La confusión puede ser tan mala como el fraude

confusion sobre el fraude en cuba
“La mayor prueba de democracia no está en más información, sino en la confianza entre los revolucionarios”

Por: Jesús González López

(Respuesta al artículo El fraude: ese mal nuestro)

Las notas que he decidido sumar a modo de respuesta a este artículo no persiguen ganar en una discusión. El autor del mismo merece respeto, pero sus ideas requieren análisis. El artículo mezcla ejemplos de fraude, con ejemplos de incorrecto cumplimiento de funciones, posibles delitos y corrupción. Si bien en la base todos hay una degradación o falta de formación  ética,  no son la misma cosa.

Nos encontramos algo así, como una enumeración amorfa e incoherente de hechos tomados de la realidad, con la intención de satanizar el fraude y solicitar apertura de información para sepamos lo que pasa y nos pronunciemos. Democracia mal entendida, métodos pueriles, conceptos estratégicos omitidos, nada algo sí como una sopa de pollo con frutas para ser servida en el desayuno; a nada se le le coloca en su sitio, eso es tan peligroso como el fraude.

Los jóvenes tenemos que engrandecer la patria y para superar el punto hasta el que nos la están entregando hay que usar el arma que nos han puesto en las manos: la educación recibida, los conocimientos. Seguiré el método de escribir mis notas debajo de lo planteado en el artículo, las opiniones que he vertido sobre el autor no pretenden demeritarlo, deseo hacer que rectifique lo que yo considero que son conceptos erróneos.

El fraude: ese mal nuestro

El fraude es un fenómeno con muchas aristas y el punto principal de fondo en el mismo (y en otras actitudes negativas) es dónde está la solución, en ello generalmente las personas tienden dividir sus opiniones, unos a verla como totalmente institucional, por lo tanto algo que alguien tiene que resolver otros con mecanismos de un tipo u otro, por quienes les toca.

Otras personas tienden a apreciar como única alternativa posible la combatividad y el enfrentamiento revolucionario partiendo de la necesidad de que el compromiso con la revolución y los principios que se enarbolan no se queden en verbo o reflexión sino que se expresen en actitudes. Otros hacen una caldosa de ambas cosas que tiene mejor sabor cuando el autor está comprometido con la solución y se ve él como parte de la solución, pero la caldosa no sabe bien cuando el autor deja su combatividad tan lejana como la solución institucional, él es un simple juez/observador/cómplice. Yo prefiero la solución de la caldosa.

Ya en ese lejano año 2000, el Ministro de Educación Superior en ese entonces luchaba a brazo partido contra el fraude. Recuerdo que los directivos juveniles de la universidad en ese entonces eran los que recibían al ministro y arengaban más acerca del mal, me dolió ser testigo de dos de ellos cometiendo fraudes en su grupo, desde entonces me preocupó esa fachada que proyectaban y aún siento malestar al verlos.

La batalla contra el fraude ha tenido muchos capítulos en las universidades. Un punto esencial que no puede olvidarse es que logró ganarse esta batalla por la combatividad de los militantes de la UJC y los dirigentes juveniles, ganarla de este modo, si la combatividad es ejercida con verdaderos argumentos y con verdadera ejemplaridad, es a mi entender la mejor solución pero el momento actual no tiene las premisas necesarias para erradicarlo de este modo .

Combatividad no significa algarabía, Martí escribió en Patria el 18/6/1892: “Saludar no es bastante, ni contentarnos con ser algunos como somos. El deber del hombre virtuoso no está solo en el egoísmo de cultivar la virtud en sí, sino que falta a su deber el que descansa mientras la virtud no haya triunfado entre los hombres. No nos ha de importar que los revolucionarios seamos como se debe ser, ni el oficio del revolucionario de veras (…) está como el pavo real en verse los tornasoles de la cola del iris, y abanicar el viento proclamándose hermoso. El deber de un patriota que ve lo verdadero está en ayudar a sus compatriotas, sin soberbia y sin ira, a ver la verdad”.

