Matar al mensajero

¿Has visto a un funcionario recibir una crítica a su trabajo? La respuesta nunca puede ser matar al mensajero de las malas noticias
¿Has visto a un funcionario recibir una crítica a su trabajo? La respuesta suele ser matar al mensajero de las malas noticias.

Por: Harold Cárdenas Lema

El pasado jueves fui invitado a una de esas reuniones que los cubanos somos tan eficientes en programarnos. Allí vi un fenómeno común de estos espacios, un funcionario escuchando un tema de nuestra realidad bastante espinoso y como respuesta, optó por algo habitual: matar al mensajero.
Una muchacha pidió la palabra e hizo referencia a la nociva tendencia de “llevarle un regalito” al médico. A veces el sistema hospitalario nuestro (que es gratuito gracias a la Revolución y fuera mejor de no ser por el bloqueo) se vuelve insoportable debido a la burocracia y la indolencia de algunos. La muchacha había vivido numerosas dificultades contrastando su caso con otras ocasiones en las que un regalo cualquiera, mágicamente soluciona cualquier impedimento que pudiera surgir.
Creo que no estoy loco al desear un sistema médico ajeno a estas prácticas, que son una realidad objetiva muy peligrosa de ignorar. Cuando uno de los funcionarios que presidía la reunión escuchó a la muchacha, inmediatamente pidió el micrófono e intervino “para ayudar” el cauce del debate. Aplicó entonces la consabida técnica de atacar la mensajera de esa realidad incómoda, preguntándole cuál había sido su actitud y argumentando que era algo muy escaso. Tres cosas me quedaron claras: no podemos creer que el aceptar regalos sea una actitud de todos los médicos cubanos, lo mismo he ido al hospital con la manos vacías y me han atendido muy amablemente que he visto personas llegar con regalos y no tener que hacer cola alguna. Lo segundo es la actitud que debemos tener los que seamos testigos de estas prácticas, de no ser cómplices y en vez de “jugar según las reglas”, cambiarlas. Y por último, si el funcionario que atiende esta esfera en ese lugar no reconoce ese fenómeno como una realidad, difícilmente pueda ser erradicado.
Esta persona, epítome del apparatchik soviético, en vez de ser un revolucionario profesional (como decía Lenin) termina siendo un burócrata portador de consignas. Termina dando largas explicaciones y poniéndose a la defensiva con cada persona que hace alusión a una verdad incómoda, de esa forma, el jueves se mató a más de un mensajero.
Lo peor de todo fue el rostro de frustración de la muchacha al terminar la reunión, al finalizar su inquietud no fue abordada con objetividad, su postura crítica más que alabada fue atacada y debió marcharse muy descontenta. Me pregunto entonces:
¿Puede esa muchacha sentirse partícipe de esa organización y sentir que su opinión es importante?
¿La actitud de este funcionario es positiva o negativa para la Revolución?
¿Los que fuimos testigos de ese diálogo nos podemos sentir motivados a participar?
¿Esas actitudes están acordes a las posturas críticas a las que Raúl convocó?
¿Ignorando esa cuestión estamos resolviendo el problema?
¿Resulta ético atacar al mensajero de malas noticias?
Como estaba allí “colado” no pude intervenir ni replicarle al funcionario, ganas no faltaron pero no podía hacer quedar mal a los amigos que me habían invitado. Además, poco se saca de un debate con personas así, el cambio de mentalidad no es tan fácil como algunos creen, me parece que hay muchos funcionarios que nunca cambiarán, una lástima. Termino pidiendo disculpas por ser yo el mensajero de estas malas noticias, espero nadie me reclame al respecto, pero por lo que que he visto, no sería el primero en ser recriminado por cumplir el compromiso cívico de criticar lo mal hecho. Luego les cuento.