil del izquierdismo en Cuba”, parafraseando de forma un poco forzada a  Lenin, pero reconoce también lo mucho que ha cambiado la sociedad cubana y el propio Partido en los últimos años, que no es el mismo de la República ni el de veinte años atrás. Espero con ansias ingresar al PCC, no me gusta la crítica ácida y francotiradora del que ve muchos errores y brinda pocas respuestas, espero ingresar a la organización vanguardia de este país y desde allí impulsar los cambios que necesitamos.

Por si queda algún funcionario que aún no haya operado el cambio de mentalidad, ya he tomado dos medidas urgentes, primeramente no relacionarme con personas de “dudosa moral” (me haré de la vista gorda con algunos amigos) y en segundo lugar, alejarme de cualquier funcionaria atractiva que se pasee por ahí.

Si fueran los años 80 me gustaría ser un funcionario, parece ser que así podía permitirme algunas libertades sin que alguien me criticara (¿acaso no es esto un ejemplo de doble moral precisamente?) Por suerte el tiempo no pasa por gusto y el Partido actual es otro, dicen las malas lenguas que Esteban Lazo (posiblemente el dirigente partidista más popular en Matanzas) fue quien sancionó a este dirigente que más que doble, era portador de una triple moral (y amantes).

Sirva este artículo como pretexto para mostrar que con los tiempos, van cambiando las “dudas”. Se va despejando a más de un funcionario obtuso que años atrás gozaba de muchos privilegios y poca o ninguna crítica. En fin, me siento mucho más identificado con el PCC actual, que cada día se va pareciendo más al que necesitamos, también ahí nos estamos jugando el futuro de la Revolución.

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