Luego el 26 de se mismo mes y año escribió igualmente en Patria: “El bullicio no es la organización. El aparato no satisface a los hombres reales. Ganar un alma en la sombra, un alma que se purga y se vence, un alma que peca y se avergüenza, es más grato y más útil al país, que caracolear y levantar polvo. Los árboles crecen y no se les ve (…) Lo que importa es que todos los cubanos buenos, todos lo cubanos activos, se junten con libertad y sinceridad. No es racha lo que levantamos, sino ejército.”

Naturalmente es repudiable la falta en que incurren los dirigentes que el autor denuncia pero a mi entender se le escapó lo esencial: pierde de vista que el Ministro, Fernando Vecino Alegret, que era la máxima autoridad institucional y que por sus facultades podía determinar mil maneras de acabar con el fraude por una vía fácil (mayor número de baterías de exámenes, número de estudiantes y profesores por aula, etc)  estaba siguiendo el camino más engorroso, pero a su vez el más martiano y el más revolucionario, el que lleva a la verdadera solución.

La conclusión que yo hubiese sacado es que los jóvenes y menos jóvenes tenemos que llamarnos al combate, dejar la tontería y la fanfarria, que cuando elegimos a un joven para dirigente debemos buscar verdaderos valores. Esos jóvenes que merecen la crítica del autor no llegaron al descrédito de un paso, se fueron equivocando. No debieron llegar a estar frente a un Ministro ¿qué falló en su educación?¿cuántos fallaron además de ellos? Lo cubanos buenos debemos autocriticarnos por estas cosas, porque esos por los que el autor aún siente malestar también eran jóvenes ¿qué hizo el autor y sus compañeros para que superaran el error además de mirarlos con desprecio?

Que nos queda de este párrafo: la sospecha de que en muchos dirigentes de la FEU y la UJC en las universidades teníamos los corruptos de hoy a la vista de un Ministro y un observador futuro autor. No todos lo jóvenes cometían fraude aunque algunos seguro no quería ser dirigentes por no perturbar su comodidad. Los buenos tiene que ir posiciones, la virtud del conocimiento, de la inteligencia debe apreciarse como un deber hacia los demás, no como una posibilidad egoísta de vivir, el egoísmo es consustancial al capitalismo, la manifestación social de las leyes de Darwing.

En distintos momentos se ha empleado y se confía en algunos personajillos “probados políticamente” por encima de los técnicamente capacitados, aun cuando muchos de los “probados” solo se han puesto la máscara que han necesitado para seguir escalando y en el momento oportuno, cometer fraudes que van desde el tráfico de influencias hasta delitos económicos. Recientemente Raúl mencionó que para dirigir no se debía pertenecer al Partido sino tener capacidad, ojalá, para eliminar a muchos que fraudulentamente se visten de socialistas y son más capitalistas en actitud que George Soros.

 Es cierto que “En distintos momentos se ha empleado y se confía en algunos personajillos “probados políticamente” por encima de los técnicamente capacitados, aun cuando muchos de los “probados” solo se han puesto la máscara que han necesitado para seguir escalando y en el momento oportuno, cometer fraudes que van desde el tráfico de influencias hasta delitos económicos” pero esto no es solo, ni principalmente un fraude por engañoso que parezca.

 Hablando con un poquito de rigor y buscando las raíces, mas que un ejemplo de fraude yo veo un error, una violación de los principios que deben regir la política de cuadros. En primer lugar no se puede caer en aquello de los técnicamente calificados y los probados, un jefe revolucionario, como dijo el Ché tiene que ser un buen técnico y tiene que estar probado políticamente. Sin embargo ¿qué significa estar probado políticamente? Significa fidelidad y lealtad al menos, ser socialistas de verdad,  por tanto lo que ha sucedido no es una separación entre una clase de jefes y otras lo que sucede es que hemos escogido un mal método de formación de los mismos en muchas esferas de la sociedad.

La principal vía para corregir este error no es eliminar la condicionante de ser militante para dirigir, la principal decisión es hacer que los dirigentes transiten, que trabajen, que sean obreros y que asciendan a base de méritos reconocidos. Que prueben su sencillez y su combatividad en el trabajo no en las reuniones, antes de recibir responsabilidades importantes. Que rindan cuenta de sus acciones ante sus subordinados con lo cual su autoridad moral se engrandecería, ese debe ser el “consenso social”.

