Cambiar la mentalidad: ¿tarea sencilla?

Por: Guayucayex en Twitter

Cambiar la mentalidad se ha convertido en la frase del momento. Políticos y filósofos, periodistas y economistas, dirigentes nacionales o de base la reiteran con sistematicidad, como reflejo de la unidad y cohesión que caracteriza a los cubanos, sobre todo al emprender tareas estratégicas. De ahí que reiterarla sea útil, siempre que no derive en cliché o simple consigna.

Mas, ¿qué significa esa expresión? ¿Cuáles son los cambios más urgentes? ¿Dónde están los límites? ¿Qué normas jurídicas deben sustentarlos? Estas y otras interrogantes ponen de relieve las complejidades de tal propósito.

Algunos creen que es un simple reciclaje de ideas, cuando en realidad se trata de profundas transformaciones. Representa ante todo, revalidar valores éticos inherentes a la Revolución; arraigar la decisión de vencer dificultades en cualquier circunstancia; apartar vicios que lastran el proyecto socialista. Es también, asumir juiciosamente el orden, la disciplina y la exigencia.

Otra percepción salta a la vista: como proceso que entrecruza innumerables factores económicos, sociales, políticos, ideológicos, psicológicos, morales, culturales, jurídicos, y hasta generacionales, ocurrirá de manera gradual y progresiva, y no con la premura que muchos claman, dadas las complejidades que entraña la subjetividad del hombre, lo cual tampoco significa sea para las calendas griegas.

Cambiar la mentalidad por tanto, deja de ser simple expresión semántica para convertirse en un imperativo en pos de mejorar la sociedad cubana. De ahí la urgencia de perfeccionar el proyecto socialista, teniendo como aspiración suprema el respeto a la dignidad plena del hombre, el humanismo, la solidaridad, el patriotismo, y otros pilares éticos, que en su conjunto propician la justicia social.

Para lograr tales aspiraciones se precisa interiorizar, en primera instancia, que el fortalecimiento de la economía constituye el soporte principal de nuestro sistema social, y por ende la garantía de la igualdad de derechos y oportunidades defendido durante más de medio siglo.

De igual forma, transformar la manera de pensar significa, fortalecer el respeto a la institucionalidad y en su efecto desterrar el compadreo, la tolerancia y la falta de exigencia entre los dirigentes, y de estos hacia sus subordinados.

Por otro lado, implica entender que los matanceros no vivimos desconectados del mundo, ni que escapamos a los efectos de las crisis económica, financiera, energética, alimentaria y ambiental que afectan al Planeta.

Todo fuese estéril palabrería si no fomentamos el deber de productores, la consagración al trabajo, el ahorro y el cuidado de los recursos; si decimos que dejamos de ser paternalistas, pero a su vez, no comprendemos la urgencia de suprimir gratuidades y subsidios excesivos.

El cambio de mentalidad pasa por no subestimar el peligro que entraña la concentración de la propiedad, y ser intransigentes hacia la indisciplina fiscal, la convivencia con la burocracia, la demagogia y el discurso retórico.

Avivar las ideas audaces que procuran el perfeccionamiento de la Revolución también es una buena manera de demostrar que estamos cambiando, la mismo tiempo que vigoricemos la democracia participativa y el derecho de todo ciudadano a expresarse en el lugar, el momento y de la forma adecuada.

Como nunca antes, se impone la actuación coherente de todos los factores que integran el Sistema Político Cubano bajo la dirección del PCC, consciente de que las premisas para lograr la continuidad del proceso revolucionario están en los Lineamientos aprobados por el VI Congreso y en los Objetivos emanados de la Primera Conferencia Nacional del Partido.