Motivación

marcha de las antorchas
La motivación es uno de nuestros mayores desafíos en las universidades

Por: Jorge Luís Leyva Romero

(Estudiante en la Universidad de Ciencias Informáticas)

¿Por qué no estoy motivado?

  En más de una ocasión y como parte de mi labor en el secretariado del comité primario de mi facultad he tenido que participar en reuniones en las cuales los estudiantes al ver en mí, en ese instante, la representación directiva de la  UJC me disparan con el mismo argumento para explicar sus actitudes escapistas ante las responsabilidades:

 -“El problema es que no estoy motivado”

Estas sencillas palabras son, sin duda alguna, una de las más usadas en toda organización política a la que he pertenecido, con quizás una tendencia más marcada en unas que en otras, y no creo que de ella se libren organizaciones en las que, en un futuro, me veré involucrado.

Durante un tiempo mi postura fue radical, a todo el que me decía esa frase instantáneamente lo remitía a una búsqueda interior para que reflexionara el porqué de esta falta de identificación, convencido totalmente que la falta estaba del lado del atacante, debido a que él y todo su conjunto de base no se encargaban de darle una vida más placentera a su estancia en la organización.

Pero los días pasan y con ellos nuestro pensamiento va alcanzando gota a gota esos destellos de madurez, y un día sin darme cuenta en uno de mis análisis interiores esa parte de mí, rebelde y desconfiada, le estaba lanzando a mi convencionalismo la misma frase tan desafiante como peyorativa a la que me había  enfrentado antes. En ese momento me convencí de que debía darle a aquella sentencia una respuesta más acabada,  una que me lograra convencer a mí para después intentar convencer a los que en lo adelante me lo plantearan.

A grandes rasgos parece que la falta de identificación con una organización denota en primer lugar una pérdida de valores en los principios de esta y en segunda una necesidad casi obligatoria de sus miembros de pertenecer a ellas, pues sin dudas lo más sencillo sería salirse. Pero en nuestro caso quizás exista otro tipo de problemas y a mi entender es el siguiente:

En Cuba, actualmente con todo y los malestares que en un momento determinado puedan existir, la gran mayoría de nuestro  pueblo apoya incondicionalmente a la dirección del país y por supuesto nuestra juventud no es la excepción, pero después de más de 50 años nuestras organizaciones se ven afectadas por una dolencia con características similares al llamado síndrome del vencedor.

Cuando en 1959 triunfó La Revolución Cubana, aquellos jóvenes que una vez usaron todo su espíritu rebelde para  emprender manifestaciones contra los gobiernos de turno por los problemas sociales, debieron cambiar de trinchera, ahora su misión estaba en defender una obra y ayudar a construirla desde una posición diferente; por supuesto en este momento ya no haríamos actividades tan espontáneas y además necesitamos un mecanismo para que dichas organizaciones funcionaran de forma correcta a nivel nacional, y como mal aparentemente indestructible de toda organización humana.

En este momento  aparece la burocracia, elemento que es increíblemente más dañino que de costumbre cuando son los jóvenes las víctimas de ella. Por otro lado, nuestro apoyo  a la Revolución y nuestros lazos inquebrantables con ella han traído como consecuencia que toda decisión estatal sea asimilada como si hubiésemos sido confirmantes de ella, sin antes haber tenido la oportunidad de convertirla en nuestra.

No podemos ni siquiera soñar que una organización de nuestras características pueda hacerse del apoyo y la identificación de sus miembros si seguimos  mirando los problemas desde el punto de vista gubernamental. Nuestros miembros nunca podrán ver como suyos los problemas desde esa expectativa, las cosas que nos afectan las debemos ver desde la posición que ocupamos, somos la base de esta sociedad y debemos sacar de nuestro  interior ese revolucionario que todos tenemos  para guiarnos en  el camino de  construir un futuro mejor.

No podemos esperar a que los líderes indiscutibles de este pueblo nos hagan el llamado de forma más explícita, eso lo hacen siempre que nos piden que hagamos Revolución. Nuestra juventud necesita ser problemática, impetuosa y constructiva .Nuestras opiniones no se pueden quedar en papeles o bits que quizás nunca sean revisados por las personas que pueden hacer algo, esas personas deben sentir nuestro empuje para motivar en ellos cambios que quizás no ven necesarios, ya sea porque no están en contacto con los problemas o que su espíritu ha sido atacado por la enfermedad antes mencionada.

Seamos coherentes en nuestros actos pero nunca dejemos de hacer algo que veamos correcto por no buscarnos una discusión o un problema con alguien. ¿Qué dirían José Antonio o Mella si vieran la inercia con la que actuamos? ¿Acaso su muerte y su vida de lucha consagrada fueron para eso? ¿Acaso  nuestra arrogancia es tanta para creer que vivimos en un sistema perfecto el cual no necesita la explosión de su vanguardia estudiantil en función de mejorarlo?

Hoy ya no vivimos en la Cuba de los años sesenta. La identificación de los problemas y las propuestas de soluciones de los cubanos no afecta en nada las bases del sistema. Más bien lo fortalece y crea las bases para un futuro prometedor y lleno de logros. No creo ni remotamente que de aquí a cien años se hable solo de mi Patria por las cosas que hizo durante los años pasados hasta  el día de hoy, creo que para hablar de  esta nación en cien años hay que tener en cuenta lo que esta generación de jóvenes sea capaz de hacer.

Los  tiempos cambian y con ellos debemos cambiar nosotros; ese sin dudas es el mayor homenaje que le podríamos hacer a esas personas que murieron el 26 de julio, el 13 de marzo y en tantos otros momentos  de redención nacional; y ese sin dudas es el mayor regalo que podemos hacerles a aquellos que hoy aún viven y fueron parte de esa gloria.

Cuando logremos esto estoy más que convencido que en la cabeza de nadie estará el precepto de la motivación  como escusa a sus debilidades  en esos momentos nuestras organizaciones se verán rejuvenecidas y con ellas toda la Isla.

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