Tengo una compañera que es dirigente política en mi trabajo, es impresionante la habilidad que tiene para no informarse; ni noticiero, ni prensa, ni mesa redonda, ni nada… ella no sabe de nada ni le interesa. Sale en horario laboral  con el mayor orgullo del mundo a las reuniones (esto se hace con el daño en salario a la empresa) y no sabe nada de política, pero aun así ocupa un cargo de dirección en algo tan importante como el Partido, espero que la actualización y el cambio de mentalidad transformen esto, de lo contrario estaríamos hipotecando nuestro futuro.

Lamentable párrafo, espero que el autor le haya dicho antes, de frente lo que piensa a esta compañera de lo contrario tendrá que poner sus esperanzas en la falta información que ella muestra para que no le digan algunas palabras bien conocidas para los cubano, de lo contrario la pregunta que se cae de la mata es: ¿qué ha hecho nuestro juez/observador/cómplice?

 Naturalmente nadie desea que una persona así dirija en el nivel de base del partido, pero es evidente que el autor toma una posición poco transformadora.  Hay un asunto que por omitido, merece mención. No se menciona nada que ponga en tela de juicio el papel dirigente del partido, en este ejemplo de fraude que se nos presenta en esta dirigente de base, pero tampoco se aclara lo contrario. Según mi punto de vista el partido al que aspiramos, los que seamos o no militantes, es un partido que funcione bien, que sus militantes sean pocos o muchos sean buenos y sean auténticos, que el partido tenga eficacia en su labor política fundamental: señalar los errores, forjar la unidad, convocar, esclarecer, todo partiendo de su ejemplo.

No debe escapársenos de la vista que el partido también tiene problemas, no he visto ningún reporte de asamblea del partido a cualquier nivel donde lo primero no sea la autocrítica por sus defectos y basar todo análisis en los problemas. No tenemos un partido que se considera infalible. Sin embargo su existencia es indispensable y el deseo que sea mejor es deseable, este es un aspecto esencial cuya omisión en el contexto actual, donde la labor de sus militantes para superar el fraude es clave en el asunto, y que por el contrario sea puesto como un ejemplo negativo sin decir nada más, es para mí criticable, porque refleja confusión en un principio fundamental.

Considero importante que quede clara mi opinión: necesitamos el partido como garante de la soberanía y la justicia, como garante de la unidad y formador de revolucionarios, como fuerza de combate.  Este párrafo me recordó dos citas que pertenecen a un libro de Lenin:

 “…pero cambiar (…) el punto de vista que se tenga sobre el problema de si hace falta en general, siempre y absolutamente, la organización de combate y la agitación política entre las masas, es cosa que solo pueden hacer personas sin principio ”  

“La lucha interior da al partido fuerza y vitalidad; la prueba más grande de la debilidad de un partido es el amorfismo y la ausencia de fronteras bien delimitadas; el partido se fortalece depurándose”

Repetir citas viejas no obedece a la incapacidad de decirlas con nuestras palabras, significa en primer lugar reconocer que el movimiento socialista tiene su historia y tiene experiencia sacadas de esa historia, hay temas que ya son lecciones aprendidas. No es mi objetivo considerar al autor una persona sin principios, solo deseo expresar que la confusión que muestra obedece, además de su actitud contemplativa, a la falta de repasar un poco la historia revolucionaria. Hay errores que han costado vidas no debemos repetirlos.

Para mi la posición correcta es la combinación de ambas citas: necesitamos un partido, que sea fuerte por su democracia interna y la ejemplaridad, la evolución hacia ese partido que aspiramos está unida dialécticamente a la evolución positiva de nuestra sociedad y tenemos que luchar por eso, porque es una experiencia, es decir un principio fundamental. Esto es un aspecto vital en el combate contra los antivalores.

Un tema de tanta profundidad y alcance no debe abordarse, entre universitarios, con superficialidad.

El fraude no es un mal cubano solamente, es un mal mundial, donde hay organismos que luchan a brazo partido para la eliminación del mismo. Para combatir el fraude se debe lograr transparencia en la gestión, con los medios informáticos actuales se puede lograr que sean de conocimiento público los elementos de administración de la empresas estatales, la información estatal debe ser pública siempre que esto no contribuya a facilitar el bloqueo al país, y exceptuando el MININT y las FAR.

A nivel mundial los organismos lucharán a brazo partido pero la corrupción y el fraude están a la orden del día. De hecho el actual sistema de relaciones internacionales es una estafa mundial, el propio capitalismo es en sí un fraude, el principal factor corruptor al convertirlo todo en mercancía, incluida la ética y la moral ¿en qué planeta vive el autor? Por cierto el autor demuestra que desconoce que un sector amplio de empresas de nuestro país están subordinadas al GAE, o sea el grupo empresarial de las FAR, que probó sobradamente su capacidad en la dirección económica.

La información estatal nos pertenece a todos los ciudadanos cubanos, debemos tener la capacidad de medir la calidad de la gestión, detectar desvíos, conocer planes futuros etc., lo mismo en un ministerio que en una empresa o gobernación municipal. Que no solamente tenga la capacidad de auditar la Contralora de la República sino todos en el país y que no solo unos pocos conozcan los proyectos futuros.

El pobre análisis del tema y de sus causas trae naturalmente soluciones de igual calidad. Lo primero a observar es que la solución está en algo tan poco sustancial como la información y estoy de acuerdo en que puede ayudar pero no lo creo el centro del problema. En primer lugar las funciones empresariales y estatales deben separarse, las empresas deben ganar autonomía en la toma de decisiones “en un futuro cercano” ¿Por qué tendría una empresa que publicar su información, sus cuentas etc.? Y si las publicara para complacer a nuestro autor, ¿cómo no servirían para hacer juego al bloqueo?

Las empresas estatales, los trabajadores privados (que podrían llegar al 40% del PIB) tienen que garantizar una buena contabilidad, un adecuado ambiente de control y un estado financiero correcto sino el estado tiene que penalizar lo cerrar si es preciso, esa es una medida institucional real y no paternalista, los trabajadores y  los dirigentes de cada lugar tendrían entonces muchos elementos para combatir el fraude: la vergüenza, la moral, el compromiso con la patria y la pérdida de sus ingresos.  El estado sí debe rendir cuentas de sus recursos, debe dar información de sus cuentas pero donde corresponda, donde pueda ser evaluado, en el Parlamento.

Me veo en un futuro (espero que cercano) navegando en la red municipal y chequeando si en la otorgación de terrenos en mi ciudad, los mejores se le dieron a los directivos  de la provincia, y denunciando los hechos, porque esta transparencia informativa nos garantizará fortalecer el consenso nacional. Hay que eliminar una casta de burócratas que a medida que pasa el tiempo se hace más poderosa y se enquista en nuestra sociedad, ha ocurrido en otros modelos y amenaza con suceder en el nuestro, ya estamos avisados.

No perdamos la oportunidad que tenemos de hacer pública la información estatal, que se nos sumen todos los cubanos a auditar la gestión de nuestros representantes, porque no con largas condenas carcelarias se elimina el fraude, esto se logra participando todos en eliminarlo.

De esta forma perdería sentido el disfraz de los “probados”, porque su comportamiento sería público, se nos presentarían las personas como son y no por las máscaras que siguen proyectando para lograr mayores prebendas en el futuro, acabemos con el fraude en su sentido más amplio, el Socialismo y la sociedad cubana dependen de ello.

La mayor prueba de democracia que lleve a un “consenso nacional” no está solo en que haya más información, está en la confianza entre los revolucionarios, los que combatan arriba y abajo, en crear métodos que nos conduzcan a un adecuado control y sobre todo a un estado moral y ético que impida actitudes fraudulentas. Eso solo se logra con trabajo, con educación desde posiciones de principios, principios que deben estar claros, de lo contrario podremos matar a nuestros propios compañeros o destrozar la propia trinchera en la combatimos.